El problema de los antivacunas

Dr. Daniel López Rosetti
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29 de marzo de 2019  • 16:36

Resulta evidente que en el mundo moderno encontramos grupos de personas que sostienen afirmaciones verdaderamente "irracionales". Esta situación se percibe en distintos ámbitos del quehacer humano pero quiero mencionar aquí uno que particularmente resulta ser verdaderamente incomprensible para mí y es el hecho de que existan movimientos llamados "anti vacunas".

Nuestro planeta se encuentra habitado hoy en día por aproximadamente 7500 millones de personas. El tema es simple. Sin vacunas probablemente seríamos unos pocos cientos, el resto estarían muertos. Y es que el avance a escala astronómica que las vacunas han generado en el campo de la medicina resulta ser de tal magnitud que simplemente debemos a ellas la razón por la cual estamos vivos.

Los médicos

Las razones de quienes sostienen una posición antivacunas son múltiples, pero no me animo a nombrar ninguna sencillamente porque resultan absolutamente irracionales y esto lamentablemente también alcanza, y ante mi sorpresa, a algunos -por suerte pocos-, profesionales médicos. Por supuesto ninguno de ellos podría sostener una discusión académica al respecto en ninguna universidad del mundo. De hecho, ningún médico se animaría a no vacunarse contra por ejemplo la tuberculosis, la difteria, el tétanos, la poliomielitis, la gripe, entre otras tantas enfermedades y en esa condición, es decir sin inmunidad, caminar todos los días por un hospital que atienda en enfermedades infecciosas y exponerse así a innumerables virus y bacterias. Simplemente no se animarían porque en realidad ellos mismos comprenden que enfermarían de varias enfermedades y que posiblemente morirían. Ningún médico no vacunado contra la tuberculosis se animaría a atender todos los días a pacientes con tuberculosis, y así con otras tantas enfermedades. Es por ello que me resulta absolutamente incomprensible semejante irracionalidad.

Los padres

Dentro de la población general encontramos padres que esgrimen argumentos también irracionales por los cuales sostienen el hecho de no haber vacunado a sus hijos agregando que las vacunas pueden hacerles mal y además porque nunca se enfermaron de aquellas enfermedades de las cuales hubieran estado protegidos con las vacunas correspondientes. Y posiblemente sus hijos no se enferman en el colegio ya que la mayoría de los chicos se encuentran vacunados, con lo cual la prevalencia de virus y bacterias capaces de producir enfermedad sencillamente no existe porque todos sus compañeros de grado se encuentran inmunoprotejidos. ¿Pero que sucedería si el número de no vacunados aumentase? La respuesta es simple: la fiebre amarilla, la poliomielitis, la gripe, la tuberculosis, la difteria, la viruela, la rubeola, el sarampión, el tétanos, las paperas, y otras tantas enfermedades se encargarían de llenar hospitales y cementerios.

La imposible controversia

El tema es muy simple, la vacunación masiva erradicó enfermedades mortales. El título "controversias sobre vacunas" es insostenible ya que, científicamente hablando, la controversia simplemente no existe. El éxito de los programas de inmunización depende de la confianza pública y es por ello que quienes sostienen los movimientos antivacunas representan una verdadera amenaza para la salud pública. Quienes actúan así promueven una posición "proenfermedad", y resulta evidente la irracionalidad de la propuesta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera actualmente a los movimientos antivacunas como una de las principales amenazas en la salud pública mundial. Llama la atención que un sector de la población que particularmente adhiere a esta situación de no vacunar a sus hijos es de altos recursos económicos. Incomprensible. En el año 2015, se alarmó en California de un brote de enfermedades infecciosas, sarampión, de alta concentración en Disneylandia, con preponderancia de familias con una situación económica acomodada. Resulta evidente que el dinero no es sinónimo de cultura. ¿Sabe usted cual es el virus más peligroso? La respuesta es simple: la ignorancia.

El mejor regalo para nuestros hijos es la vacunación y si la pregunta es ¿cuál es la mejor vacuna? La respuesta es: "la que se aplica". Por todas estas razones sostengo que una posición antivacunas es igual a proenfermedad.

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