
En la plenitud de los sentidos
Aunque tienen visión escasa, oyen todo lo que los ojos no pueden ver
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Hace mucho tiempo, tanto el gato como el perro eran predadores, es decir, buscadores violentos de comida. Para alimentarse y defenderse de otros animales dependían de la agudeza de los sentidos. Tanto el oído como el olfato eran sus pilares de supervivencia y los más desarrollados: les permitían reconocer por medio de olores o ruidos a sus presas o los peligros circundantes.
Miradas que matan
Aunque la vista no está tan capacitada para ver ciertos detalles como la del humano, está preparada para ver las siluetas con profundidad, lo que le permitiría enfocar mejor su presa. También tienen un sistema de células adaptadas para ver colores, pero es muy difícil determinar cuántos. Se sabe que detectan el rojo, amarillo y azul y, posiblemente, todas las combinaciones que surjan de los tres. Para la reproducción y la alimentación, la mayoría de los mamíferos no se guía por los colores del manto de los otros animales, sino por su forma y tamaño.
En cambio, es indudable su capacidad para la visión nocturna. En el fondo del ojo tienen un tipo de células que les permiten redistribuir la luz que impacta sobre la retina. Se produce una doble concentración lumínica. Por eso, están mejor dotados para ver de noche, aun si hay poca luz. Las pupilas no sólo se dilatan y se contraen según la entrada de luz ; también aumentan de tamaño si están asustados o nerviosos.
Muchas veces, cuando nuestros amigos nos miran fijo tratan de comunicarnos algo. Generalmente esperan algunos mimos o comida. El gato utiliza esas artimañas cuando tiene hambre o quiere que se le cambien las piedritas sanitarias. En cambio, un perro fija la vista en su dueño porque quiere jugar o salir a pasear.
ASESORAMIENTO: Fernando Pellegrino: Médico veteriano, docente de anatomía en la Facultad de Ciencias Veterinarias, especializado en neurología. Elizabeth Pacheco: Médica clínica veterinaria. Consultorio: Portela 929; 4611-7995.
Orejas atentas
- Desde sus orígenes, tenían que estar preparados para vivir en un ambiente en el que existían obstáculos.
- La audición era importante para detectar movimientos sutiles como la caída de hojas o el desplazamiento de otros animales. Sus orejas pueden captar el doble de vibraciones que el oído humano.
- El oído también actúa como radar y se mueve hacia la fuente de sonido. El gato tiene una ventaja: una pequeña parte de su cerebro está preparada para orientar sus orejitas hacia el lugar de donde proviene el ruido. En cambio, los perros con orejas caídas como los cocker, beagle o basset tienen menor capacidad para enfocar los sonidos y mayor tendencia a las otitis.
- De todos modos, tanto mininos como pichichus escuchan sonidos de altísima frecuencia.
- Sus oídos son sumamente sensibles. Por eso, exponerlos a ruidos muy altos puede tener consecuencias funestas. Uno de los problemas que puede provocarse es la sordera. En cambio, disfrutan de la música suave y son capaces de determinar perfectamente cuándo un sonido es ajeno a los habituales del hogar.
- Las órdenes no tienen que ser expresadas a los gritos, sino con un tono de voz distinto del habitual. Hay que tener en cuenta que la capacidad auditiva no está aislada de toda una serie de estímulos, como pueden ser los visuales o táctiles. Cuando el animalito recibe una orden no sólo tomará en cuenta el tono de voz, sino también los gestos y la postura del dueño.
¿Sabía que...
...los gatos pueden distinguir formaciones de imágenes y movimientos en la pantalla del televisor?
...cuando dos machos se miran y fijan su vista mutuamente establecen una situación de desafío?
...aunque la anatomía es muy similar, se dice que el gato escucha y ve mejor que el perro.
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