srcset

Cor@zones

Enamorado de su mejor amiga, recibió un consejo que le cambió la vida

Señorita Heart
(0)
5 de octubre de 2018  • 00:28

Popita vivía a dos cuadras de la casa de Gustavo desde siempre. Pero fue recién a los 16 que se conocieron. Ambos eran amigos de un amigo común y él los presentó. "Apenas la vi sentí una atracción especial por ella; creo que no tardé más de una semana en enamorarme", confiesa Gustavo.

Popita no parecía muy interesada en él como pareja, pero una amistad incondicional pronto surgió entre ellos. Por supuesto que no era lo que Gustavo esperaba, pero con tal de estar cerca suyo, con "jugarla de amigo" se conformaba y, aparte, lo ayudaba a no perderla de vista.

Era de público conocimiento que los padres de Popita no tenían un buen matrimonio. Hija única, ella sufría desde niña las discusiones en el seno del hogar y el apoyo de Gustavo se transformó en un pilar fundamental.

Salían siempre en grupo, hasta que un día Gustavo decidió invitarla al baile anual del Club Social de Córdoba. "Mi desazón fue enorme, al escuchar de sus labios que ya había sido invitada por Samuel, otro amigo en común. Yo sabía que ella estaba enamorada de nuestro amigo, pero no quería perder las esperanzas de que algún día ella me viera como algo más", recuerda Gustavo.

Popita
Popita

Enamorado del amor

Consciente de su desilusión y rápida de reflejos, Popita le sugirió que invitara a una amiga suya, Susanita. Así lo hizo y fueron a ese importante baile los cuatro, junto a otros amigos. Susanita y Gustavo simpatizaron inmediatamente. Ella era muy dulce y él tomó consciencia en ese instante de que en realidad era un "enamorado del amor". Se pusieron de novios a las pocas semanas, aunque solamente duraron un par de meses. "Susanita aún no estaba preparada para el amor, así que nos despedimos y quedamos como buenos amigos", explica Gustavo.

Apenas cortó con su relación, a los pocos días, el amor de Gustavo por Popita renació nuevamente. Su íntima amistad no había sufrido mella alguna y continuaron con sus salidas grupales sin asperezas. Pero el destino jugó nuevamente sus cartas. "En mi vida apareció Teté y este eterno enamoradizo cayó a sus pies. Mi nueva novia también era muy dulce y ambos nos encandilamos rápidamente. Fueron seis meses apasionados, con todo lo que implica el comportamiento de las hormonas a los 17 años de edad. Y un día cualquiera, el amor desapareció. Nos despedimos amablemente y no la volví a ver nunca más", continúa.

El mejor consejo

Por supuesto, apenas unos días después, su amor por Popita una vez más dijo presente en su corazón. Seguían siendo íntimos amigos, pero esta vez las cosas habían cambiado: él quería dar un paso adelante. "En la víspera de mi viaje de estudios a Bariloche, ella organizó una fiesta en su casa. Era ahora o nunca, pensé", cuenta Gustavo, "Decidí declararle todo mi amor, algo que ya todos sabían, pero nunca llegaba a oficializarse por un motivo o por el otro. Su respuesta me congeló: `No quiero perderte como amigo...´ Desolado, crucé la calle y me senté en el cordón de la vereda junto a dos amigos, Horacio y Juan. Sin saber por qué, les conté lo que había sucedido. Ambos, como todos, sabían de mi enamoramiento con Popita y me dieron un consejo que cambió la historia de mi vida...".

El enamorado del amor.
El enamorado del amor.

Gustavo regresó a la fiesta, llamó a Popita y le dijo con toda firmeza: "Mañana me voy a Bariloche. Te doy tiempo hasta que vuelva para que me digas que sí. El día que regrese, vendré por tu respuesta. Si me dices que no, no volverás a verme nunca más en tu vida". Entonces, se dio media vuelta y se fue a su casa. El viaje de estudios duró 10 días. Gustavo se divirtió como pudo, pero su mente no se apartaba de la respuesta que le esperaba en Córdoba, a su regreso.

La hora de la verdad

Llegó una mañana muy temprano a su ciudad. Las horas transcurrieron mientras él pensaba cuál sería el mejor momento para saber aquello que lo estaba carcomiendo por dentro. Finalmente, a las siete de la tarde de aquel 6 de enero de 1971, caminó las dos cuadras que separaban sus casas, tocó el timbre y fue Popita quien le abrió la puerta. Se saludaron con un beso y lo hizo pasar al living.

"Si bien allí no había nadie, escuché las voces de varias amigas en el interior de la vivienda. Nos sentamos en el sofá y sin esperar ni un segundo, con la ansiedad pintada en mi cara le pregunté: `¿Y?´ Nos conocíamos demasiado para intercambiar saludos y comentarios triviales. Ella bajó la vista, revolviendo las manos, en un acto de nerviosismo que ni siquiera se acercaba al estrés que yo mismo estaba viviendo. Su respuesta fue tímida y breve: `Que sí´. Yo le repregunté: `¿Que sí, qué?´ `Que sí, que te quiero´ fue la frase que convirtió mi vida en un paraíso en la tierra. Nos abrazamos sin decir palabra y por primera vez, sentí ese estremecimiento que aún hoy percibo en cada abrazo con ella", cuenta Gustavo conmovido.

Popita y Gustavo, hoy.
Popita y Gustavo, hoy.

¿Viste?

Fue un noviazgo largo, de seis años. Se casaros, tuvieron 4 hijos y hasta hoy 5 nietos. "Hubo un episodio tragicómico en el momento de nuestro casamiento en el Registro Civil. Estábamos todos ubicados, pero faltaba la novia. Empecé a buscarla y la encontré en un rincón apartado, llorando. Cuando le pregunté qué le pasaba, me confesó que tenía mucho miedo de que nuestro matrimonio fuera como el de sus padres. Fue allí que solemnemente le prometí que conmigo iba a ser feliz. Fue inevitable preguntarme a mí mismo, cuánto más tendría que hacer para que ella se convirtiera en mi esposa", recuerda divertido.

Cuando cumplieron sus bodas de plata, sus hijos, conocedores de su voluntad, les organizaron una fiesta sorpresa, con la presencia de un sacerdote que los volvió a casar en una emotiva ceremonia.

Familia
Familia

"Después de 47 años juntos, ambos podemos afirmar con toda certeza que el amor verdadero, el incondicional, puede durar toda la vida. En nuestras charlas nocturnas, casi diariamente nos decimos que nuestro amor crece día tras día. Nuestros hijos, ya no están con nosotros. El nido vacío solo sirvió para que nos volviéramos a poner de novios. No fueron pocas las veces que le he dicho: ¿Viste que eras el amor de mi vida?", concluye Gustavo, feliz.

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.