
Emir Kusturica: circo, cine y música
El director de Tiempo de gitanos llegó para sacudir a Buenos Aires con su banda de música circense Zabranjeno Pusenje. Unos días antes, en Belgrado, habló con la Revista sobre sus películas, los gitanos, las telenovelas y la controvertida situación en su país
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Emir Kusturica dirige un circo en el que se puede hacer de todo menos fumar.
Para llegar a su carpa en Belgrado, es necesario atravesar unos kilómetros boscosos que podrían encontrarse en la cordillera patagónica. El paisaje es tan diferente a la capital yugoslava que no se puede evitar preguntar al taxista si se necesita pasaporte para entrar en el barrio de Kosuknjiak. Una vez allí, la casa se identifica fácilmente porque la puerta está abierta y en la pared del fondo hay un gran afiche de la película Underground.
Emir Kusturica -que prometió decenas de veces la entrevista y por supuesto otra vez la había olvidado- casi muere al descubrir a la periodista que lo espera en el sillón del estudio. Ni siquiera evita un "¡Oh, no!" Pide quince minutos de tregua, pero apenas se toma cinco y, mientras enciende un puro cubano, empieza a hablar de gitanos, novias, circos y complejos.
-Tuve la suerte de ver cómo filmaba su película Gato negro, gato blanco, y me llamaba la atención que, cuando terminaba cada jornada, todo el staff gritaba de alegría. ¿El cine es, para usted, un trabajo como cualquier otro?
-Si se entiende el cine como un trabajo que forma parte de una industria, entonces hay que pensar que éste no es un medio para expresar tus emociones, tu visión de la vida y las cosas, y todo lo que sentís en general. El cine es una profesión, desde luego, pero también es un desafío y, en ese sentido, algo más que un trabajo ordinario en una vida ordinaria.
Creo que Gato negro, gato blanco representó un gran momento de catarsis en mi vida; y el final fue lo mejor del proceso. Todas las películas que hice fueron muy dificultosas, tuve muchos problemas haciéndolas, pero al final todas las cuestiones terminaron resolviéndose y yo me sentí el hombre más feliz del mundo.
-¿Cuántas veces dijo que nunca volvería a filmar otra vez?
-Lo digo cada vez. Porque es un trabajo profundo que -como dije antes- desemboca en una especie de catarsis, en la cual el mundo idealista del realizador lleno de emociones choca contra un mundo realista en el que hay que resolver problemas de dinero, tiempo, espacio. Por esta especie de pesadilla que se genera, realmente cuando termino pienso que nunca voy a volver a filmar, pero por suerte no cumplo mis promesas y siempre empiezo de nuevo.
-¿Sobre qué tratará su próxima película?
-Se trata de un serbio de unos 50 años que está solo porque su esposa lo abandonó y su hijo se fue a la guerra y fue capturado por los musulmanes. Entonces, a este hombre le entregan una mujer musulmana para que la vigile con el fin de intercambiarla, más adelante, por su hijo capturado. Pero con el transcurso del tiempo el hombre y la mujer se enamoran. Entonces el hombre estará frente al dilema de cómo reaccionará cuando algún día deba intercambiar a su amada musulmana por su hijo.
-¿Qué prefiere: ser actor, director o músico?
-Ser músico es lo mejor porque es lo más fácil. Y no soy verdaderamente un actor.
-Pero usted actuó en algunas películas.
-Sí, pero eso responde a mi naturaleza, soy muy curioso y me meto en muchas cosas que la gente normal no se atreve a hacer. Por esta razón no me considero un actor, sólo quise probarlo.
-¿Escribió guiones?
-Sí, también.
-¿Por qué siempre aparecen novias que vuelan y bodas en todas sus películas?
-Lo de las novias y las bodas... Probablemente estos motivos representen -como ceremonias- los momentos más tristes para la gente de este país, algo que te sacude de manera profunda. Recurro a estas imágenes a manera de motivos pictóricos simples como aquél. (Kusturica señala un póster que está a sus espaldas, en el que una novia vuela por sobre las cabezas de los comensales de la fiesta de bodas. Es una imagen de su película Underground.) Son motivos como los que inspiraron al pintor Marc Chagall.
-¿Hay actores con los que nunca trabajaría?
-La verdad, no lo creo. Todos los que trabajaron conmigo han sido felices.
-¿Qué le atrae de los actores sin experiencia?
-Esa combinación de sinceridad y de aspecto gracioso y divertido que tienen. Y de esta manera me siento más como un pintor que como otra cosa.
-¿Es también pintor?
-No. Pinto como puede hacerlo un director de arte.
-¿Qué piensa sobre las telenovelas latinoamericanas, tan populares en Europa y otros continentes, pero a las que mucha gente desprecia?
-Yo no desprecio nada, tampoco las telenovelas. Creo que son un fenómeno antes que arte. Pero en su manera especial de ejercer el melodrama, demuestran qué cerca está la gente balcánica de la latinoamericana, qué cerca está su paganismo, su manera de ver la vida; puede que sean un punto de encuentro entre ambas culturas.
Todas estas series -sean norteamericanas, latinoamericanas, italianas- tienen ciertos elementos en común o hasta estereotipos. Pero en el caso de las latinoamericanas creo que tienen una especie de maquinaria más sincera que hace que la gente libere sus sentimientos con ellas.
-¿Cuál es el punto de encuentro entre usted y el realismo mágico?
-En Tiempo de gitanos tuve que utilizar el realismo mágico para preservar la dignidad de la gente a la que representaban los personajes. Deseaba salvar la dignidad gitana. Quise representar a gitanos que viven en la miseria, pero desean salir de ella.
-¿Le gustan los gitanos?
-Muchísimo. Porque cuando hacés una película con gitanos siempre te oís y te ves más humano.
-Mucha gente en la Federación Yugoslava se enoja porque dice que usted hace llegar al mundo una imagen distorsionada del país, y que por su culpa la gente cree que aquí sólo viven gitanos.
-¡Bueno...! Se puede tratar de la gente joven que ha sido mal influenciada por Occidente. La verdad es que hice ocho películas y sólo dos son sobre gitanos. Pienso que en realidad estos jóvenes se sienten como gitanos aunque es lo que más detestan ser en el mundo. Acomplejados.
-¿Alguna vez le pidió un autógrafo a alguien?
-Sí. Ahora recuerdo que se lo pedí a Joe Strummer, el cantante de los Clash.
-¿Lloró alguna vez en el cine?
-Sí, pero contadas veces.
-¿Recuerda la última vez?
-Fue con la película brasileña Estación Central. Me conmovió.
-¿Cómo definiría la música de su banda, Zabranjeno Pusenje (Prohibido Fumar)?
-Es un circo de música o música para ser tocada en un circo.
-Da la impresión de que siente algo especial por los circos.
-Sí, es cierto. Sucede que las señales más fuertes de mi juventud y de mi vida llegan de allí.
-¿Para quién toca Zabranjeno Pusenje, para la gente que va a los kafanas (bares baratos) o para la gente de las raves (fiestas con música tecno)?
-Para los del kafana.
-¿Qué espera encontrar en la Argentina cuando llegue allí con su banda?
-Quiero ver gente que sepa cómo ir dentro de la música de manera abierta y libre, y estoy seguro de que voy a encontrarla.
-¿Cómo es su relación con los críticos? ¿Puede soportar con estoicismo cuando critican su obra?
-A veces. Pero en realidad nosotros somos como ellos. Creo que no existen grandes diferencias entre un realizador y un crítico, no somos menos bastardos que los críticos.
-¿Qué lo llevó a declarar, en 1999, cuando la OTAN bombardeaba Yugoslavia, que deberían poner a todos los albaneses en un avión a Hawai y que no deberían regresar más?
-No fue eso lo que dije. Yo sugerí que con el dinero que la OTAN usaba para bombardear sería mejor que pagaran a los albaneses un viaje a Hawai para que se pudieran relajar un poco.
-¿Es cierto que retó a duelo a un político serbio porque éste lo llamó bosnio asesino?
-Es verdad. Fue al principio de la guerra (1991/92) cuando él quiso expulsar a todos los croatas del Parlamento serbio. Pero no aceptó el duelo.
-¿Cómo declinó su invitación?
-Dijo que no quería hacerme terminar como Alexander Pushkin, uno de los mayores poetas rusos, que murió en un duelo por defender el honor de su ambiciosa esposa, Natalia.
-¿Cree en el odio a primera vista?
-Sí. No en mi caso, pero creo que existe entre otras personas.
-¿Es religioso?
-No creo en Dios, pero soy religioso.
-¿Acaso supersticioso?
-No.
-¿Cuándo se dio cuenta de que era famoso?
-Nunca me di cuenta.
-¿Qué siente cuándo se mira en el espejo?
-Siempre tengo un dilema: pienso si debo afeitarme o matarme. Supongo que todo hombre lo piensa.
-Pero al final termina afeitándose.
-Digamos que sí.





