
Emulos porteños del hit
Seguramente no existe lugar en el mundo que cuente entre sus meseras con cinco bellezas perfectas como las que presenta la recién estrenada Coyote Ugly, pero son varios los locales que aquí proponen una fórmula similar.
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Coyote Ugly está basada en una nota escrita por Elizabeth Gilbert, publicada en 1997 en la revista norteamericana GQ . Allí se contó la verdadera historia del bar neoyorquino ubicado en el 153 de la primera avenida -entre las calles 9 y 10-, donde un quinteto de sensuales bartender´s cada noche toman el control.
En la película, dos chicas con demasiado alcohol encima le preguntan a la dueña el por qué del nombre del lugar. La vieja coyote confiesa: "Nunca estuviste tirada en una cama que te cuesta reconocer que es tuya. A tu lado tenés a alguien que no sabes quién es ni qué es lo que hiciste con él toda la noche. Tenés ganas de salir pero algo te lo impide: tu brazo está atrapado debajo de él. Te da pánico y sin pensarlo dos veces le cortas el brazo por dos. Esas son las sensaciones cuando estás bajo los efectos de una resaca en Coyote."
Mientras tanto, en Bs. As.
Lamentablemente, y por más que busquen, los muchcahos de Buenos Aires no encontrarán una versión autóctona de Coyote Ugly . Al menos, en la nutrida oferta nocturna de la ciudad -que suele importar tendencias del extranjero- todavía nadie copió la fórmula exitosa de aquel bar, famoso por su ambiente desinhibido y las "bondades" de las chicas de la barra.
Sin embargo, quienes el martes último hayan tenido la posibilidad de presenciar la avant premiére de la película se habrán llevado la ilusión de que en algún otro rincón porteño se repita el show que dieron allí las damas de la Universidad del Cocktail: una performance que reunió en la sala 1 del Village Recoleta a un grupo de especialistas en tragos y flairs (malabares con botellas) que imitaron a las coyotes hasta en sus taconeos sobre la barra.
Está dicho. Y aunque a nuestras madrugadas les falte el Ugly tienen su Coyote. Radicalmente diferente en su propuesta, la disco latina que se agita debajo de los Arcos del Sol -una de las 17 sedes argentinas del Coyote Café, de Nuevo México- también apela a capturar la atención del público con sus atractivas tequileras. Ellas son unas simpáticas vaqueras que desfilan por las terrazas del lugar ofreciendo un shot y provocando (¿sin querer?) los suspiros de la platea masculina. Tampoco es extraño que algunas amigas de la casa, "visiblemente" livianas de ropa, tomen altura en parlantes y barras para improvisar coreografías no aptas para cardíacos. Como en tantas otras discotecas, las sensuales go-go dancers también dan el presente en Palermo.
A pesar de que la cadena nacional Coyote no es pariente directo del bar neoyorquino que muestra el film aprovecharán la coincidencia de nombres y se convertirán en sede de una seguidilla de fiestas temáticas inspiradas en el estreno de la película.
Chicas, cervezas y diversión
No es casual que las camareras de Hooters, también en el Village Recoleta, vistan shorts (bien shorts ) de un naranja estridente, remeras escotadas y una sonrisa a flor de piel. "Hooters es chicas, tiritas de pollo y cervezas, pero sobre todo, chicas", subraya Sebastián Drago, encargado del local, de comidas rápidas.
Ya con un año de residencia en el país, la versión criolla del fast food norteamericano presenta ciertas diferencias del original pero sigue fiel a la misión de destacar a sus meseras.
Estas sutiles adaptaciones tienen que ver con el criterio empleado para seleccionar a las 30 jóvenes estilizadas, sin kilos de más ni exuberancias (reglas que marcan en estas latitudes el modelo estético de la chica 10), que además de servir a los comensales tienen como misión sentarse a su mesa para charlar con ellos. Es justamente por eso que la gente vuelve.
Familias y, por supuesto, grupos de amigos deciden cenar allí los viernes y sábados -las veladas más concurridas de la semana-. También es destino de algunas parejas; aunque ellas lleguen listas para codear a su compañero y terminen llevándose un souvenir bajo el brazo: "Muchos chicos compran las remeras del local para regalárselas a sus novias", revelan.






