
El renacer de San Petersburgo
La ciudad que fue capital del imperio zarista ya recuperó su nombre. Ahora se dispone a recobrar su antiguo esplendor
1 minuto de lectura'
San Petersburgo, Rusia.– Hace casi 300 años empezó a erigirse esta ciudad sobre el pantanoso delta del río Neva. Miles de obreros trabajaron, haciendo un monumental esfuerzo por vencer al tiempo y los elementos, sólo para satisfacer el deseo autocrático de un hombre: Pedro el Grande.
Hoy, también miles de trabajadores repiten aquella monumental empresa para devolver a la ciudad su antigua elegancia y grandeza barroca. Una vez más trabajan contra reloj, y lo hacen para satisfacer el deseo de un hombre: el presidente Vladimir Putin.
Para conmemorar el 300º aniversario de la fundación –que se cumple en mayo próximo–, San Petersburgo se ha embarcado en el mayor proyecto de reconstrucción y restauración desde que se levantó el sitio alemán de Leningrado –tal como se llamaba la ciudad en la época soviética–, a fines de la Segunda Guerra Mundial.
Ansioso por demostrar que San Petersburgo es la ventana de Rusia abierta hacia Europa y el mundo –tal como lo pretendía también Pedro el Grande–, el presidente Putin decretó, a principios de este año, la reconstrucción de decenas de monumentos y edificios que son hitos culturales e históricos. Entre los proyectos figura la reconstrucción del Palacio Konstantinovsky, de 1000 habitaciones, cuya construcción empezó Pedro el Grande en el siglo XVIII y jamás se concluyó. Vladimir Putin planea convertirlo en una residencia presidencial y en sede de reuniones internacionales.
Los resultados son obvios: la ciudad está vallada, llena de andamios y excavaciones. Muy tarde, en las noches invernales, persiste el zumbido de las máquinas en las áreas donde se yerguen los más famosos edificios y monumentos: la catedral de San Isaac, la Columna de Alejandro y la Fortaleza de Pedro y Pablo, con su catedral de oro coronada por una alta aguja, donde están enterrados los zares.
Hoy, San Petersburgo es como una belleza envejecida en medio de un lifting, una necesidad desesperada después de sufrir décadas de descuido durante el período soviético, que presenció la revolución, la guerra y el traslado del poder político ruso a Moscú.
A instancias de los decretos de Vladimir Putin –que nació en San Petersburgo y llegó a ser alcalde de la ciudad–, el gobierno federal ha asignado este año un presupuesto de más de 400 millones de dólares a la restauración. La ciudad, por su parte, ha pedido donaciones privadas y de empresas, y acaba de invertir un préstamo de 31 millones de dólares, concedido por el Banco Mundial, en la reconstrucción de la avenida Nevsky, la arteria principal de San Petersburgo.
Aunque apenas faltan unos meses para las celebraciones, los funcionarios a cargo juran que casi todos los trabajos estarán concluidos y que la ciudad volverá a revestirse de su perdida gloria.
1
2“Me tiró un like”. La historia de amor del jugador de hockey argentino con el primer ministro de los Países Bajos
3El calendario lunar de marzo 2026 en la Argentina
4El dolor de la muerte la hizo acompañar, con yoga y alimentación, a mujeres en su fertilidad: “El camino de cada una no lo podemos saber”



