
Fabricio Oberto: de todo menos basquet
El argentino Fabricio Oberto traspuso las puertas de la NBA. En esta nota habla, sin embargo, de las sensaciones de cualquier deportista que debe adaptarse a un equipo
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Recostado en camas que rara vez pudieron abarcar completos sus 2,08 metros de altura, Fabricio Oberto adelantó y retrocedió cientos de veces los VHS de Michael Jordan, Magic Johnson y hasta Larry Bird, en horas de siesta, repitiendo lo que todo basquetbolista del planeta hace cuando mira partidos de básquet: soñar con ser un NBA. Cuando selló su salida del Pamesa Valencia, luego de siete temporadas de jugar en el basquetbol europeo, Oberto apostó a dar el salto, con 30 años, en un momento decisivo de su carrera. Tenía sobre la mesa ofertas del Real Madrid y del Barcelona, fuertes en fútbol y también poderosos en básquet, que lo invitaban a seguir en España con buenas recompensas. Optimista desde el primer lavado de dientes del día y hasta que desconecta su guitarra eléctrica para irse a dormir, Oberto jamás pensó que las gestiones de su agente para ir a San Antonio pudieran fracasar. A pesar de que la NBA ya le había dado vuelta la cara cuando estuvo cerca de ir a los New York Knicks y a los Chicago Bulls, él siguió tan europeo como una catedral. En ese margen de duda razonable que cualquiera puede tener, Fabri pensó que ya era hora de meterse en los DVD que otros aspirantes a basquetbolistas verán en el futuro; ahora, quizás hasta aparezca en el videojuego NBA 2006 que millones de chicos en el mundo martillarán con los pulgares en sus consolas.
Con su mujer, Lorena; su beba, Julia, nacida el 6 julio último, y "un container de 10 metros cúbicos con todas nuestras cosas" que viajó solo de Valencia a San Antonio, Fabricio Oberto se instaló en la casa de los últimos campeones de la NBA para poner sus 2,08 metros de altura y sus 115 kilos a disposición del técnico Gregg Popovich para lo que le guste mandar. Porque eso es lo que le encanta a Popovich: mandar.
–¿Qué cosas han cambiado desde que se anunció tu llegada a los Spurs?
–Ha cambiado todo en todos los ámbitos. Y sobre todo en la popularidad. Me ha tocado estar en Buenos Aires en muchas ocasiones, aun después de haber conseguido logros importantes con la selección, y nunca me reconocieron como ahora, que saben que estoy en la NBA. Estuve hace siete años jugando con Atenas una final de Liga Nacional, con el Luna Park lleno, y cuando iba por la calle la gente me miraba porque era alto. Algunos pensarían que era un limpiador de techos... Ahora me saludan, me desean suerte. Esto demuestra el poder que tiene la NBA en el mundo. Se generó mucha expectativa y el asunto empieza ahora. Representa mucha responsabilidad llegar al equipo campeón y ganarme un lugar.
–Un jugador se gana el lugar en la cancha, con minutos de juego. ¿Cómo crees que va a ser la adaptación?
–Mi apuesta es adaptarme a las necesidades del equipo. No quiero entrar cuando estemos ganando o perdiendo por 20 puntos. Voy a hacer lo que sé hacer: llevar a los grandotes contrarios lejos del tablero, impedir que hagan su juego. En fin, el trabajo sucio. También tendré que mejorar más la parte de anotaciones y volcadas, que hacen más espectacular el juego. La NBA es así: te ponen tres tapas seguidas y te mandan al banco. Pero al banco de atrás, donde están los espectadores...
Lo que Fabricio Oberto define como "trabajo sucio" es una parte sustancial del básquet que no suele figurar en las planillas estadísticas. Mientras muchos admiran los tiros de larga distancia y las habilidades de jugadores como Manu Ginóbili, en paralelo hay otro juego que se da debajo del tablero, a la altura de los riñones y el hígado, para capturar un rebote o a lo sumo acomodar una pelota en el aro luego de una genialidad ajena inconclusa. Es la dura tarea de obstruir y molestar a los grandotes del equipo rival. Allí se mueve Oberto frente a jugadores que pueden ser más altos y pesados que él: "Yo tengo 2,08 de altura y 115 kilos. Y en la NBA es de ahí para arriba. Me gusta jugar ese tipo de básquet y plantearlo con intensidad".
Es curioso que haya un lugar en el que alguien de las dimensiones de Oberto pueda ser considerado liviano. Tan curioso como que alguien que tiene tanto humor disponible como para donar sea el encargado de esas tareas en el equipo.
–Parecés demasiado bueno para ser el hombre del trabajo sucio...
–Es que en la cancha sale mi parte oculta. Soy muy agresivo en el juego. La verdad es que en mi vida cotidiana nunca tengo mayores problemas y estoy siempre de buen humor con las personas con las que me relaciono. Pero en la cancha soy muy competitivo. Cuando ya aprendiste que no te gusta perder, cuando descubriste ese dato, vas más fuerte y chocás. No a cualquier precio, pero cerca.
Le acaba de pasar en el primer partido de pretemporada frente a Miami Heat. El partido era a beneficio de las víctimas del huracán Katrina, pero ésa no era razón para que Shaquille O’Neal se portara con delicadeza. Chocaron y el tobillo de Oberto se fue a boxes. Hace más de un año, el precio alto por jugar rudo significó perderse el partido por la medalla dorada contra Italia en los Juegos Olímpicos pues se había fracturado un dedo en las semifinales contra Estados Unidos. Por un tiempo, el básquet también perdió a un músico aficionado. A Fabricio le encantan las ciudades a pesar de venir de un pueblo como Las Varillas, a 120 kilómetros de Córdoba. Prefiere un departamento a la más linda de las casas y, por sobre todas las cosas, ama el rock. Le gusta escucharlo y tocarlo. Sus prioridades al llegar a San Antonio, luego de conseguir una casa para vivir, eran ponerse a entrenar y estudiar la cartelera de conciertos del estado de Texas y alrededores. Llegar a los Spurs también significa compartir códigos con futuros compañeros, como si se tratara de chicos de colegio secundario. "Me enteré de que Brent Barry (escolta de los Spurs) es amigo personal de Eddie Vedder, el líder de Pearl Jam. Y el vago una vez lo invitó a una gira con el grupo. Eso es espectacular...", dice Oberto, que en la intimidad saca en la guitarra las canciones de Coldplay y Metallica. En Valencia armó una banda con Federico Kammerichs, que también dejó el equipo recientemente. Se llamaban De Pitis.
–¿Tocás bien?
–Es un hobbie, y tomé algunas clases. Y para que una cosa sea un hobbie, hay que hacerla entre bien y mal. Un intermedio.
–También tuviste un programa de radio...
–Durante un año lo hicimos también con Fede (Kammerichs) y otros compañeros de Valencia. La idea era salirnos del básquet: en tres minutos dábamos los resultados de la Liga y después pasábamos música y hablábamos de otras cosas. Iba los lunes. A las 7 de la tarde terminábamos de entrenar y a las 8 empezaba. En esa hora intermedia lo preparábamos y veíamos de qué íbamos a hablar. Salíamos por una FM de Valencia, y estuvimos a punto de tener alcance nacional, pero finalmente hubo gente que no vio bien que lo hiciéramos y se acabó. Un día salió un oyente al aire para decirnos que no le gustaba cómo tirábamos los libres en los partidos... Si nos escuchaba, ¿no se dio cuenta de que el programa se llamaba De todo menos básquet?
–¿Pensás hacerlo en San Antonio?
–Puede ser, a lo mejor. Lo haría en spanglish...
Oberto está contento con el equipo que lo eligió. Los directivos de San Antonio le aseguraron que hacía tiempo que venían observándolo. La NBA siempre les dice a todos que los están mirando.
La primera sensación de Fabri fue la de llegar a un equipo que tiene un clima familiar, como el que lo recibió en Atenas, donde, además de jugar con Marcelo Milanesio y el Pichi Campana, compartían asados y momentos libres.
"Hay buen clima. Pensé que iba a estar en un lugar en el que los jugadores llegan con los auriculares puestos escuchando rap, se entrenan, se ponen otra vez los auriculares y se van. Termina la práctica y pensás: no hablé con nadie... Por suerte no es así. Tim Duncan es un poco callado, pero es un buen vago."
Convencido de que el número 7, el que lo acompaña desde la camiseta de Atenas, es el que marca su destino, Fabricio Oberto llega con su juego intenso, su familia, su guitarra y su aporte a la historia del básquet argentino a San Antonio. También, con su diente de plata.
Nada lo altera. Llegó a San Antonio para molestar a los vagos grandotes que se interpongan entre Manu Ginóbili y el resto de los Spurs en su camino a un nuevo título. Ahí va.
Más datos: www.nba.com/spurs
Agradecemos al Club de Amigos la colaboración prestada para la realización de esta nota.
Perfil
Oberto & Cía.
Nació el 21 de marzo de 1975, en Las Varillas, Córdoba. Está casado y tiene una hija llamada Julia. Comenzó a jugar básquet en Huracán, en su ciudad natal, y luego pasó a Ameghino, de Villa María. Debutó en la Liga Nacional de Básquet en 1993, con Atenas de Córdoba, y en la selección argentina en 1995.
- Sus clubes: Atenas de Córdoba (1993-1998); Olympiakos Pireus (Grecia, 1998-1999); Tau Cerámica (1999-2002); Pamesa Valencia (2002-2005); San Antonio Spurs (2005-2008).
- Sus títulos con la selección argentina:
2004: medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas.
2002: subcampeón mundial en Indianápolis.
1995: medalla dorada en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata.
- Sus títulos en otros equipos:
2002/2003: campeón de la Copa Uleb con Pamesa Valencia.
2001/2002: campeón de la Liga Española ACB con el Tau Cerámica.
2001/2002: campeón de la Copa del Rey con el Tau Cerámica.
2000/2001: subcampeón de la Euroliga con el Tau Cerámica.
1997/1998: Campeón de la Liga Nacional con Atenas de Córdoba.
1997: campeón de la Liga Sudamericana con Atenas de Córdoba.
1998: campeón de la Liga Sudamericana con Atenas de Córdoba.





