Era dueño de una de las empresas de cosméticos más famosas de EE.UU., pero recibió el llamado de Dios, lo dejó todo y se volvió sacerdote
Scott Vicent Borba se convirtió en sacerdote el pasado mes de mayo, después de años de codearse con celebridades de Hollywood y llevar una vida de lujo
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Hay personas que, a pesar de tener una vida llena de lujos y éxitos profesionales, continúan sintiéndose vacías. Es por este motivo que Scott Vicent Borba, cofundador de una reconocida marca de cosméticos estadounidense, decidió dar un giro de 180° a su vida y convertirse en sacerdote.
Aunque su círculo íntimo ya estaba al tanto de esta decisión, el hombre decidió hacer pública la noticia, luego de que se realizara su ordenación como sacerdote el 23 de mayo mediante la diócesis de Fresno en su ciudad natal de Visalia, California. “Dios santificó todo este camino para traerme de vuelta ahora y glorificar Su nombre, en lugar de glorificarme a mí mismo o idolatrar los negocios que estaba creando”, dijo en diálogo con el programa Today, ya con su nuevo grado del sacramento.

El hombre reconoció que, antes de acercarse a Dios, organizaba fiestas en su mansión a las que asistían gran cantidad de famosos de Hollywood. Sin embargo, pese a estar siempre rodeado de personas, se sentía “tan vacío de amor y felicidad”. Fue por esto que comenzó a reflexionar sobre cuál era su verdadero propósito en este mundo. “Si para esto me creó Dios, para ser un hedonista, para ganar dinero, vivir la vida, ir de fiesta y repetir, ¿por qué me creó? ¿Por qué creó a la raza humana?”, analizó durante su aparición en televisión.
Mientras sus sentimientos de desolación lo apresaban más y más, decidió abrir su corazón y hablar con Dios. “Ayúdame a ser el hombre que tú querías que fuera”, le pidió con todas sus fuerzas. Después de pronunciar estas palabras, Scott sintió lo que definió como una “iluminación del alma” y se dio cuenta de que su “alma estaba en el infierno” y que estaba “viviendo un infierno en la Tierra” debido a las decisiones que había tomado durante toda su vida.

“Le pedí a nuestro Señor que me ayudara a ser el hombre que Él me creó para ser. Y en ese instante, sentí una inmensa oleada de amor y misericordia en mi vida. Fue una experiencia muy mística”, explicó lo que sintió al pronunciar aquellas palabras que cambiarían su mundo para siempre.
“Aunque me creía buena persona, eso no era suficiente. Dios me mostró que su amor y misericordia son más grandes que el pasado. Él puede tomar a una persona rota y transformarla”, sostuvo. Este pensamiento fue lo que lo llevó a dejar todo lujo atrás y hoy vive en una habitación diminuta y austera, que no tiene casi nada, solamente lo indispensable para vivir. Se dedica a rezar, ir a misa y a ayudar a otras personas a encontrar su camino junto a la fe.
Cuando el copresentador Craig Melvin le preguntó qué consejo les daría a los demás basado en su experiencia de vida, Scott respondió: “Dios quiere que sepamos que es real, que está vivo y que participa activamente en este mundo. No hay pecado que no pueda perdonar”.



