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Por José Montero
¿Por qué los auriculares de los primeros dispositivos móviles para escuchar música tenían esponjitas anaranjadas? ¿Era para que se vieran de lejos? ¿Para que el usuario se convirtiera en publicidad ambulante? El walkman fue lanzado al mercado por Sony en 1979 a un precio prohibitivo. Acá podías ver alguno al comienzo de los años 80, pero lo que de verdad popularizó el casete para llevar fue esta segunda marca, Unisef, quizá deliberadamente similar al nombre del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
Era más grande que el original, pero el precio mucho más accesible. Para andar con él había que recurrir a la oprobiosa correa, llevarlo en la mano o hacerle un injerto, gotita mediante, para engancharlo en el cinturón. La posibilidad de que se te cayeran los pantalones era muy alta, porque pesaba un kilo. Funcionaba con cuatro pilas chicas y las devoraba como un Torino con doble carburador. Hubo otro modelo que consumía un poquito menos, tres pilas, y además traía parlante incorporado y radio AM/FM.
Con la posibilidad de ponerle un transformador y enchufarlo, este walkman, paradójicamente, a veces terminaba como equipito de música fijo en tu cuarto. ¿Qué fue de esta marca que, para vos, simbolizó las maravillas del Japón? Al parecer Unisef, si bien ya se comercializaba desde 1974, fue registrada en el 84 y abandonada en el 88 por una firma con sede en Tokio. En esa ventana de tiempo se produjo el milagro. Entró en tu vida y en la de millones en todo el mundo. Por algo el nombre sigue usándose hoy en radios, micrófonos y calculadoras que se fabrican en China.
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