
Talleres Sustentables es una fábrica de muebles que apuesta a un proceso de industrialización en el que el hombre es protagonista. Acerca de cómo se produce un mueble a gran escala pero de manera artesanal.
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Por Cecilia Acuña
La industrialización busca optimizar los procesos productivos a través de maquinarias que permitan reducir la mayor cantidad posible de mano de obra. Esto es universal, pero, como en toda regla, siempre existen excepciones. Es el caso de Talleres Sustentables, una fábrica de muebles que, mientras produce a escala industrial, sostiene una infraestructura artesanal donde la intervención humana resulta esencial en cada una de las piezas terminadas. Se trata de una decisión coherente con el concepto de producción que maneja Rodrigo Matta, dueño y alma máter de una empresa que utiliza madera reciclada como materia prima de sus muebles.

El proceso de producción comienza cuando las toneladas de madera llegadas de demoliciones son recuperadas para llevarlas a un estado casi virgen. Un equipo de reciclado quita los clavos, la brea, la pintura y otros detalles que puedan alterar el trabajo..

Cuando la madera queda casi como nueva entonces sí es el momento de aplicar el trabajo de diseño que implica cada una de las ocho líneas de muebles de la empresa. El secreto de la industrialización, en este caso, se cifra en integrar de la mejor manera la maquinaria con la presencia humana y con su aporte artesanal. La producción, entonces, se divide en piezas que se fabrican en serie y que siguen un riguroso calendario de trabajo: un día se hacen patas, otros cajones, algunos estantes y así sucesivamente.

Cada parte de una mesa, un escritorio, un vajillero o una silla atraviesa cinco procesos productivos. La madera pasa primero por una sierra sin fin que corta de acuerdo con medidas generales. Luego es sometida a una minuciosa rectificación de los lados que culmina con la aplicación concreta de lo que indica el diseño terminado. Por último, llega la etapa del armado, la del encastre perfecto de las partes que confirman que lo artesanal no necesariamente es sinónimo de asimetría. "Durante ese proceso te das cuenta de que cuando, por ejemplo, catorce piezas sueltas bien hechas encajan a la perfección se transforman en una silla impecable. De hecho, cuando no sucede y algo no termina de cerrar a uno le duele el corazón".












