
Ese payaso de Adolf
Hoy, Alejandro Urdapilleta comenzará a interpretar a Hitler, según la mirada irónica y sorprendente de Mein Kampf, farsa , la obra del húngaro George Tabori que se estrena en el Teatro San Martín, con la dirección de Jorge Lavelli
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Algún despiole se va a armar", especula Urdapilleta como una bruja que pretende vaticinar lo que ocurrirá con Mein Kamp, farsa . Esa es la obra de George Tabori en la que intepreta a Adolf Hitler, que se estrena hoy en el Teatro San Martín con la dirección de Jorge Lavelli.
Lo único cierto, por ahora, es que Alejandro, en los últimos dos años, se ha dado el gusto de trabajar en grandes títulos y con directores eximios: 1999, una pieza de Thomas Bernard, a las órdenes de Roberto Villanueva. Año 2000, Tabori, bajo la atenta batuta de Lavelli. Ambas en el San Martín, ambas con la ficción situada en Viena, la capital de Austria, que sigue dando motivos de preocupación por la presencia del neonazi Joerg Haider en el banquete del poder supremo.
"Sigo en Viena. De hecho Wittgenstein (filósofo austríaco en cuya figura se inspira el protagonista de la obra de Bernhard) y Hitler iban al colegio juntos, eran compañeritos de banco", dice Urdapilleta como para seguir entrelazando coincidencias. Y como no puede con su genio irreverente, agrega: "El año que viene voy hacer a la maestra. Debe de haber sido una turra..."
Entonces su mente se dispara, por asociación de ideas, hacia la Viena de hoy y su rebrote de nazismo. "Qué loco ese señor _se asombra el futuro Fürer con referencia a Haider. Es como para hablar de evolución, con ese tema que no se termina nunca. Parece que el hombre no evoluciona: mucha tecnología, pero seguimos como en la época de las cavernas. En los balances de fin de siglo, no me acuerdo qué publicación estaudonidense hizo una votación entre el público para elegir a los personajes más importantes del siglo y salió Hitler en el primer puesto, ese bicharraco siniestro. Podrían haber sido Freud, Einstein, la Madre Teresa, Gandhi, pero no, pusieron el mal en el top forty."
La asociación de Urdapilleta no es gratuita. La farsa de George Tabori, cuyo padre fue asesinado por el nazismo en las cámaras de gas de Auschwitz, se inicia con la llegada de un joven y torpe Hitler a la capital austríaca, soñando con ser aceptado en la escuela de Bellas Artes y llegar a convertirse en pintor.
Así definía el autor su obra: "Suelo decir que Mein Kampf es una farsa teológica. En el fondo, trata del amor en diferentes niveles: el amorcelestial, el erótico, el sexual. Es, también una banal historia de amor. Incluso en el sentido en que se lo entiende en Hollywood: una gran historia de amor . Hitler y su judío. Un caso espantoso. Fausto y Mefisto, Otelo y Yago son también historias de amor. Lo banal y lo divino están muy estrechamente ligados. Por lo tanto, el amor es Dios, que es lo más banal que hay".
Tentaciones
Urdapilleta fue tentado a interpretar a Hitler cuando todavía transitaba la escena de la sala Cunill Cabanellas con Almuerzo en casa de Ludwig W. , de Bernhard, a mediados del año último. "Estaba todavía con Ludwig y me llamó Kive Staiff -cuenta Alejandro-. Me habló de la obra y me pasó un primer acto, que era lo único que había traducido al español. Pero sobre todo me habló para ver cómo había quedado mi relación con Lavelli. El asunto fue que yo había aceptado trabajar en la puesta de Lavelli de Seis personajes en busca de autor , de Pirandello, y después me eché atrás, un mes y medio antes del estreno, porque estaba haciendo La moribunda . La verdad, me aburría la obra de Pirandello y preferí seguir haciendo lo que me daba placer. Pero bueno, esa primera reunión con Kive fue para tantear cómo había quedado la cosa. Y yo le expliqué que me había portado mal con Lavelli. Entonces se pactó un encuentro, le pedí disculpas y acepté hacer de Hitler. Está todo bien. Con respecto al personaje me dijo que no era importante que fuera Hitler, que no tenía que reconstruir al personaje de la realidad, porque en la obra se ve a un joven bruto, grosero e ignorante. También me explicó, cuando le pregunté por el lenguaje de la obra, que era un delirio basado en el juego. Cuando empecé a ensayar me di cuenta. Es casi payasesco, con toques brechtianos de distanciamiento. Creo que el público se va a morir de risa y después se va a preguntar de qué demonios se ríe."
Reír o no reír, ésa es la cuestión
Con respecto a reírse de estos temas que han dejado huellas indelebles, el propio Tabori se pregunta: "¿Es lícito tratar ciertos temas con humor o ironía? ¿Está bien que el público se ría en una obra sobre Auschwitz o Hitler? La risa no es algo frívolo. Puede ser una reacción muy profunda, corporal o espiritual. El humor es provocador, anarquista, antitotalitario. No es extraño que a los regímenes autoritarios -ya sean de izquierda o de derecha- les falte siempre humor".
Para quienes conocen a Urdapilleta no será novedad su capacidad de revolcarse a carcajadas del horror. Su estilo actoral se alimenta, entre otras cosas, de ese aspecto.
En ese punto, él y Tabori, aunque con historias y culturas tan distintas, son hermanos de sangre. A los dos les va de maravillas la ironía, el humor que repiquetea en la conciencia, el sarcasmo, recursos que, más que una elección voluntaria, responden a la necesidad imperiosa de poner a los monstruos a la vista de todos.
El efecto que al actor le produjo el autor, tal vez por esa afinidad, fue de sacudida. "El hecho de tomar un hecho histórico del calibre del Holocausto y someter la historia mirada farsesca te pone enfrente de tu propio enano fascista -reflexiona Urdapilleta-. Registrás cada vez que pensás frases como negro patas sucias, enano maldito, gorda resentida o tantas otras que a diario te vienen a la cabeza cuando un prójimo te somete a alguna incomodidad. Yo creo que esta obra va a armar polémica. En Francia, sé que hubo problemas. Tanto de los fascistoides como de los que sean más papistas que el Papa es esperable una reacción. Es muy fuerte, cuando todavía hay sobrevivientes del Holocausto, que se rían de una tragedia de ese tamaño. ¿Pero quién más tiene derecho a hacerlo que no sea un judío como Tabori, al que le mataron el padre en la cámara de gas?"
Exactamente como rezan los versos del poeta alemán Friedrich Hölderlin que sirven de epígrafe para la publicación de Mein Kampf: "¿Debéis eternamente bromear y reír?/Sí, amigos míos, lo debéis y eso me enferma el alma,/porque sólo los desesperados lo deben".
Siempre queda la esperanza de que los argentinos hayamos madurado y no vuelva a ocurrir como hace años, con el estreno de Misterio bufo, de Dario Fo, que desató una violencia y un oscurantismo difíciles de olvidar.
El autor de Mein Kampf, farsa tiene razón al afirmar que "el sentimentalismo o incluso la simpatía son un insulto a los muertos. El Holocausto se halla más allá de toda lágrima".
Cuando el alma de un hijo se debate entre el ansia de venganza o el recurso del amor y el humor, según explica Tabori, la opción no deja dudas. Mucho más para un hombre que confiesa que "cuanto más viejo me pongo, también más bíblico, incluso hacia mis enemigos".
Quizá por eso el dramaturgo y director afirma: "El alemán, el nazi, el otro. Un hombre que es un nazi no es solamente un nazi. También es un hombre que se enamora, que se equivoca, que muere. Mein Kampf es quizá mi tentativa más extrema de explorar ese tema".
¿Quién es Tabori?
En Budapest, en el seno de una familia judía de clase alta, el 24 de mayo de 1914 nació George Tabori.
Su padre era un reconocido periodista de izquierda que pasó sus últimos días en el campo de concentración nazi en Auschwitz hasta terminar en la cámara de gas.
Su madre, Elsa, a quien le rinde homenaje en su obra Mi madre coraje, fue detenida en las calles y obligada a subir a un vagón de ganado rumbo al mismo destino que su marido. Según su hijo, a ella le salvaron la vida "sus inigualables ojos azules".
De empresario gastronómico (oficio que de alguna manera siempre aparece reflejado en sus obras) a hombre de teatro, exiliado en Londres e insatisfecho guionista de la industria de Hollywood, Tabori es una de las voces teatrales más atractivas del siglo XX, empedernido perseguidor de su propio pasado, dueño de una visión hipercrítica y de un humor ríspido que golpea a los espectadores del mundo.






