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Después de una noche de consumo de alcohol, algunas personas pueden despertar con ansiedad, palpitaciones, inquietud, pensamientos repetitivos o la sensación de que algo malo puede ocurrir.
Esta experiencia es conocida como hanganxiety. El doctor Edilberto Peña, neuropsiquiatra, explica que estos síntomas pueden aparecer cuando disminuye el efecto sedante del alcohol y el organismo atraviesa distintos cambios durante las horas posteriores al consumo.
La palabra hanganxiety surge de la combinación de los términos en inglés hangover —resaca— y anxiety —ansiedad—. No corresponde a un diagnóstico psiquiátrico, sino que se utiliza de manera coloquial para describir la ansiedad que algunas personas experimentan durante una resaca.

El doctor Edilberto Peña explica que el alcohol actúa como un depresor del sistema nervioso central. Durante su consumo potencia, entre otros mecanismos, la actividad inhibitoria relacionada con el GABA y modifica sistemas excitatorios como el glutamato.
Frente a estos efectos, el cerebro intenta mantener su equilibrio y se adapta a la inhibición provocada por el alcohol. Sin embargo, esa respuesta puede persistir incluso cuando el organismo comienza a eliminar la sustancia.
“Cuando el alcohol desaparece del organismo, el efecto sedante disminuye, pero esa compensación cerebral no necesariamente se apaga al mismo tiempo”, explica.
Según el neuropsiquiatra, esta respuesta puede generar una especie de rebote hacia la hiperactivación. Entre sus manifestaciones pueden encontrarse inquietud, mayor sensibilidad al estrés, dificultad para dormir, taquicardia y ansiedad.
A los cambios que ocurren en el cerebro se suman otros efectos asociados con la resaca, como sueño fragmentado y poco reparador, deshidratación, cambios metabólicos, inflamación, aumento de la respuesta al estrés y malestar relacionado con los metabolitos del alcohol.

Estos factores ayudan a explicar por qué una sensación que puede percibirse como ansiedad sin una causa evidente también puede tener componentes biológicos relacionados con el consumo de alcohol.
La hanganxiety no depende únicamente de las respuestas físicas del organismo. Después de una noche de consumo de alcohol pueden aparecer dudas sobre lo ocurrido, como preguntarse qué se dijo, a quién se escribió o qué sucedió durante determinados momentos.
La incertidumbre y los vacíos de memoria pueden favorecer la rumiación, es decir, pensamientos repetitivos sobre lo sucedido, y contribuir a incrementar la preocupación durante la resaca.
De acuerdo con Peña, la intensidad de la hanganxiety puede variar entre personas y puede ser mayor cuando existe una mayor vulnerabilidad a la ansiedad. La cantidad de alcohol consumida es otro factor relevante.
En términos generales, una mayor exposición al alcohol y una intoxicación más intensa pueden generar mayores alteraciones del sueño, deshidratación, cambios neuroquímicos y síntomas de resaca al día siguiente.

El doctor Edilberto Peña señala que, si la ansiedad apareció después de beber y forma parte de una resaca, puede disminuir conforme el organismo se recupera. Dormir, hidratarse y alimentarse adecuadamente pueden contribuir a este proceso.
También recomienda evitar continuar consumiendo alcohol con la intención de aliviar y reducir temporalmente otros estimulantes. Asimismo, plantea evitar decisiones trascendentes mientras persiste el malestar.
El neuropsiquiatra advierte que no se debe intentar resolver automáticamente la resaca mediante medicamentos. Automedicarse con ansiolíticos, sedantes o hipnóticos después de beber puede ser riesgoso, especialmente si todavía existe alcohol en el organismo.
Por Camila Paola Sánchez Fajardo



