
EL SOLDADITO DE DIOS
Pasó de Peperino Pómoro a Ulises Petí Muá, el personaje engominado que da las buenas noches desde América 2.Sigue siendo él: un provocador de mirada tierna, un sanatero a la manera de Fidel Pintos, pero muchísimo más cruel
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Fabio Alberti es una navaja asesina, guardada en una funda de plush con ositos estampados. Actor, conocido también por interpretar al cura Peperino Pómoro, el personaje que cerraba la transmisión de un canal imaginario en los programas De la cabeza y Cha cha cha, levanta una mano y sonríe para saludar a un admirador con toda simpatía.
-Todo el tiempo es así, me dicen Peperino Pomodoro, Peperino Pómulo, Peperino Pópolo.
Desgrana la frase con el tono que usaría una vecina cansada de barrer la vereda todos los días. Pomodoro. No se llama Pomodoro.
Ni Pómulo. Ni Pópolo. Toma un trago de JB y desliza media carcajada dentro del vaso. La otra mitad le queda colgada de la boca como un ácido recordatorio de que no hay que creer todo lo que dice.
-Peperino se me ocurrió porque en ese momento existían los curas que cerraban las transmisiones. Es un tipo que te habla un minuto, acapara tu atención y no, te dice nada. Había un cura en el 9, Pisaiello, que furciaba mucho. Igual, siempre digo: soy católico, apostólico y romano. Tengo todos los sacramentos, me falta la extremaunción nada más. Soy soldadito de Dios.
"Buenas noches y Philippe Junot", saluda Petit Muá en un francés lleno de palabras como echarpe y bibelot
-¿Qué es eso?
-La confirmación es ser soldadito de Dios. Yo soy soldadito de Dios. Creo en Dios porque si no, ¿en qué tengo que creer? Creo en la justicia divina. Siempre digo que ojalá el chirriar de cadenas y el chirriar de dientes existan y que si Dios decide que el tipo merece estar ahí, que lo pague. Y si no se merece estar ahí, será porque Dios dijo: "Es inocente". Tiene que haber algo que se pague, algo ante lo que no seas tan impune. Que Menem no sea Dios. Que Dios sea Dios, no Menem.
-¿Y si llegás allá y ves que Dios es Menem?
-Ese día no voy a creer en Dios. Le voy a decir: "Ah, eras vos; en vos no creo".
-Pero te perdiste toda una vida creyendo que Dios existía.
-Y, bueno, son los riesgos de la religión.
Así. Así durante tres horas. Así entre estallidos de carcajadas, una víspera de gozo ante cada pregunta, una respuesta que termina en disparate, después un pequeño arrepentimiento y una contestación más o menos diplomática.
-Igual, por momentos te pasan cosas, te encontrás muy solo y uno dice...
Pone voz de persona que va a explicar lo inexplicable. Mezcla de niño traga y maestra enloquecida a punto de hacer algo que no está para nada acorde con la moral y las buenas costumbres.
-...decimos re-ligión... re-ligare... ligar a Dios... Y hay momentos en que necesito creer en algo supremo, porque si no en qué creo. Qué sé yo si ese nene de doce años no es Yabrán, que viajó a Disney World y se operó, "¿eh? Como dice el dicho: Creer o reventar". Si abrís la canilla y te sale una merluza, si agarrás el teléfono y te morís... tiene que ver con el fin del siglo. Del siglo dos mil, como dice nuestro presidente.
¿Un hombre al borde de la locura? No. Un hombre con ataques permanentes de dubi tubi.
-Todo el mundo tiene sus momentos de dubi tubi, de dualidad, de duda. En esos momentos de intimidad, creo en Dios.
Peperino furciaba mucho. A veces, los furcios se transformaban en frases que fruncían de odio a los defensores de la moral ajena. La Asociación Argentina del Mañana hizo diluviar cartas en el canal pidiendo el levantamiento de Peperino, los anunciantes amenazaron con retirar avisos en el horario del programa y todo terminó con el cura yéndose a dormir entre las páginas de su Biblia transnochada, a pesar de las protestas de todos sus admiradores. Que no eran pocos.
-No. No me enojé. Y a la vez me decía: me tengo que enojar, me están censurando. Gerardo Romano hubiese puesto el grito en el cielo. Si lo quiero hacer me paro en plaza Francia los domingos, en un cajoncito de madera y que vengan y me baleen los de Patria Familia y... Probabilidad. No, igual ésos eran la Fundación Argentina del Mañana. Gente con empuje. Esa gente es más papista que el Papa, por eso se ofende. Yo estoy seguro de que al Papa le gustaría Peperino. Pero puede ser que a veces se haya pasado de rosca. Que en algún momento haya dicho alguna palabra, y que a la gente le haya molestado. Igual tampoco el personaje pasaba por ahí, pero a lo mejor dijiste una palabra y alguien se molestó. Y tiene razón. Y le pido mil disculpas.
"Cuando sacaron a Peperino, me decía a mí mismo: tengo que enojarme, me censuran. Pero no me enojé"
Los ojos le destellan con un brillo raro. Curiosa manera de pedir mil disculpas, como si se estuviera rellenando con metralla el cadáver del enemigo. Desde este año, Alberti hace junto a Juan Di Natale y Diego De La Sala el programa Day Tripper, que sale de 13 a 17, de lunes a viernes, por la Rock and Pop. Allí inventa micros que llevan por títulos, entre otros, Javier Androide y las noticias Petiribí, Los miércoles y el día de manifiesto de la bronca de Armando C. Bronca y El educador de niños, general Obtuso. Peperino Pómoro hace apariciones fugaces y estelares, sólo los feriados. -Lo hice aparecer por primera vez en la radio en Semana Santa porque me pareció adecuado, un sermón en Viernes Santo, un mensaje a la comunidad. Lo hago laburar los feriados, cuando la gente no trabaja, así no trabajo yo tampoco.
Los afiebrados monólogos de Alberti nunca son obra de la improvisación. Está todo perfectamente guionado, aunque usted no lo crea. Y aunque usted no lo crea, jura que Peperino intenta mostrar la faceta humana de los curas.
Mostrar que los tipos son humanos, que juegan al fútbol, a la paleta, que manejan un Honda Civic, porque los he visto, y que tienen una vida más allá de la misa, como todo el mundo. Son personas como cualquiera. Por eso no hay que creer en los curas.
-¿Conociste muchos curas?
-No, muchos no. Nunca me cayeron bien los curas cancheros, ese cura joven, banana, que te hace el entre y te dice: "Che, vamos al cine que después te hablo de Cristo". Pero cuando fue lo de Peperino, los curas no se enojaron. Se enojaron los argentinos del mañana. Me acuerdo que llegaban unas tarjetas con un texto preimpreso, muchas firmadas con el mismo garabato. Llamé a una que tenía teléfono y me atendió una señora. Le dije: "Mire, quiero formar parte de la Fundación Argentina del Mañana, sé que ustedes están haciendo un movimiento para que levanten tal programa, porque ahí hay un tipo que hace de cura y que a mí me resulta ofensivo". "Ah, pero yo no lo vi -me dice la mujer-; a mí me mandan la carta, yo firmo y la mando." Entonces le dije: "Ah, ¿usted no lo vio? Porque yo soy de la Iglesia del Sagrado Felpudo y me siento muy ofendido". Y me dijo algo como: "Sí, sí, ahí el diablo metió la cola, deben estar poseídos".
Peperino Pomodoro (no, no se llama Pomodoro) mutó hace un par de meses en Ulises Petí Muá, el especialista en cierres de transmisión que en el marco del ciclo S´apag La Bombit cierra la transmisión de América 2. Un personaje extraño, enfundado en canallescas batas de satin, sometido a unas pantuflas con forma de leoncitos, peinado a la gomina. Ulises lleva a su máxima expresión el arte que consiste en el manejo irreverente y chiquilín del idioma. "Cómo os encontréis, hermanas, cómo os sentáis", decía Peperino Pómoro. "Buenas noches, y Philippe Junot", saluda Ulises Petit Muá en un francés construido con palabras como échalote y entrecote, echarpe y bibelot.
-Me convocaron para hacer un tipo que hablara a cámara para cerrar la transmisión y dije sí. Cuando me dijeron, pensé: cuánto hace que no se hace el Kenia Sharp Club. Yo ahora hago el Kenia Sharp Club, ¡y me encanta! Se ríe. El cuerpo se le sacude en pequeños saltitos contagiosos. De adolescente, creyó que no iba a llegar a los 27 años. A los 27, creyó que no iba a llegar a los 31. A los 31 pensó que no llegaba a los 33. Y ahí está, con 33.
-De adolescente uno tiene esas fantasías. Me mato, me ahorco, acabo de leer a Goethe, tráiganme un árbol que me ahorco. Pero el romanticismo está, existe. Hoy mismo la vi a Mariquita Valenzuela en la tele ahorcándose con una manguera. Y decís: "Bueno, el romanticismo más allá de Goethe existe".
Empezó a ser actor hace muchos años. Sin vocación y por herencia.
-Yo no laburaba. Tenía una herencia interesante. Se murió toda mi familia y me dejaron todo. Dije: voy al quiosco, y cuando me fui explotó toda la casa. No, no. Mentira. Es una herencia de un pariente lejano, la recibí a los 18 años y la perdí. Lo del teatro lo saqué de la herencia, de no hacer nada. Me levantaba a las siete de la mañana y me iba con tres libros al río y me los leía en un día. Me leía un libro de Camus y dos más, digamos. Soy vago por naturaleza, lo que pasa es que me acostumbraron.
Estudió con Alejandro Urdapilleta y llegó al Conservatorio Nacional con la bandera de la provocación anudada a la cadera.
-Hice una prueba y no la aprobé. Creo que fue Gandolfo el que me dijo: "No, vos no podés ser actor". En la prueba había personas que habían perdido un hijo en serio. Era verdad, y lloraban de verdad, obvio, pero a mí me parece que eso tiene más que ver con la terapia que con el teatro. Y yo me puse ahí y les canté Para el amooor soy un salvaaajeeeee..., de Sandro. Yo sabía que no les gustaba, y seguía: Para el amooor soy un salvaaajeee. Los 50 tipos que estaban esperando se cagaban de risa y los que tomaban la prueba, a las señoras que se les había muerto el hijo, les decían: "Sí, vos tenés pasta de actriz". Yo por suerte no. Además, si te aceptaban tenías que ir todos los días, lo cual yo no pensaba hacer.
-Entonces fuiste a provocar.
-Sí. A confirmar que no iba a entrar.
Provocar es un oficio que disfruta. Sonríe. La sonrisa de Alberti es, más que nunca, unos dientes clavados en un cráneo.
-Para mí, Alcón es el actor que más daño le ha hecho al teatro.
-¿Al teatro nacional?
-Al teatro en general. Con todo el respeto que a mí me merece Alfredo Alcón. Me parece que Alcón llegó a generar la confusión de que él es Hamlet, entre otras cosas. En la tapa de los libros de Losada, en la edición del Hamlet, de Shakespeare, ponen la foto de Alcón con esa calavera y la gente cree que Alcón es Hamlet. Es más, yo creo que si vos leés Hamlet, esa escena no existe. Creo que es un invento de Alcón.
Se podría reír hasta sudar de la mano del humor alienado y psicótico del tal Alberti, pero él no sabe si lo único que quiere hacer en la vida es actuar. -Es un oficio. Yo lo veo como que cambio cueritos, no es más que eso, pero no sé si lo quiero hacer toda la vida. Ojalá que no. Ojalá mañana pueda levantarme y tocar el tonete. Levantarme y decir: "Uy, mirá qué bien toco el tonete". No tengo metas en el trabajo, pero en la vida... me gustaría ser el maestruli. Que suba al colectivo y me digan No, maestruli, por favor, pague de 65, no de 70. Maestruli, ¿me firma? Sí, cómo no. Ser maestruli entre los 70 y los 80 años, porque toda una vida de maestruli, no da.
Una noche de discoteca, Alberti rozó una vez más las alas del azar que lo depositaron, generosas, en las puertas de la tele. Cuando se iba pasó junto a un hombre de mirada furiosa que le gritó Chau, Charly. El hombre estaba actuando y Fabio se dio cuenta. Le siguió el diálogo, actuó con él como se baila con una mujer hospitalaria: se acompañaron, se dieron pie, se entendieron. El otro actor era Alfredo Casero.
-A la tele llegué de casualidad. Pero a todos lados se llega de casualidad, porque estaba pensando, ¿cómo llega Sacha al mundo?
-Perdón, ¿quién?
-Sacha, la hija de Xuxa.
Sacha llega de casualidad. ¿Vos viste cómo la conquistó el marido? El tipo era un modelo que se tiró en paracaídas en la casa de Shusha, de María... cómo se llama... de María Merengues dos Grasas, cayó desde un helicóptero a la Casa Rosada. La casa de Shusha se llama la Casa Rosada, creo que se lo puso después de haber conocido a Menem.
Está grabando junto a Horacio Fontova y otros actores un programa producido por Cuatro Cabezas que lleva por nombre Delicatessen, y que saldrá por América 2. Pero aclara que no puede hablar mucho del proyecto.
-Podés preguntarme cómo lo veo.
-Bueno. ¿Cómo lo ves?
-Lo veo con mucho plush. Lo veo un programa con mucho plush. Cuando yo era chico se usaban los suéteres de plush. Yo tenía uno, que era marrón, con combinación de naranja y blanco, pero lo tuve que tirar porque era de mi viejo y tenía veinte años. Antes no había ropa. Antes no existía otro pantalón que no fuera el jeans azul, no había un jeans de otro color. Y ahora hay. Debe ser como dice nuestro presidente, que estamos llegando al fin del siglo dos mil.
-¿Te enoja este presidente?
-No me gusta. No me gusta el clima que hay. Me da miedo. Fin del siglo dos mil...
Final de juego. En pareja desde hace cuatro años, habitante de Núñez, padre de un hijo de un año y poco, llamado Ciro con C, como él es Fabio con B, espión tenebroso de las estrellitas de tevé.
-Soy caótico, pero trato de poner un poco de orden dentro del caos. Como decía Nietszche, hace falta un caos para poner en el cielo una estrella danzante.
Un lobo genial y peligroso, admirando las travesuras de los gatos en un callejón de lujo.
Texto:Leila Guerriero
Fotos: Ruben Digilio
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