
Entre Borges, Maradona y la independencia
El 14 de junio de 1986, tres días después de haberse mudado a su nuevo departamento, Jorge Luis Borges falleció en Ginebra. Cuatro días más tarde fue enterrado en el cementerio de Plainpalais bajo una cruz nórdica mientras el mundo de las letras lo despedía como el mayor fabulador del siglo XX. Los homenajes apenas empezaban en la lejana Buenos Aires, pero pocos días después casi sólo habría espacio en la prensa y en las conversaciones de todos para otro mito argentino muy diferente que el 22 de junio se inmortalizaba con el mejor gol de todos los tiempos. Este año que empieza evocará los 30 años de ambos sucesos y por capricho del calendario, otra vez, los dos astros tan dispares –Borges y Maradona– serán objetos de homenajes varios, entre ellos el lanzamiento de libros y documentales. Aquel 1986, el último año en que conquistamos el mundo, volverá así a hacerse presente como el recuerdo vívido de una gloria pasada y que se resiste a volver, como un tango al revés en el que lo que se evoca no es un pasado adverso sino una abundancia perdida.
Casualmente, sólo unos días más tarde, llegará el aniversario mayor: los doscientos años de nuestra Independencia. El deseo de recuperar un destino de grandeza dominará seguramente las celebraciones, aunque, en este caso, las certezas sobre en qué consistirán no abundan. Se habló en algún momento de la presencia del Papa Francisco en Tucumán, donde coincidentemente se realizará el Congreso Eucarístico Nacional, pero hace algunas semanas el Vaticano lo desmintió: el Pontífice vendría recién en 2017. El gobierno anterior, consciente de que ya no estaría en el poder para la fecha, no parece haberse ocupado del tema con el mismo ímpetu que para el Bicentenario de la Revolución de Mayo, en 2010, y pocas actividades han sido programadas. A partir de una convocatoria hecha por el arzobispo Alfredo Zecca, de Tucumán, diversas instituciones de esa provincia se reunieron el año pasado para coordinar una agenda de actividades, pero la principal conclusión fue que toda iniciativa enfrentará una gran traba: el financiamiento. Sólo en forma aislada, universidades y otras instituciones han programado actos parciales.
El contraste entre la demora en la programación de estos festejos y los homenajes ya previstos para la evocación de Borges y Maradona es quizá una metáfora de una conciencia de nación forjada más bien a partir de mitos individuales, que, cada uno a su modo, llevaron nuestras grandeza por el mundo.
Hace doscientos años las luchas internas ya empezaban a dividir en bandos a los habitantes de aquel país que aún no nacía, y los ideales de la Revolución estaban amenazados. Desde Cuyo, San Martín instaba a una pronta reunión de un Congreso General Constituyente, que meses más tarde declararía la Independencia. Ahora, cuando se hace necesario organizar una celebración que vuelva a mostrarnos unidos para reencontrar un destino, su clamor vuelve a tener vigencia: "¡Por lo más sagrado! –escribió– ¿Cuándo empezarán ustedes a reunirse?"
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