El tenedor: ¿pilar de la civilización Occidental?

Es una de los utensilios más utilizados por nuestra cultura y, también, el más obviado. Acá hacemos un repaso de su historia. Por Alejandro Maglione
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7 de octubre de 2010  • 16:19

Pensando

Siempre se dice que la cultura está construida más sobre muertos que vivos, y una cosa lleva a la otra, hasta que reflexioné sobre la cantidad de objetos y artefactos que forman parte de nuestra vida cotidiana sin que le prestemos demasiada atención. Y allí apareció en mi mente la imagen del tenedor, del que quizás el único tributo que hemos escuchado está en esa canción mexicana que dice: "¡no me mates con cuchillo, mátame con tenedor!" (ya sé, ya sé: vuelvo a dar pistas de mi edad, a pesar de mis infructuosos intentos por querer ocultarla).

El mundo

Para cualquiera de nosotros el tenedor es un elemento tan habitual, que hasta hay una suerte de kits para camping o picnic que se compone de los tres cubiertos fundamentales: cuchara, cuchillo y tenedor. Pero si miramos el total de la población mundial nos damos cuenta que el uso del tenedor no es tan masivo. Los chinos y pueblos orientales en general comen con palillos, y se sabe que por razones higiénicas el gobierno de China está intentando popularizar el uso del tenedor en la población.

Tanto en los países árabes, de tradición nómade, como en la India, comer con la mano sigue siendo un hábito generalizado. Es más, en la India, la derecha es la mano "social", porque se usa para comer, además de saludar. Pero la izquierda se suele utilizar para otros menesteres higiénicos, que hacen aconsejable evitar el contacto con la misma. Es decir, que, si hacemos números rápidos, miles de millones de habitantes de nuestro planeta ignoran el uso del tenedor, o directamente no lo prefieren.

Historieta

La historia del tenedor se conoce con cierta precisión a partir de que llega a Europa. A pesar de su sencillez, comparémoslo con la utilización de la rueda por el hombre: un diseño increíblemente sencillo, que le llevo al hombre miles de años incorporar como el mismo sencillo principio de la rueda. Así que no debe sorprendernos que el tenedor recién llegue de Bizancio en el siglo XI a la admirada Venecia.

Pero yerra el viscachazo en su ingreso al mundo europeo, porque llega en un momento en que, según cuenta Jacques Le Goff, esos europeos comían en grupos, de los mismos tazones, con escudillas en sus manos, y compartiendo las copas. El tenedor se instala en el siglo XVI cuando se establece la individualización de las maneras en la mesa. Y también se diferencia del Oriente de la comida servida en pequeños trozos, con la presencia del pan en la mesa.

Los pobres de Europa continúan con sus cucharas de madera y toscos cuchillos, que usaban en vasijas de barro cocido, que usaban para guisar.

Griegos y romanos

Los griegos y los romanos, afectos a comer recostados en lo que denominaban triclinium se servían de unos larguísimos pinches para aproximar la comida a sus platos y luego avanzar sobre ellos con sus manos. Lo que ocasionaba un gasto extra de sirvientes que constantemente circulaban por la sala con elementos para facilitar el lavado de las manos. Pero eran lo suficientemente civilizados para comer cada uno con su cuchara, cuchillo, mondadientes y copa. La copa la llenaban los sirvientes con una cuchara larga de mango curvado que se denominaba kyathoi y que accedían a los afamados vinos de Tasos, Quíos, Rodas, Lesbos o Gnido, de moda en aquellos tiempos.

Los ingleses

Eduardo I de Inglaterra recibe cientos de cuchillos de regalo de los gremios que los fabricaban, sofisticados por sus mangos de marfil, mármol o plata, y solo media docena de tenedores, que obviamente no fueron utilizados por estar todavía en el siglo XIII. Hubo que esperar a que en 1610 el viajero Thomas Coryate lo usara públicamente, no sin antes soportar que sus amigos los llamaran Furcifer, que surge de combinar las palabras forchetta y Lucifer.

Demonizado

El pobre tenedor, además hubo de sufrir la resistencia de la omnipresente Iglesia Católica, que en el medioevo no dejó de pasar por alto que estaban en presencia de un instrumento del Demonio, al fin y al cabo, decían, para algo Dios nos había dado los dedos. La mejor prueba la aporta Pedro de Amiens, que cuenta que una dama bizantina, la princesa Teodora, esposa de Doménico Selvo, uno de los hijos de Pedro Orseolo, entonces dux de Venecia, se servía la comida con una pequeña horquilla dorada. Pero en el 1005, esta dama desafiante, muere a causa de la peste, con lo que el tenedor volvió a la cola de los inventos a ser utilizados por el hombre.

Golillas

Quizás debamos a la moda de usar golillas, esos baberos enormes, terminados en complicadas puntillas, a que el tenedor se haya abierto paso, porque evitaba al extremo que esta incómoda prenda se ensuciara al llevar los alimentos a la boca con la mano.

¡Peligro! Fue Luis XIV el que advirtió que los banquetes de la corte, repletos de caballeros con cuchillos puntiagudos, era muy peligroso, y ordenó la manufactura de cuchillos con la punta redondeada, tal como los conocemos hoy. Y ya que estaba, prohibió el uso de los puntiagudos tanto para comer como para usarlos durante los paseos.

Pero la demora en la popularización del uso del tenedor en la corte francesa, a pesar de los esfuerzos de Catalina de Médicis o Clemencia de Hungría, quizás se debiera al uso que de él hiciera Enrique III, un hombre de sexo vacilante, que iba y venía de tenedor en mano, rodeado por sus amiguetes denominados mignons. La nobleza, supongo, se dijo: "el que usa tenedor es un mignon…" y ya se sabe que esto del machismo no es una novedad del siglo XX. El que pagó los platos rotos fue el tenedor. A tal punto cundió la mala impresión, que recién al final de su vida, Luis XIV incorporó al dentudo instrumento para llevar su comida a la boca.

España

En la época de los Austrias los españoles no eran muy amantes del tenedor. Quizás la aparición de Felipe V de Anjou, Borbón educado en Versailles, entre las muchas modificaciones que introdujo al modo austero de los reyes españoles, es posible que en su renovado palacio de la Granja, en Segovia, a las copas traídas de Italia, y las pinturas y tapices flamencos, haya incluido el tenedor entre sus cubiertos.

Redondeando

El Occidente del Renacimiento se diferencia del vagamente llamado Oriente, por sus catedrales, sus universidades, por haber creado el soneto, ¡y usar el tenedor!, dicho con cierta ligereza. Pero la mejor síntesis la hace Ralph Linton en su obra Estudio del hombre, y explica así la herencia que recibe el hombre moderno en materia de cubertería:

En el restaurant le espera toda una serie de elementos adquiridos de muchas culturas. Su plato está hecho según una forma de cerámica inventada en China. Su cuchillo es de acero, aleación hecha por primera vez en el sur de la India. Su tenedor es un invento de la Italia medieval y su cuchara un derivado de un original romano.





Miscelánea restauranteur. Para los que escribimos sobre estos temas de la gourmandise, es inevitable que alguna vez hayamos soñado con poner el restaurant ideal. Creo que encontré ese restaurant ideal, se llama Sette Bacco, ubicado en Agüero 2157. La preocupación de Daniel Hansen, su dueño, un jujeño descendiente de daneses, por ofrecer una comida italiana casera 100%, me recordó al inolvidable Roque regenteando su Casona. Un dato no menor, el lugar, siempre lleno, tiene entre sus clientes habituales nada menos que al maestro Jean Paul Bondoux, que se prodigó en elogios sobre el lugar. Sus ñoquis de sémola a la romana; los capellettis de pollo; la polenta con pulpetines; el osobuco de larga cocción acompañado de un risotto de azafrán, me recordaron mucho a la comida de mi casa. El servicio impecable. Y con salones en el primer piso, más una terraza que tientan a volver con las noches más templadas. Ah, y los precios, de esos que no asustan a la gente mayor, ¿vió?



Miscelánea cafetera. Que los argentinos en general, y los porteños en particular, nos hemos refinado en el gusto por el buen café, y apreciamos las distintas variedades que hoy ofrece el mercado, ya no es un secreto para nadie. Pero lo que ha hecho Nespresso de hacernos conocer su Coffee Codex, que es una suerte de manual para que los aspirantes a expertos sepan los pasos precisos que hay que dar a la hora de ‘catar’ un café, e identificar las mejores combinaciones de acompañamiento con cada producto, es un aporte valiosísimo. Luisa Weber, CEO de Nespresso, actuó de magnífica anfitriona en el Espacio Dolli, si bien algunos notamos que el próximo desembarco de su compañía en Chile, le estaba cobrando un duro precio en forma de cansancio. ¡A cuidarse Luisa!



Miscelánea enológico-festiva: Los amigos de Wines of Argentina, con la presidencia del incansable Lic. Alberto Arizu, hicieron el lanzamiento de una movida que consiste en declarar al 11 de abril como Día Mundial del Malbec. Una buena idea de que sea Argentina la que se apropie de este día, ya que es una forma de recordar que fue en nuestro país que la cepa adquirió prestigio internacional. En Mendoza no dejan de estar con la pupila atenta en Chile, porque ven que las hectáreas plantadas de esta cepa vienen creciendo año a año, no es difícil imaginar que están planeando…Así que habrá lanzamientos en capitales como New York y Londres, entre otras, y es de esperar que se logre que cuando se hable de Malbec se piense en nuestro país.

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