
Ernestina Güiraldes: una vida solidaria
Viuda del recientemente fallecido Juan José Cadete Güiraldes, es madre de siete hijos y, como su marido, una defensora de las tradiciones. A los 73 años decidió iniciarse en la pintura, sin descuidar su vocación de siempre: ayudar a los demás
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A esta mujer no le gusta el vedetismo, y preferiría no hacer la entrevista.
No me hagas posar -le pide al fotógrafo, mientras intenta distraerlo preguntándole para qué sirve el flash que le apunta.
Ernestina Holmberg Lanusse de Güiraldes -Tachi, para todo el mundo- no está acostumbrada a ser el centro de nada. Sin embargo, tiene todo para ser especial.
En ella conviven armoniosamente una entereza capaz de mover montañas con una fragilidad cristalina. La coquetería y la femineidad, combinadas con la simpleza de una mujer de campo.
Descendiente de dos familias patricias, esta mujer de 76 años fue durante casi seis décadas la inseparable compañera del recientemente fallecido Juan José Cadete Güiraldes. Fundador de la Confederación Gaucha Argentina, aviador, periodista, escritor y presidente de Aerolíneas Argentinas, el sobrino del escritor Ricardo Güiraldes fue un defensor emblemático de la tradición argentina. Con él, Tachi tuvo siete hijos, que les dieron 30 nietos y dos bisnietos.
-Seguirle la vida a mi marido no era fácil -reconoce-. El hacía todo en casa porque tenía el estudio ahí. Yo vivía entre la familia -que para mí siempre fue lo principal- y toda esa vida social de Cadete. No era fácil, pero sí muy agradable.
A los 73 años, Tachi decidió iniciarse en la pintura y llegó a exponer sus cuadros en la galería Zurbarán, de Ignacio Gutiérrez Zaldívar, quien la define como "mujer excepcional, plena de vida, carácter y entusiasmo. Una mujer que fructifica los talentos y que hace del dar su misión y su vocación".
La relación de Tachi con la pintura no tiene un origen claro. Quizá se deba a la influencia de su padre, que era coleccionista, o de su hermana, que pintaba. Lo que sí está claro es que hoy es su pasión, que el tema de sus cuadros es el campo y que ellos son el único camino que esta mujer acepta a la hora de exponerse.
Siguiendo el ejemplo que le dejó su madre, una dama vicentina que solía llevarla a los conventillos para ayudar a los más necesitados, Tachi trabajó como voluntaria en el hospital de Vicente López y, más tarde, en la Sociedad de Beneficencia que fundó el ex presidente Bernardino Rivadavia.
-Me encanta cuidar a los enfermos. Los entiendo.
Hace 25 años, por ayudar a la madre de un peón de campo que debía hacerse un trasplante de córnea, Tachi se contactó con la Fundación Oftalmológica Argentina (FOA), y desde ese momento colabora activamente con la asociación.
Después de escuchar sus relatos, no se puede pensar que su actitud sea de vergüenza o de timidez. Es su sencillez lo que quizá la lleve a creer que toda exposición excesiva se vuelve impúdica.
-Yo siempre le decía a Cadete que soy el furgón de cola -se justifica.
Y vuelve a sus cuadros, al campo, a la familia.
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