
Elena Roger: gracias a la vida
A los 31 años, la actriz, bailarina y cantante será Eva Perón en la ópera Evita, de Andrew Lloyd-Webber, en su nueva versión londinense. Fue elegida entre muchas de sus colegas y será la primera vez que una argentina interprete este papel
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Hay que tener esa cara de ángel para que te dejen subir al avión con un pasaje que falsea tu destino final. No es difícil imaginarla –el cutis de muñeca, la melena rojiza, los enormes ojos azules y esos modales de persona educada–, en el aeropuerto de Ezeiza, entregando tranquilamente el pasaporte auténtico y el boleto engañoso, sin despertar en nadie la menor sospecha. El documento de identidad no miente: la pasajera se llama Elena Roger. Pero el ticket asegura que se dirige a Londres, sólo por decir algo comprensible para la burocracia de migraciones. En verdad, a sus 31 años, esta chica argentina del barrio de Barracas va a un sitio más lejano, a un lugar que, de puro inédito, no figura en los mapas. Ella vuela hacia la consagración internacional como cantante, bailarina y actriz en la nueva versión de la ópera Evita, el musical de Andrew Lloyd-Webber y Tim Rice, que a veinte años de su creación vuelve a los escenarios londinenses, el 21 de junio próximo. Mientras el resto del pasaje se desplaza en el espacio, ella viaja en el tiempo: al final del trayecto, ellos descenderán en el aeropuerto de Londres; ella, en la Argentina de Eva Perón, a quien habrá de componer, con la dirección de Michael Grandage.
Es sencillo pensarla, con su cuerpo minúsculo, hundida en el asiento del avión, respirando como le han enseñado en las clases de yoga que tanto la apaciguan, entregada al vaivén de las sensaciones y los recuerdos que una tarde de marzo confió a la Revista en aquel bar de Belgrano y Bolívar. Llevaba musculosa verde, el rostro desnudo de maquillaje y un bolso cargado con los libros que devoraba entonces, famélica de datos sobre Evita y sus circunstancias. Se la veía entusiasmada, pero libre de esa embriaguez que le produciría a más de una el galardón de ser la primera argentina que encarnará a Eva Perón en Inglaterra, tras haber disputado el papel con talentosas colegas internacionales, en el casting que realizó Webber.
–Lo interesante de los artistas es que nadie interpreta un papel del mismo modo que otro –dijo–. Yo voy a interpretar a Evita desde mi lugar. Ahora estoy buscando información, pero después no voy a intelectualizar tanto, porque mi función no es escribir una obra con lo que me guste, sino interpretar una obra que ya está hecha. Yo voy a proponer, y por eso es importante tener información, para poder dar opciones, pero el director me dirá por aquí sí, por allá no.
En la monotonía del viaje tendrá tiempo para pensar en todo eso y en muchas cosas más. Recordará, por caso, la insistencia con que la prensa argentina le preguntó sobre la polémica que en su momento despertó la obra que presenta a Perón como un dictador y a Eva como una prostituta. Al evocarlo, Elena se dirá lo que respondió entonces: que, según Webber, la versión 2006 tendrá cambios, porque ahora tuvo acceso a datos que ignoraba a mediados de los 70; y que ella, por su parte, buscará interpretarla con todos sus matices.
Algo de eso me había contado mientras bebía agua mineral en el bar de San Telmo:
–Me encantaría mostrar la versatilidad de Evita, porque es eso lo que hace que unos la amen y otros la odien. Quisiera componerla como un ser humano, con sus defectos y virtudes. Más que Evita en sí misma, me conmueve el vínculo que tuvo con el pueblo.
De esa relación entre Evita y el pueblo peronista sabe bien su familia paterna. Oriundos de Gales, los Roger emigraron a la Argentina y se instalaron en la Patagonia:
–Mi abuelo Enrique era un empleado del correo de General Roca. El era peronista. En la época de Perón pudo comprarse una casa, y estaba agradecido, pero lo que más le impactaba era que, para Navidad, al correo llegaban paquetes con regalos y juguetes para los indígenas de la zona. La gratitud hacia Perón y Evita de la gente que dice que por primera vez en su vida tuvo la sidra y el pan dulce es absolutamente real. Muy peronista era mi abuelo Enrique... La familia de mi mamá, en cambio, era tana y socialista. Ellos no eran muy amigos de Perón...
Al evocar la rama italiana de sus antepasados, dará un respingo en el asiento del avión, porque ésa es gente que ha venido al mundo para beberse la vida a borbotones:
–Hay un tío, nacido en Italia, que vive en la Argentina desde los veintipico y es pintor. De chica, lo veía fascinado con sus discos de ópera y cantando de la mañana a la noche...
El recuerdo del tío, al que define como "un bohemio", le traerá el de la abuela:
–Mi hermano tenía un cuarto propio, pero mi hermana y yo dormíamos en la recámara grande, junto con la Nona. A la noche, ella se ponía camisones lindísimos y nos contaba cosas, cantaba y bailaba. Tal vez por ese desparpajo que tenía la Nona es que una se anima a ser así, a subir a los escenarios, a mostrarse frente al público....
Los hechos demuestran que Elena se atrevió a más. Cuando estaba pensando en virar de la comedia musical hacia el teatro de texto, su amiga Ana Moll, empleada en la productora de Webber, le habló del casting para Evita y ella se dijo ¿por qué no? Echó mano de sus discretos ahorros, sacó un pasaje, y partió para Londres. Un DVD de su espectáculo Mina... che cosa sei? le abrió la primera puerta hacia el casting, que le exigió viajar otras dos veces a Inglaterra y en el que obtuvo el protagónico.
Por amor al arte
–Mi mamá a veces dice: "Ay, esa chica que te quiso llevar... Yo estoy muy orgullosa de lo que te está ocurriendo, pero... voy a sufrir tanto cuando te vayas..." –se reía Elena durante la entrevista, en la que habló más de sus padres que de la propia Evita. Los ama y les profesa gratitud porque "de chica me dieron la oportunidad de estudiar danza, y cuando dije que quería dedicarme al canto y la actuación me apoyaron". Lo decidió apenas terminada la escuela secundaria:
–Yo creo que en este país, con cualquier cosa que estudies, te puede ir bien o mal –explicó–. Antes, si eras doctor, te iba bien; ahora, podés estudiar seis años para ser médico y después no ganar un peso... Razoné así: haré lo que me gusta, porque si me llega a ir bien, genial; y si me va mal, pero soy feliz con mi trabajo, al menos tengo algo positivo. Además, creo que si uno se dedica a lo que le gusta tiene más chances de progresar, porque lo encara con pasión.
Y así fue como su madre, Romilda, a la que todos llaman Mimí, se puso a investigar y acabó aconsejándole que se inscribiera en el Conservatorio de Música Manuel de Falla.
–Yo admiro cómo mis padres pudieron con todo esto sin tener nada que ver con el mundo artístico. Mi papá estaba empleado en una empresa que vendía caucho. A mi mamá le encanta el cine y admira a las buenas actrices. Ella siempre me decía: Elena, vos tenés que leer, porque las actrices hablan bien, son educadas y tienen conocimientos sobre un montón de cosas... Tuve suerte de que mis padres no cuestionaran mi elección profesional.
Para el papá, Ricardo, aquel silencio no fue fácil. Elena tardó años en enterarse, y al narrarlo se le escapan las lágrimas:
–A la salida de una función de Mina... me encontré con dos ex compañeros de trabajo de mi papá. Nos pusimos a conversar y uno de ellos me dijo: "Pensar que tu papá venía al trabajo preocupado y me decía : Estoy en problemas, ¿sabés que la menor de mis hijas quiere ser actriz?". Yo me largué a llorar, porque mi papá jamás me había contado que para él era un problema. Jamás, jamás, jamás. Y eso se lo agradezco con el alma, porque si me lo hubiera dicho yo lo habría vivido como una traba. El se calló para no dañar a la hija que estaba buscando su camino. A mis papás los adoro; ellos me dieron todo para que pudiera ser libre.
La hija de Ricardo que buscaba el camino lo encontró con creces. Muchos éxitos pasaron desde su debut profesional en El jorobado de París II, de Pepito Cibrián, pieza a la que llegó por la vía de un casting que duró treinta días. Y ahora que el avión la lleva hacia la vidriera internacional, no se asusta, porque lleva metido en la mollera el talismán que le dio su mamá cuando tuvo que someter su voz al juicio de los autores de Evita, en una sesión de sábado, en el living de la casa de Webber.
–Ay, mami, tengo que cantar frente a Webber...–balbuceó Elena, por teléfono, desde Londres.
–Elena, vos pensá que esa gente también va al baño– dijo Mimí, en Buenos Aires.
Don’t Cry
Protegida por esa armadura, Elena se plantó frente a los popes de la comedia musical y entonó: No llores por mí, Argentina..., con arreglo de tango, como le pidió Webber. El resultado es conocido: Elena Roger está a punto de alcanzar la cima profesional. En algún punto del viaje hacia esa altura, pensará en su carrera después de Evita. Y arribará a la misma conclusión que en el bar de San Telmo:
–Sé que hay un tiempo en el que uno es muy requerido, pero ese tiempo pasa. Lo importante es que siempre voy a seguir siendo una artista, siempre voy a querer subir a un escenario. Y si después de Evita tengo que hacer un papel menor, mientras me guste hacerlo va a estar bien. Nunca hay que hacerle asco al trabajo...
Al escucharla, sorprende que tenga los pies en la tierra, tan firmes, cuando acaba de llegar allí arriba, a protagonizar Evita, en inglés y en Londres.
–Es que a mí no me parece que haya llegado arriba... –dijo, asombrada del asombro de esta cronista. –¿Qué es llegar?, ¿adónde hay que llegar? Lo que me está pasando es buenísimo, y ojalá pueda aprovecharlo. Pero a menudo me pregunto por qué me tocará vivir esto, qué tendré que hacer con toda esta riqueza... Eso es algo que tengo que descubrir, y creo que las respuestas las voy a encontrar en las cosas mínimas y no en las enormes, como que voy a trabajar con Webber o de que tal vez vaya a verme Madonna o la reina de Inglaterra. Ojalá que pueda estar centrada para saber qué es lo que tengo que recibir de esta experiencia y qué es lo que tengo que dar como retribución por todo lo me está regalando el universo.
Asistente: Natalia Medina. Peinado: Pino, Leo, Lina, Talcahuano 1186, Cap. Fed., Tel 4811-9510. Maquillaje: Linde Wilson p/ Espacio de Maquillaje, Luz Olivieri, 15-4429-3663.
Agradecemos especialmente al Hotel Alvear por la colaboración prestada para la realización de la nota.
Perfil
Nombre: Elena Roger.
Edad: 31 años.
Debut teatral: El jorobado de París II, de Pepito Cibrián.
Teatro: Los Miserables, Jazz, Swing, Tap, Mina... che cosa sei?, La Fiaca, Fiebre del sábado por la noche, Houdini, entre otros.
Televisión: formó parte de los elencos de Floricienta y Hombres de honor.
Cine: La suerte está echada, de Sebastián Borensztein; La insoportable voz humana, corto de Valeria Ambrosio.
Premios: Mina... che cosa sei?, en la que fue protagonista y coautora junto con la directora, Valeria Ambrosio, obtuvo cuatro premios ACE (entre ellos, el de Mejor Actuación Femenina en Musical, para Elena) y el premio Clarín 2004 al mejor musical del año.
Su familia está compuesta por sus padres (Ricardo y Mimí), un hermano y una hermana. Está de novia con el músico Javier López del Carril.
Despedida: antes de partir de la Argentina, presentó Elena en concierto, una recorrida por los temas clásicos del rock nacional.
Evita
Creada en 1975 por Andrew Lloyd-Webber y Tim Rice, la ópera rock Evita fue llevada al cine por Alan Parker, con Madonna en el papel principal. La nueva versión del musical, que se estrenará en el teatro Adelphi, del West End, en Londres, el 21 de junio próximo, tiene un costo que supera los siete millones de dólares y la particularidad de estar protagonizada por una cantante, actriz y bailarina argentina, Elena Roger. Con dirección de Michael Grandage, contará con Philip Quast como Juan Domingo Perón y Matt Rawle en el papel del Che, que según se ha adelantado, a diferencia de lo que ocurría en la versión original, no estará referido a la figura de Ernesto Guevara, sino que será un símbolo de los integrantes del pueblo argentino.






