
En relojes de lujo, es la hora de ellos
Como con los buenos autos, los hombres buscan ver en su muñeca la mecánica en movimiento. Así lo entiende Stéphane Leforestier, vicepresidente de Cartier para América latina y Caribe
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Tradicional y de vanguardia, Cartier mantiene vigentes los relojes de siempre y lanza continuamente nuevos modelos. Calibre, considerado un reloj y también una joya, es su flamante propuesta para hombres, que llegó a la Argentina de la mano de Stéphane Leforestier, vicepresidente senior de Cartier para América latina y el Caribe, cuya visita fue ocasión para conversar con LNR.
"Calibre fue un lanzamiento especial para América latina -adelantó-. Este es un mercado muy masculino, hay mucha demanda de relojes para hombres. No quiero parecer machista, pero no es un reloj que van a ver en la muñeca de su mujer o de su madre."
-Entonces no tiene ni tendrá una versión femenina...
-No. Tenemos un público muy masculino, que es el objetivo. Este reloj tiene un movimiento de manufactura Cartier. Se llama "movimiento 1904", porque en ese año Louis Cartier decidió hacer un reloj para su amigo Santos Dumont, que fue uno de los primeros relojes de pulsera. Viene en oro rosado, que es una tendencia muy fuerte, y en acero. Es un moderno, pero clásico a la vez, de manufactura, importante para los hombres a los que les gusta la mecánica: como en los autos, ellos quieren ver el movimiento.
-¿Qué caracteriza a los relojes Cartier?
-Es una marca que no tiene dos, tres o cinco años: son 160 años. O sea que el reloj que lanzamos hoy lo vamos a ver en 20 o 30 años. El que tengo en la muñeca, por ejemplo, se lanzó hace 25 años.
-Un hombre fanático por los relojes, ¿distingue a la marca por su estética?
-Sí. Tenemos mecánica, movimiento, ciento por ciento manufactura, lo que significa mucho para los coleccionistas. Pero Cartier es diseño siempre. Vamos a vender primero el diseño, que es muy especial y caracteriza a Cartier. Mucha gente sabe que cuando ve una esfera, aunque no vea la marca, sabe que es Cartier. Otros reconocen una corona con zafiro Cartier. Es toda una historia que hace que no sea una moda. Si hablamos de cuero, la cartera Kelly, de Hermès, tiene 50 años. Somos marcas que vimos muchas más crisis que la del año pasado. La firma, en 160 años, ha visto guerras y crisis, pero estamos más fuertes que nunca después de estos sucesos.
-¿Las líneas se discontinúan con el tiempo para dar lugar a otras novedades?
-No. Muchas veces hay adaptación a la tendencia. El modelo Tank, por ejemplo, se lanzó a principios de siglo XX, y existe todavía en la gama actual. No son exactamente la misma esfera, las mismas cifras ni el mismo movimiento de hace un siglo. Pero cuando se ven los archivos de los diseños de hace un siglo, el Tank de hoy es muy similar.
-Hoy, para un coleccionista, ¿vale más un Tank modelo 2010 o uno de hace cien años?
-Va a buscar el de ahora y lo demás se venderá en Sotheby´s, donde los coleccionistas compran en los remates. En una boutique Cartier buscan el último modelo. Quieren saber cuál es la novedad que se lanzó. Por eso la marca está siempre con últimos modelos, y casi todos los años hay lanzamientos.
-¿Cómo repercutió la crisis en Europa y cómo se sintió en esta zona?
-Manejo una región de crecimiento importante. ¿Qué tiene América latina? Gas, oro, petróleo, agua, soja. No hay muchos continentes con todos estos recursos naturales. Cartier salió muy bien de esta situación de crisis. Yo vivo en Estados Unidos y cuando empezó la crisis había mucho miedo, no así en nuestra oficina latina, porque ya habíamos visto las crisis de Venezuela, Argentina, México y Colombia. Estábamos preparados para estos tiempos. De nuevo, América latina tiene un potencial para crecer. No hay muchas partes del mundo que puedan crecer a nivel económico de manera fuerte, a un 4% o más por año.
-En concreto, ¿cómo se vieron afectadas las ventas?
-Subimos, fueron superiores a las del año anterior. Es lógico, porque las marcas que tienen más tradición e historia, y no somos los únicos, salen más fuertes en tiempos difíciles. Las de moda, de sólo 4 o 10 años, no son las que la gente elige para hacer una inversión.
-¿Proyectos?
-El año próximo abriremos una segunda Boutique Cartier en San Pablo; también renovaremos y extenderemos nuestra Boutique Cartier en Buenos Aires; vamos a abrir una nueva Boutique Cartier en Bogotá.
-La Argentina, ¿está posicionada de la misma manera que sus países vecinos?
-Hoy tiene la suerte de beneficiarse por el dinamismo de la economía de Brasil. Hay que ser realistas. Hay 52 vuelos por semana San Pablo-Buenos Aires. Es un destino de fin de semana para muchos brasileños. Todo el mundo habla de China, pero también de Brasil. Más ahora, que será anfitrión en la próxima Copa del Mundo. Es un país con mucho potencial de crecimiento, y la Argentina se beneficia con eso.
-¿Entonces acá el cliente es argentino o brasileño?
-Hubo meses, sobre todo durante la crisis del año pasado, en los que el 90% de la clientela era argentina. Veías el crecimiento del turismo en enero y febrero. En estos productos de lujo, el argentino está comenzando a comprar en el país. Tenemos una política de precios internacionales. Nosotros, como filial, tenemos la posibilidad de absorber los impuestos y no trasladarlos al precio. Eso nos da un poder de competencia muy alto.
-¿Desde qué precio arranca la nueva línea?
-En 7300 dólares.
-Joyas y relojes, ¿se apoyan un rubro en el otro?
-Hoy el reloj es una joya, sobre todo en Cartier. Nosotros, de todos modos, diferenciamos lo que es joyería de lo que es relojería, tratamos de que crezca lo que es joyería. Vemos que ahora el hombre gasta primero para él y después para la mujer, y esto no era así hace treinta años. ¿Por qué ahora compra relojes realmente caros? Porque quiere una joya en la muñeca.
-Después de una crisis, ¿la producción se adapta de alguna manera?
-Con la producción que tenemos no podemos satisfacer la demanda. Tenemos la suerte de representar a una marca muy fuerte, por lo que no hay sorpresas. Siempre la demanda supera la oferta. Las crisis afectan a las marcas que dicen ser de lujo, pero que no tienen tantas raíces ni historia. Pero no cuando además de lujo hay tradición. Y si uno busca un repuesto del año 20 de Cartier, lo encuentra.
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