
Escuchar al síntoma
Señor Sinay: me pregunto qué lleva a personas adultas a ser infieles y a tener un desliz tras otro, después de haber elegido libremente casarse.
Celia Ortega
Re:
Toda relación es un vínculo entre diferentes, razón para su riqueza y su misterio. También por eso, cada pareja es única y en su existencia hay leyes inaccesibles a la mirada o al entendimiento de quienes están afuera. Siempre que no dañen a terceros, esas leyes debieran ser aceptadas aunque no se entiendan o aunque difieran de las propias. Esto hace difícil juzgar las causas de una infidelidad en particular. En todo caso, cabe pensar que la mayor responsabilidad en esas situaciones nunca es del tercero, cuya presencia denuncia o advierte que algo se ha descompensado en la pareja. La infidelidad no es una enfermedad, sino un síntoma. Es tarea de la pareja (juntos y a la vez cada quien desde su lugar y a su modo) explorar el origen de tal síntoma. Es un proceso difícil y doloroso que, si se aborda de buena fe y si existen fondos y recursos afectivos para ello, puede sanar lo que estaba herido y echar luz en zonas oscuras de la relación.
La fidelidad puede sostenerse en un juramento o puede ser el fruto de un modo de vincularse. Se puede jurar fidelidad y cumplir, pero eso no significará necesariamente que haya amor.
El amor no es fruto de promesas y juramentos sino de las experiencias (amargas y venturosas) atravesadas en compañía del otro, del camino recorrido en común, los proyectos mutuamente concebidos, los valores compartidos y ejercidos, y las acciones cotidianas con que todo esto se cimienta. En esas condiciones, la fidelidad aparece como una consecuencia natural del amor, no obedece ni al temor, ni a la palabra empeñada (en verdad, tal palabra sobra en este caso). Más que la infidelidad física, lo grave es la traición a un proyecto amoroso, el uso de los otros (tanto cónyuges como amantes) para satisfacer deseos propios. El afán de tenerlo todo a costa de quien fuere. La conversión de los demás en objetos. De algunas infidelidades hay retorno. De la deslealtad, no.






