
En Miss Peregrine y los niños peculiares, el director de El gran pez aborda una vez más el género fantástico, con una historia de chicos freaks y superdotados.
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Por Leonardo M. D’Espósito
Uno de los nombres que han marcado a fuego el cine en las últimas cuatro décadas es el de Tim Burton. Sus películas transcurren en un mundo muy peculiar con temas, obsesiones y hasta una iconografía propios, que se inspiran por partes iguales en los grandes clásicos del terror y en Federico Fellini. No es broma: basta escuchar las bandas de sonido que el director pergeña con su habitual cómplice Danny Elfman para notar la sombra –y algo más– del Nino Rota de Amarcord, por ejemplo. Hay algo que los une aún más: la manera como los desplazados, los marginales, los pintorescos se transforman en seres de carne y hueso y fantasía, tomando el centro de las películas de ambos directores. Otra vez, basta comparar Amarcord con, por ejemplo, Ed Wood para que el parentesco resulte totalmente claro. ¿Johnny Depp como el Mastroianni posmoderno? Sí, por qué no, algo así.
Dicho esto, Burton es uno de los realizadores de la memoria y la infancia, del juego y del cuento de hadas, de la crueldad que precede a la luz y de lo monstruoso como refugio. No es extraño que la primera película de gran éxito –y la que puso definitivamente su nombre en el mapa– sea su versión de Batman (1989), donde todo es mucho más “Burton” que “Batman”. Lateralmente, aquella película demostró que los superhéroes tenían un público y que era necesario abordarlos de tal modo que resultaran una metáfora de nuestro propio mundo, algo que se incrementó con su obra maestra de 1992 Batman vuelve (una de sus más grandes películas). Después tuvimos grandes Burton, pero en la última década o un poco menos algo pasó. Hay films importantes (Charlie y la fábrica de chocolate, El cadáver de la novia, El gran pez, Frankenweenie), pero hay muchas más decepciones. Para mí el punto de inflexión, de cansancio, con la máquina de hacer películas “de actores” fue la amarguísima Sweeney Todd, reverso negro de Charlie... En fin, que sus últimas películas nos dejan con gusto a poco. A veces –¿Sombras tenebrosas?–, sabor a nada.
Este mes se estrena Miss Peregrine y los niños peculiares, que se inscribe al mismo tiempo en el género “chicos mágicos” (Harry Potter y sus hijos), “chicos rebeldes con poderes” (varios títulos), “adaptación de fantasía infanto-juvenil” (no saturemos) e incluso “superhéroes” (no falta un dejo X-Men/Los vengadores). Y, dada la iconografía, el género “película de Tim Burton”. Aquí Eva –rostro ideal para el melodrama fantástico y grotesco, véanla en Penny Dreadful– es la directora de un lugar donde se juntan y educan chicos con poderes especiales, algunos más bien macabros, otros más bien ridículos, todo basado en el best seller de Ransom Riggs. Oportunidad para que el tipo que escribió esa joyita de La melancólica muerte de Chico Ostra despliegue su humanidad freak y alterne su humor grotesco con la ternura de las hadas. Y, de paso, para que les pase el lampazo purificador a las series de los géneros mencionados, que incluyen mucha redundancia y mucha demagogia.
Habrá que ver. Las imágenes que conocemos nos invitan a pensar en un regreso y una continuidad: queremos que nuestro amigo Burton, ese que nos hacía llorar con la nevada de El joven manos de tijera o nos conmocionaba con su feroz trato a los niños de Charlie... regrese a contarnos qué está pasando en un mundo que se nos escapa cada vez más. Pero es probable que Burton sea hoy un cineasta del pasado (con una obra importante) y del futuro (cuando se le otorgue su verdadera dimensión), pero no sincronizado con el presente. Como los chicos freaks y superdotados que pueblan su nuevo film, el realizador parece encontrarse, al mismo tiempo, consciente de su capacidad para crear imágenes que no podemos olvidar (las hay en todas sus películas, aun en las peores) y temeroso de no poder entender realmente qué es lo que pasa a su alrededor. En el film, además, se suman dos temas: el tiempo (el protagonista, de 16 años, está enamorado de una “niña” de 88; otro personaje puede manipular el tiempo), algo nuevo en el cine de Burton, quizás por eso de que ya no puede reconocerse en el presente que parece tocarle vivir. Recordemos que el hombre que creó villanos demasiado reales como Max Schrenk –el empresario vampiro y “normal” de Batman vuelve– hoy ve cómo esa pesadilla del loco todopoderoso rigiendo los destinos de un mundo (enfermo) parece volverse realidad con los números de ese personaje burtoniano hasta el nombre llamado Donald Trump. En ese caso, es probable que la casa de Miss Peregrine sea una especie de último refugio. Lo andaríamos necesitando.
<b>NOVELA PARA VER</b>
Originalmente, el libro de Ransom Riggs iba a ser un conjunto de fotografías antiguas –él mismo colecciona– que narraran una historia fantástica. El asunto fue creciendo y todo se convirtió en la vida de un chico que, tras una terrible tragedia, sigue ciertas pistas que le deja su abuelo para llegar a la casa de






