
Si hasta hace un tiempo el esoterismo era terreno de las almas supersticiosas, hoy cosecha seguidores entre profesionales –abogados, arquitectos, jefes de gobierno– que antes se decían escépticos. La interpretación de lo oculto como signo de época en las grandes urbes.
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Por Alejandro Margulis • Fotos Mariana Roveda
Magos y brujos, sacerdotisas y chamanes, lectoras de cartas y expertos en vidas pasadas, astrólogos y videntes van sumando cada vez más adeptos de un modo explosivo, alucinante. Oponerse a la ola puede ser causal de aislamiento. Ser racional, escéptico, pragmático es ahora de lo peor. Lo que hasta hace pocos años era lo raro se convirtió en ley o pasaporte, guiño de pertenencia y código de una de las más curiosas formas de esparcimiento de los habitantes de las grandes ciudades. Nunca dicha en voz alta (para no traicionar los principios de las ciencias ocultas) pero poderosamente vigente, su práctica se ha vuelto para muchos una auténtica guía vital. Personas con empleos de lo más convencionales o potentados que manejan tarjetas de crédito en ramillete, mujeres y hombres, estudiantes y profesionales –incluido el propio Mauricio Macri, según él mismo reconoció– comparten el nuevo hábito de consultar a vates y hechiceras. A ellos les atribuyen, si no la capacidad de anticipar futuros, la de aliviar las penas de amor, el estrés por la vida diaria o la falta de norte para cumplir los anhelos postergados. No se trata, como hace apenas unas décadas, de una moda motivo de ironía o de miradas condescendientes. Hoy, la magia se ha convertido en una verdadera cultura de lo espiritual urbano en el siglo XXI.
<b>UN LUGAR EN EL UNIVERSO</b>
En Boedo, hay una casona con varias terrazas, vitrales en las ventanas de hierro forjado y puertas con arcadas de medio punto que vienen a cuento para ejemplificar el fenómeno. Es La Abadía. Su dueño es el joven hijo y heredero de un famoso empresario porteño del mundo del espectáculo. Sin noches de encuentro fijas, en ese lugar se aglutinan expertos en ocultismo que convocan a ritos que en alguna época habrían puesto la piel de gallina. Hoy no. Hace unas semanas, por caso, hubo una ceremonia por el año nuevo pagano. Ahí estaban el dueño de casa y sus magos más adeptos. También sacerdotisas de una belleza exótica. Y un público selecto sentado alrededor de la pipa de agua para ocho personas que hay en la entrada. Durante casi dos horas, cubiertos con túnicas de lino y tenebrosas máscaras, como de un carnaval nefando, se sentaron en corro en una de las habitaciones del primer piso y atendieron a la repetición de un ritual de magia de la Inglaterra del medioevo: la invocación a las fuerzas de la naturaleza en los cuatro puntos cardinales, el llamado a los antiguos ancestros, el pedido de protección contra los malos espíritus. Las paredes pintadas de rojo se transmutaron, bajo la invocación, en figurados árboles centenarios; el piso de pino tea fue cubierto de hojas secas, y en su centro, devenido claro del bosque, los participantes fueron quemando sus exvotos en un pequeño caldero.
Los maestros de ceremonia del reencarnado aquelarre eran Mad Crampi, tatuado con un heptagrama en el cuello que representa la estrella de Babalón (Babilonia), y Ancient Coven, que en su vida normal se gana la vida como empleado público y en sus ratos de ocio da clases de estudios medievales en el Opus Dei. Por supuesto, no son sus nombres reales. La magna sacerdotisa era una mujer de salvaje y espesa cabellera cobriza, poeta hermética y tarotista de elite: Agustina Taboada.
En su Facebook, Mad Crampi se presenta como artista, brujo y perfonauta; en la charla, como un hombre conversador y persuasivo que antes trabajaba haciendo series de televisión documental (por caso, con la organización teatral Fuerza Bruta) hasta que en un momento se descontroló: "Bardié, quebré y dije: no me dedico más a esto". ¿Que cómo llegó a la magia? No, la magia tal parece que le llegó a él. Explica: "Mi viejo era docente de educación especial y tenía una vasta biblioteca dedicada a lo esotérico. A los 11 años, cuando él se iba de viaje, yo miraba todos sus materiales; evocaban cosas muy fuertes, muy poderosas. Fue lo más hermoso que me pasó".
Hoy, que Crampi tiene 42 años, se ha vuelto un experto difusor y practicante de las disciplinas más antiguas, desde el tantra hasta la cábala. Los tatuajes que lleva en el cuerpo revelan el mapa de sus inclinaciones: el heptagrama de Babalón en el cuello, y en el omóplato, la espada de la misma deidad montada en un león de siete cabezas que representa el Apocalipsis bíblico. Porque los nuevos, renacidos tiempos de la magia no tienen una única raíz cultural como fuente. Así, lo inglés se puede mezclar, en un mismo rito, con tradiciones egipcias, andinas o hebreas.
Crampi tiene una mirada intensa y un hablar suave, que sin embargo puede descender hasta volverse grave y solemne cuando se encuentra posesionado por su rol de canalizador de las fuerzas antiguas. A veces está solo o con alguna sacerdotisa, como cuando recita una variante muy personal del Kidush Levaná hebreo para honrar la luna, y a veces con su colega Ancient Coven, de 46, quien para definirse prefiere utilizar la palabra wicca ("mago", en inglés antiguo), y así cuenta que fue en el año 1991 cuando conoció a uno de los varios grupos o "covens" (círculos de brujos) que hay en la ciudad. "Durante meses fui interrogado, sometido a un período de prueba, sin otra regla fija que la observación silenciosa de los ocho miembros, que eran cuatro mujeres y cuatro hombres… El rótulo de mago debe su nombre a los magris de la Mesopotamia; con ellos surgió el pentagrama tierra-agua-cielo-fuego y éter", explicará antes del ritual con sapiencia incomprobable.
Unos días antes, en la misma casona, unas cincuenta personas se acomodaron en el piso y entonces se escuchó a Crampi diciendo cosas como estas: "Lo que anda alumbrado por el fulgor de las antorchas son los antiguos espíritus, los antiguos ancestros que solo el médico brujo, aquel que caminaba con los dioses, puede convocar. ¡Apaguen las velas!". De a poco, Crampi empezó a entonar un canto celebratorio, monótono, para llamar a los espíritus del agua, del fuego, de la tierra y del aire, respectivamente distribuidos en cada uno de los puntos cardinales. "¡Nosotros los conjuramos para protegernos de todo maleficio y toda indiscreción! ¡Para generar nuestro lugar secreto acá en el bosque! Abierto a nosotros y cerrado a la indiscreción del burgués que no comprende nuestras prácticas… ¡el burgués que si pasa por acá no verá nada pues los espíritus nobles de la naturaleza nos protegen…!", se lo escuchó decir, munido de una de sus dagas rituales.
<b>LA SACERDOTISA</b>
La casa de Agustina Taboada es un espacio escondido en un pasaje del oeste de la ciudad de Buenos Aires. Tiene un bosquecito real donde ella medita junto a un Buda y a su gata Manchitas; hay un aroma continuo a palo santo y a humeantes briznas de la foresta urbana; una pared donde alguno de sus discípulos escribió, en grandes letras de imprenta: CASA MÁGICA. Sentada junto a sus consultantes, a quienes va leyendo las cartas de tarot a medida que transcurre el reportaje, explica: "Cuando uno toma el camino de los espíritus y ve que desde hace siglos hubo hombres que lo practicaban, no puede dejar de tomarlo en cuenta. Estas voces siempre hablaron, pero las acallaron. Hablaban de lo multidimensional en secreto. Antes de conocer estas verdades, yo me hacía quilombo por cosas banales: que se te rompió una uña o que no te depilaste; que si tenés éxito o no… Pero cuando pensás que tipos como Rudolf Steiner en 1920 ya hablaban de que la realidad de los arquetipos es más intensa que el mundo sensible, te cambia la perspectiva".

Sus consultantes llegan a ella por recomendaciones y, antes de ser aceptados, mantienen un intercambio en el chat de Facebook. "¿Sabés lo que pasa? Hay mucha chabacanería alrededor de estos temas. La clave es la sincronicidad. Y después, mantener el ojo clínico bien atento. No todos saben con lo que se están metiendo realmente. Eso es el misterio de la espiritualidad", señala la sacerdotisa. Dice entonces que la revelación de sus facultades premonitorias le llegó quince años atrás, durante la crisis de 2001. Un día soñó que entraban al hogar con armas largas y los torturaban; se despertó transpirando un sudor helado pero no se lo dijo a nadie, ni a su pareja de entonces, ejecutivo en una gran corporación. Se dedicó a cerrar con diligencia puertas y ventanas. Días después sintió el capricho de pedirles que no durmieran en lo de él, como hacían siempre. Esa noche unos desconocidos entraron a robar con armas largas y sopletes en la casa, milagrosamente vacía, del ejecutivo. "Fui consciente de la existencia indiscutible de los mundos paralelos. Ahí él empezó a tenerme respeto", dice ella ahora mientras sus consultantes esperan a que les lea el tarot.
Una de las mujeres que espera su lectura es Karina. Publicista, vistosa, esquiva. Tiene 43 años y volvió a romper con otro novio. "Agus te da mucha contención, te muestra tu parte tal vez oscura, cómo salir de esas situaciones. Es una buena guía espiritual", dijo antes, pero ahora no levanta la vista de las cartas. "Sale que está cortado por el cielo. Y eso es la no realización, los sueños incumplidos… A veces muere una etapa, cerrás cosas que ya no necesitás. Pero también te sale un avance a nivel amoroso… Para mí tiene que ver con el embarazo". "¡No estoy embarazada!", salta Karina. "Pero el embarazo sigue ahí, ¿lo seguís deseando?". Karina se afloja. Reconoce que lo tiene presente pero no como una obsesión. Y que el ex novio la presionaba. "Creer que se puede tener todo bajo control es una falsedad", dice a un costado Esteban, fotógrafo, de 45. "Con las cartas, al principio me asombraba, ahora no. Uno cree que los eventos del universo fueron una casualidad o que surgieron del lado de la necesidad o el deseo. Tal vez lo aleatorio sea la norma".
<b>EL CORAZÓN CÓSMICO</b>
Uno de los curiosos que andaba por La Abadía en la noche pagana era Félix, abogado, de 38. Durante quince años trabajó en un estudio jurídico hasta que pateó el tablero y se volvió productor y mánager de bandas. Recién separado, con un hijo, está volviendo al ejercicio profesional. Pero el cambio de vida lo devolvió a sus primeros estudios, de filosofía. Y ahora combina las dos cosas. "Para el corazón, lo esotérico; para el bolsillo, lo jurídico. A veces hay que salirse de la zona de confort y mandarse. Ahí suceden las cosas más interesantes", dice.
"El universo está viviendo un cambio energético; no es que la mayoría de la gente, la masa, ahora esté más interesada en estos temas, sino el hecho de que los están viviendo sí o sí como nunca antes en la historia de la humanidad", considera la escritora italiana Debora Colagreco, autora de El camino iniciático al corazón cósmico, y lo dice con biográficos fundamentos. Desde niña, ella fue dueña de una extraña capacidad de visionar y de sanar a través de imposición de manos; hace unos años el reiki llegó a su vida y en poco tiempo abandonó la comodidad de su país y se mudó a Sudamérica. Ahora vive en Punta del Este y en Buenos Aires fundó su editorial (Zadkiel, como el ángel de la transmutación y del perdón), desde donde se dedica a profundizar la difusión de los temas esotéricos y sociales entre los lectores del Río de la Plata y toda la Argentina. "Hay un momento en la vida de los hombres que debido a un gran dolor, o a una enfermedad, se muere algo de lo que los armó como individuos. A veces es algo de la propia historia y otras de la época. En ese momento, empezamos a hablar con nuestra voz interior. Pedimos ayuda al universo o a quienes estén más cerca de las verdades que nunca nos fueron dichas. La desesperación te lleva a hablar con quienes tienen otra clase de conocimiento, menos racional si se quiere. O del corazón, que a mí me gusta llamar cósmico, porque excede lo convencional, lo pragmático del día a día".
En La Abadía, cuando el mago Crampi terminó su presentación en la habitación pintada de rojo, intervino el hechicero Coven. En el bosque de la imaginación que habían recreado entre los dos, se escuchó un extraño recitado: "¡Show yourselves once again! ¡Come to us! ¡Show yourselves to us! We are the children of the night…". El público, con los ojos bien cerrados, se estremeció. Entre los dos habían quebrado "la brecha" que divide el mundo de los vivos del de los no vivos. Era la hora de que los asistentes hicieran sus votos, mentalmente o por escrito, y cuando los hechiceros, los chamanes de la naturaleza lo indicaron, los pedidos fueron lanzados a la luna o a la noche y quemados en el pequeño caldero de los magos para que se hicieran realidad.
Cualquiera sea "el claro del bosque" (una casa, un patio, una habitación de paredes rojas, una terraza), por el que se transita en este tiempo místico o, si se quiere, más universal, siempre parece haber disponible una copa que irá de mano en mano para las libaciones finales. En vez de la sangre ritual, los adeptos beben vino; en vez de aullar, entonan melopeas. Coven hace sonar un cuerno de hueso. Crampi agita su vara de saúco. Así se van los fantasmas y se conjuran los buenos deseos. Y, en los oídos indiscretos del cronista, resuena como un mantra: "Levaná, levaná, levanáááá".
<b>TESTIMONIOS DE LA FE</b>

"La magia es un tema recurrente. Los mitos, las hazañas siempre estuvieron. Hay que tener otro tipo de mentalidad y entender estas cosas. No hay una sola verdad" (Oliver, 21, cursa Estudios Orientales)
"Hay una línea donde termina lo explicable y empieza lo inexplicable. La idea es navegar eso. No negar una explicación ni negar que algo ocurra. Esto no es una vuelta. La magia nunca se fue" (Ulises, 24, arquitecto)
"Siempre creí en la magia. En mucha gente es algo que se vive de vez en cuando. En otros es algo cotidiano" (Gabriela, 39, artesana)
"Mi propia práctica mágica tiene que ver con mi carrera. La he transmutado a mi trabajo y ya no corre por caminos paralelos. Ya no se trata de creer en ritos satánicos o de hacer visible la sangre, sino en la transmutación, para poder trascender de nuestra propia cárcel" (Leonardo, 34, artista, cantante y productor)
"Me gustaría que fuese cierto que existe la magia. Tengo interés. Quiero que me convenzan" (Alberto, 23, estudiante de Administración de Empresas)
"Descubrir lo que se esconde detrás del velo de las cosas, de eso se trata. Somos un grupo de gente bastante grande. A otras personas les cuesta mucho creer en esto. La magia puede parecerles una locura. Es un tema muy complejo. Y es un gran trabajo ver cómo lo transmitimos" (Eduardo, 46, médico)
"Para mí es medio raro. Es una manera de descubrir. Como que tengo que sacarme el chip del trabajo de todos los días. Es medio raro para mí, que vengo de otra formación. No sé, me siento atraída por lo que encuentro en esto y lo aplico a mi vida" (Agostina, 29, psicoanalista)
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