
Cada vez más profesionalizados, imprescindibles y hasta con un sindicato que los agrupa, los "trabajadores de la risa" dejaron de ser una curiosidad de la televisión para convertirse en un medio de vida para muchas personas
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El hombre, 32 años de edad y 14 como reidor, lo cuenta con total naturalidad pero se hace imposible oír ese relato como el de un trabajo más. "Para mantener la risa durante jornadas largas nosotros tenemos una técnica: no sacamos la carcajada de la garganta sino del diafragma. Sabemos cómo respirar o cómo medir el potencial de la risa porque si no, a las dos horas nos quedaríamos mudos", explica casi científicamente Leonel Acosta, actual director del coro de reidores de La Pelu , más conocido como la "clac".
Surgido de los teatros, pero arribado a la televisión de la mano de Tato Bores y Minguito, entre otros, este tipo de trabajo tan particular comenzó a masificarse y adquirir nuevas formas en los noventa, según cuenta Acosta. Mientras que hasta ese entonces los coros estaban formados por "las mismas personas de siempre", en esa década "se le abrió la posibilidad a una nueva camada de gente joven", describe el reidor.
A partir del 2000, con un sindicato consolidado y la inclusión en la bolsa de trabajo de los extras, los reidores siguieron creciendo y entraron en nuevos ámbitos. "A partir de esos años, se nos empezó a insertar no solo en programas cómicos sino en magazines u otros tipos de producciones", afirma Acosta, quien ha acompañado desde sketchs humorísticos como los de Videomatch o No hay dos sin tres hasta programas de espectáculos como Intrusos o emisiones deportivas como Misión Fútbol .
En los últimos años, según Acosta, se "eliminó" a todos los reidores que fueron pioneros en la televisión y comenzó a optarse por gente joven únicamente. Edgar Rodríguez, director de castings y planillero, explica el porqué: "La gente mayor ya no tiene la potencia que las productoras requieren. Hoy todo el tiempo quieren griterío, escándalo y que encima metan ‘bocadillos’. De esa forma una persona mayor se cansa más rápido."
<b> ABC del buen reidor </b>
Rodríguez aclara que no se trata solo de tener una potente carcajada: "En los castings también se prueban las risas en diferentes tonos y formas, porque las hay cortas, largas, tenues, desaforadas. Muchos quieren laburar de esto pero no es fácil", advierte. Una característica que apunta, por su parte, Acosta es la rapidez para "agarrar" los chistes: "También por eso hoy se busca siempre gente joven. Hay cosas que quizás los mayores no comprenden".
Otra de las cualidades que debe tener un buen reidor es el de la regularidad en la voz. "Aunque se grabe una y otra vez la escena, nosotros nos tenemos que reír siempre. Por eso hay que saber mantener la potencialidad de la risa", señala Acosta.

En cuanto a los errores, según el director de risa del programa de Florencia de la V, hay uno que puede ser, como él mismo lo define, "trágico":
adelantarse al remate de un chiste.
"Quizás largaste la carcajada y, por no saber que todavía no terminaba, te quedaste sin fuerza para la risa final", explica. Por eso, destaca su función: "En esas situaciones, se necesita que uno como director marque en el guión este tipo de cosas".
También, Acosta remarca el cuidado que se debe tener al introducir "bocadillos" fuera de lugar. "Por ejemplo, cuando aparece un artista en escena y se le grita algo. En esos casos, quizás conviene que primero se charle".
A la hora de graficar la importancia de sja!u trabajo bien realizado, Acosta infla el pecho y cuenta: "Por ejemplo, Francella en Casados con Hijos tuvo que cambiar su forma de actuar para que entrara la risa. Fijate la importancia que adquirimos que el tipo tuvo que empezar a meter una pausa entre chiste y chiste".
<b> "Clacs" a la criolla </b>
En el caso de sitcoms como Casados…, Acosta explica que en cada escena hay una clac de 20 personas, dividida proporcionalmente entre reidores fuertes, medianos y bajos. A diferencia de las producciones norteamericanas, que contienen las risas grabadas, en Argentina siempre se trabaja en vivo. "Seguramente tenga que ver con que acá, aunque estén grabados, se les debe pagar a los reidores como si estuvieran presentes", cuenta Acosta.
Rodríguez, en tanto, le agrega otra explicación al asunto: "El actor argentino es distinto del yanqui. Acá improvisan mucho, entonces los discos no pueden acompañar tanto. Si ponen caras o hacen gestos, el reidor tiene que estar ahí y reaccionar enseguida".
<b> Día a día, risa a risa </b>

En cuanto al trato recibido en el ambiente de la farándula, Acosta no se queja y hasta dice que se ha hecho amigo de varios artistas. Pero traza una división entre sus comienzos y este buen presente: "Antes había cierto desprecio hacia nosotros. Por ejemplo, si se armaba un catering ni nos tenían en cuenta. Esa condición de ser
‘el último orejón del tarro’
hoy la hemos revertido".
Por el lado personal, este reidor prefiere no darle importancia a cualquier prejuicio o desvalorización de su oficio. "Muchos te dicen: ‘¡Qué bueno! Te pagan por reírte’ o en una cena te piden, en vez de un chiste como al cómico, una carcajada. Uno deja estas cosas de lado porque no hacemos nada malo, no le robamos a nadie".
En este sentido, Acosta deja en claro que disfruta "mucho más" hacer esto antes que "estar nueve horas en un banco cobrando boletas". Pero eso sí, enseguida advierte que se trata de un trabajo y hasta sube la apuesta: "Nosotros somos los que no paramos y tenemos que reírnos aunque la escena se grabe 20 veces". Y concluye: "Hay que meter la garganta todos los días, viste".
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