
El Tango, primero en Broadway
Un espectáculo de música y baile porteño que desde hace unos años recorre el mundo está ahora al tope de recaudaciones en Nueva York. Su director, Luis Bravo, dice que hay gran avidez por el género y confiesa que con sus dos compañías factura treinta millones de dólares por año.
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NUEVA YORK.- Por primera vez, un espectáculo musical cuyo argumento central es el tango ocupa el primer puesto en la taquilla de Broadway.
El show, Forever Tango , está en cartel en Nueva York desde el 18 de junio. Comenzó con un contrato pequeño, que ya fue extendido dos veces, y ahora es seguro que continuará en cartel hasta el 4 de enero de 1998.
La cita de la Revista para hablar con el director, Luis Bravo, estaba programada para las seis y media de la tarde en el teatro, el Walter Kerr. Mientras la espera se prolongaba, se podía ver a los 26 integrantes de la compañía turnándose para arreglarse en un único y diminuto camarín. "Ya estamos acostumbrados a estas corridas", dijo el cantante Carlos Morel, que saltó de Grandes Valores del Tango al Primer Mundo.
Luis Bravo es santiagueño, más precisamente de Añatuya. Tiene 41 años, y en la Argentina es menos conocido que en los Estados Unidos. De rasgos aindiados, tez morena y pelo oscuro y largo que termina en una colita, Bravo se viste sencillo: camisa abierta, jeans y sandalias. Llega sofocado por las incesantes entrevistas que debe conceder. Es amable -pese al cansancio acepta las fotos-, pero no es un hombre de demasiadas palabras
-¿Broadway es más fácil que la avenida Corrientes?
-Es otra cosa. Yo todavía no quise llevar este espectáculo a la Argentina. En nuestro calendario, Broadway era la hoja que nos quedaba. Desde hace tres años venimos recorriendo el mundo, y las críticas nos acompañaron casi siempre. Yo creo que Broadway es la que decide sobre la historia de un show, aunque nuestra compañía ya había escrito su historia antes de esto.
-Pero triunfar en Broadway es diferente...
-Sí, pero depende para quién. Para mí, éste es un escenario más, y yo, internamente, nunca tuve dudas del éxito, porque veníamos bien respaldados.
Desde el día en que dejó Añatuya, a los ocho años, todo en la vida fue trabajar duro y estudiar. Nadie le regaló nada, como sucedió siempre en su familia. Su padre -fallecido en 1995- y su madre fueron maestros rurales. Su única hermana es médica y trabaja en Buenos Aires. "En mi vida sufrí dos exilios. A los ocho y a los 23, cuando me vine a los Estados Unidos. Claro que el último lo elegí yo, pero porque no tenía otra opción. Yo quería ser mejor. Estudiar y progresar..."
-¿Cómo era tu vida en la Argentina?
-Yo estudiaba violonchelo en el Conservatorio Municipal, en Buenos Aires, y llegué a trabajar como músico profesional, con la guitarra. El chelo lo toqué a los 21, en la Sinfónica Nacional.
-¿Te importa que tu nombre y el del espectáculo digan poco y nada a los argentinos?
-No quisiera parecer contradictorio. Si bien me importa que lo que hago se difunda allá, no me inquieta el hecho de no ser conocido, porque este espectáculo ya ha recorrido los Estados Unidos, Europa y Japón. Tal vez algún día llegue a mi país, pero yo no soy de esos que levantan el teléfono para pedir una nota. El artista trasciende por su obra, no por lo que dicen de él. Si mi obra es lo suficientemente importante, caerá de madura. El haber pasado la mitad de la vida fuera del país te inculca otras formas, aunque las raíces perduren. Yo soy una persona de tomar riesgos muy grandes. Abandonar el país y los afectos tan joven y llegar aquí sin nada son cosas que demuestran que siempre me la jugué por mi profesión. Nunca pedí nada.
Cuando toma algo más de confianza, Bravo deja entrever que la indiferencia con que habla de su falta de renombre en su país no es tal. Por cierto, le gustaría que la situación fuera distinta y, además, está un poco receloso porque sabe que lo poco que se dijo sobre Forever Tango en Buenos Aires no fue muy positivo. También sabe que Corrientes, algún día, será una prueba de fuego. No importa cuándo.
"Me he hecho una promesa, y es que cuando vaya a la Argentina a exhibir el show donaré las recaudaciones al hospital Castex, donde trabaja mi hermana. Yo no necesito hacer dinero en mi país -señala, dejando entrever que las cosas no le van nada mal afuera-. Pondremos precios accesibles para todos y el público apoyará la idea de donar la recaudación", especula.
-Cada noche, mil personas ven aquí Forever Tango y salen del teatro con ganas de bailar. ¿Cuál es el secreto?
-Lo fundamental es innovar, porque al estar tantos años haciendo algo hay que librar la lucha contra la rutina. Cada semana el show se va modificando. Los artistas evolucionan, improvisan, adquieren más confianza en sí mismos. Por otra parte, Nueva York está sensibilizada con el tango. No estoy muy equivocado si digo que cualquiera que venga con una propuesta milonguera tendrá éxito.
-¿Estás diciendo que cualquiera capaz de hacer ochos y quebradas se llenaría de plata en Broadway?
-Bueno, alguien con cierta experiencia, como nosotros. Pero también hay que tener en cuenta que nuestro show fue el único que se estrenó en el verano norteamericano, cuando nadie se anima a debutar en Broadway. Forever Tango no tuvo competencia con otras obras nuevas, y lo que podía ser algo negativo se transformó en un gran éxito. Hoy en día, y toco madera, es el show que más entradas vende en Broadway.
-¿Cómo empezó Forever Tango ?
-Bueno, nosotros empezamos en 1990, como una aventura, por ocho ciudades de la Costa Oeste de los Estados Unidos. Hicimos un mes de gira y el suceso artístico fue muy importante. Reanudamos un par de años más tarde, y en 1994 alquilé un teatro en Beverly Hills. Desde el 10 de junio de ese año hasta este momento no paramos de presentarnos en todo el mundo. Hacemos ocho funciones por semana a lleno total.
Cuando, a los 23 años, Bravo llegó de Buenos Aires se instaló en Los Angeles. Allí la suerte le hizo un guiño y pasó a formar parte de la Filarmónica de la ciudad, con su chelo al hombro. El, risueño, recuerda que en sus primeros tiempos en tierras del Tío Sam escuchaba que decían a sus espaldas: Mirá a ese negrito qué bien que toca... Después pasó a integrar la formación titular de la USASymphony, con Zubin Mehta y otros grandes maestros.
Era un chico solitario, condición que terminó abruptamente en 1991, cuando se casó con Miriam Larici, una argentina que actúa en Forever...
-Además de ser el director y el marido, ¿qué otra función cumplís dentro del show?
-Bueno, no es poco. Pero además soy el productor, el que decide el vestuario, la iluminación, la orquesta, la pose de un artista, la costura de un vestido... Todo. Pero tengo ocho asistentes para ayudarme. Si me sintiera omnipotente, sería un fracaso como artista.
Tan bien le andan las cosas, que Bravo tiene no una sino dos compañías: una en Nueva York y otra itinerante. El viaja cada dos días, de una costa a la otra. "La segunda compañía la armé en 1995, porque los compromisos comenzaron a sucederse en forma incesante y no dábamos abasto. Y nos fue bárbaro: en Londres, en el 95, fuimos nominados para el premio Lawrence Olivier, y en el 96, casualmente para el 9 de Julio, recibimos en Italia un premio en el Festival de Spoletto, donde por primera vez aterrizaba el tango."
-¿Qué significa tener dos compañías?
-Mucha responsabilidad, sobre todo porque yo represento a una empresa que da trabajo a cien familias de artistas argentinos, entre bailarines, cantantes y músicos. Cada una de las treinta parejas de baile que han pasado por Forever Tango ha ido cambiando con nuestra evolución y con la del show. Permanentemente estoy mezclando parejas de las dos compañía, para hacer que la evolución esté siempre viva y para que todos tengan la oportunidad de actuar en Broadway.
-Supongo que los dividendos deben ser más que jugosos.
-Por las dos compañías, estamos superando un ingreso de treinta millones de dólares anuales.
-Después de Forever Tango , ¿qué?
-Estoy volviendo a mi carrera de chelista, estudiando cuatro horas diarias. Tengo programados conciertos y he abierto mi propio sello discográfico para grabar música argentina.
Son las ocho en punto. La sala está repleta. El público norteamericano, normalmente frío, se muestra excitado. En el escenario se alcanza a divisar la silueta de un bandoneón enorme. Por un par de horas, Buenos Aires pisará fuerte en pleno corazón neoyorquino.
Javier Firpo
Fotos: Miguel Rajmil





