
El rey de la alta costura
A los 80 años, Valentino sigue siendo un referente en el mundo de la moda. Ya tiene un museo propio y confiesa: "He tenido una vida maravillosa"
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La primera vez que vi a Valentino Garavani fue en Roma hace muchos años, cuando yo recién comenzaba como reportero y era un novato. Cuando dijo lánguidamente: "Sé todo lo que hay que saber sobre la moda". Mi modesta alma británica se sintió shockeada por su audacia. Ahora advierto que tenía toda la razón, por extravagante que pareciera entonces.
Valentino es el último de los grandes de la alta costura, los grandes diseñadores como Christian Dior, Cristóbal Balenciaga e Yves Saint Laurent, que definieron los últimos años de la alta moda a fines del siglo XX. Por supuesto que sabe todo. Ahora con 80 años es el gran viejo de la pasarela y el único modisto de nivel mundial que Italia haya producido.
Valentino nació en Voghera, en el norte de Italia, pero con la ambición que lo dominó toda su vida se fue tan pronto como pudo para ser parte del gran mundo. Para cuando tenía 17 años ya estaba en París, donde trabajó para Jean Dessès, un modisto de quien aprendió todo lo que lo ha convertido en uno de los diseñadores de moda más capaces. Su gran talento, ahora como entonces, está en la velocidad y la precisión de sus dibujos, e incluso hoy dice: "Comienzo todo con un dibujo, es la manera en que pienso. Mucho antes de tocar un molde o cortar una tela. Todas mis ideas vienen del lápiz".
Todos los que tienen el menor interés en la moda conocen el nombre de Valentino, aunque más no sea por los famosos vestidos de noche rojos con los que termina sus presentaciones desde hace muchos años. Cuando era aún un joven diseñador en París fue a Barcelona y vio una ópera en la que todo el vestuario era rojo. Como él mismo dice: "Fue en ese momento que advertí que, después del negro y el blanco, no hay color más hermoso o que siente mejor a las mujeres que el rojo".
Desde hace muchos años el vestuario de cualquier mujer internacional bien vestida contiene un rojo de Valentino, al que se le suma algo al menos una vez al año. Este es el tipo de fanáticas de la moda que sintieron que la vida llegaba a su fin cuando se retiró hace cuatro años: mujeres como Jackie Kennedy, que se puso un vestido diseñado por él en su boda con Aristóteles Onassis y que una vez gritó: "Valentino, vive para siempre". O la princesa Marie-Chantal, de Grecia, que también se puso un vestido de novia de Valentino con, como él dice, "sólo para divertirme, un velo con diez calidades distintas de encaje. Se requirió una mesa de diez chicas mensuales para hacerlo". Y sigue la lista, desde la princesa Margaret y Elizabeth Taylor hasta Julia Roberts y Gwyneth Paltrow, y prácticamente toda mujer rica y a la moda en el planeta.
Desde el comienzo el talento de Valentino se vio acompañado por la suerte. Cuando volvió a Italia desde París y estableció su sede en Roma, conoció a otro joven italiano ambicioso, un estudiante de arquitectura de nombre Giancarlo Giammetti, en la Via Veneto, que a fines de la década de 1950 era el lugar más caliente para contactos sociales en Italia y una zona muy Valentino. Enseguida se llevaron bien y Giammetti se convirtió en amigo, compañero y asesor comercial de Valentino, como lo sigue siendo hasta hoy. Parecen la perfecta pareja, muy formales, muy chics y muy astutos. Cuando los vi recientemente en su casa de Londres en Hollland Park, me llamó la atención el parecido entre ellos. Junto con sus seis perros, parecen ser la perfecta unidad familiar. "Me encantan los animales", me dijo, mientras acariciaba a Mary, la más joven y su favorita. "Es mi pequeña princesa y siempre duerme conmigo."

Valentino vive la vida compleja de los superricos mientras viaja de casa en casa, cada una distinta. Su favorita es su base en Londres, porque le encanta la actitud británica. La sala es elegantemente belle époque, con mucha madera francesa pulida y unas cuantas borlas, lo que da una sensación de opulencia contenida combinada con inmensos cuadros modernos. Con Giammetti siempre han sido coleccionistas, conocidos por los marchands por su buen ojo. Es exactamente el tipo de cuarto en el que uno esperaría encontrar un gran modisto.
"Me encanta estar en Londres", dice. "Me encanta el modo de vida y siempre me siento totalmente cómodo aquí. Admiro la tradición." Hace una pausa y luego agrega: "Y la reina. La mujer más importante del mundo". ¿Le gustaría vestirla? "Por supuesto", dice. "Sé exactamente lo que se pondría y con mi toque crearía ropa maravillosa para ella." Baja modestamente la mirada y agrega: "Me sentiría honrado si me lo pidieran".
Otra de las atracciones de Londres para Valentino son las tiendas. "Londres es un lugar muy peligroso para mí", dice. "Porque me encanta ir de compras y hay tantas tentaciones aquí. Siempre vuelvo a casa con algo de vestir: un cinturón de cocodrilo o un suéter de cachemira, pantuflas de cocodrilo. Y visito las galerías. Todos los marchands nos conocen."
Señala lo que le da cada una de sus otras casas. "Me encanta Nueva York. Los teatros y los cines, y por supuesto tengo muchas ex clientas y queridos amigos allí que hacen fiestas y cenas para mí. Aunque no me gusta salir todas las noches, incluso en Nueva York." En su château en las afueras de París está dedicado a la jardinería y "cuidar de los árboles". Ha instalado un museo allí para mostrar y conservar el inmenso archivo de su vida en la moda: "Hay miles de documentos, cartas y fotos de toda la gente que conocí en todo el mundo. He tenido una vida maravillosa. Conocí a todos y siempre recibí amor de la gente, y eso para mí es todo. Quizás estoy un poco malcriado, pero no soy un esnob". La cartera de propiedades de Valentino incluye también una casa en Roma y un chalet en Gstaad, Suiza, donde normalmente pasa un mes esquiando.
Está claro que el tiempo no pesa demasiado en el mundo de Valentino. Con este tipo nadie mira el reloj. Desde que se retiró ha realizado un par de retrospectivas, la más reciente en el Somerset House, en Londres (al mismo tiempo que se realizaba el Fashion Week), que incluyó más de 130 vestidos, la mayoría nunca presentados. Diseñó el vestuario para el concierto de Año Nuevo en Viena en 2010 y una gala para el Ballet de Nueva York que fue recibida con pedidos de bises. También ha lanzado un innovador museo virtual, con 5000 fotos que documentan toda su carrera (www.valentinogaravanimuseum.com). Y por supuesto, el popular y muy aplaudido documental El último emperador, un film que al principio le dio vergüenza, pero ahora disfruta. Y eso es adecuado, ya que la vida para Valentino Garavani ahora parece ser totalmente agradable. Ha creado el mejor de los mundos posibles para sí mismo. ¿Que si sabe todo sobre la moda? Y también sobre todo lo demás.
Colin McDowell






