
Fair play: ¿Y si jugamos limpio?
Ser el mejor, ganar a cualquier precio, cumplir el deseo de los padres... En un mundo donde el éxito y el fracaso suelen aparecer como únicos parámetros deportivos, ¿es posible educar a las nuevas generaciones en el respeto por el otro, dentro y fuera de la cancha? En esta nota, ideas para entender la importancia de jugar...por jugar
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- ¿Quién te pide que ganes?
–Mi papá. Cuando me critica algo, le contesto que yo sé qué hacer dentro de la cancha, que las órdenes las pone el profe y no él. Yo soy el jugador, no él.
El que habla es Francisco Puentes, Pancho para los amigos, el chico que en 2004 se consagró campeón argentino en la categoría infantiles A de mountain bike y con sólo 12 años decidió dejarlo todo. “Me cansé, por eso dejé la bici, ya no lo pasaba bien y por eso me puse los botines –cuenta frente a sus compañeros de equipo del colegio jujeño Del Salvador, con el que ganó el torneo intercolegial de la Copa Coca-Cola–. Ahora quiere que gane siempre en la cancha.”
¿Jugamos para divertirnos o jugamos para ganar? Es la pregunta que el licenciado Alfredo Fenili, especialista en psicología del deporte, toma como punto de partida para hablar de la relación de los chicos con el deporte y la actividad física. “Todos somos competitivos, la competencia es inherente al ser humano, es parte del deporte y de la vida –destaca–. El problema aparece cuando la competencia comienza a ocupar un lugar que no corresponde. Yo lo llamo el modelo del campeonismo, donde lo único que vale es ser el primero; es el modelo actual, el que hace que sólo nos fijemos en los campeones, en el éxito. Ganar no es lo más importante sino lo único, el resto no existe.”
Todos quieren ser Messi, Nalbandian, Ginóbili, Pichot, ser número uno, ocupar las tapas de las revistas y aumentar los ceros de la cuenta bancaria. “Los jugadores pasaron a ser estrellas de rock”, analiza Hugo Tocalli, ex director técnico de la selección nacional sub 20 de fútbol y actual entrenador de Vélez Sarsfield. “No debemos olvidarnos de la cantidad de chicos que no llegan a jugar profesionalmente y deben cargar con la frustración que hace que no puedan desarrollarse como personas. Con Pekerman –con quien Tocalli compartió el cuerpo técnico de los seleccionados nacionales– hemos visto muchos casos, demasiados.”
Cuando a un chico se le exige más de lo que puede dar se lo está presionando y de esa manera no se le está permitiendo disfrutar. Tampoco se le da la oportunidad de descubrir en el deporte una posibilidad de expresión. “En definitiva los deportes cultivan los valores para la vida”, destaca Hugo Norberto Masci, presidente honorario y una de las cabezas fundadoras del Club de Amigos. ¿De qué valores hablamos? “Los modelos y los valores que reciben los chicos son los que ven en la televisión, en los estadios, en los medios –analiza Fenili–. Y qué es lo que ven, lo que reciben, lo que avalamos como sociedad: partidos dramáticos como si ganar o perder fueran una cuestión de vida o muerte, jugadores que hacen trampa, violencia dentro y fuera de la cancha. Seamos sinceros, siempre realzamos la supuesta viveza criolla.” ¿Será la misma viveza que hace que aplaudamos orgullosos el gol con la mano que Maradona hizo a la selección de Inglaterra en el Mundial de 1986?
“Cuando veo que se pelean los jugadores, los hinchas, me pregunto por qué. En casa lo hablamos mucho”, dice Nicolás Podjarny. Nico tiene 9 años y desde los 2 es socio del Club de Amigos. “Hago fútbol y natación.”
¿Resulta extraño hablar de juego limpio y poco frecuente encontrar equipos o jugadores que brillen por su fair play? “Jugar limpio es jugar sin hacer cosas que perjudiquen al otro con tal de ganar –explica Sofía Podjarny (13)–. Es seguir las reglas y respetar al otro.”
“El rival no es un enemigo”, agrega Florencia Díaz Arena (12). “A veces se gana, otra se pierde. –afirma Lucio Subellun (9)– A mí me gusta ganar, pero no se puede siempre.”
Jugar limpio es respetar el reglamento y al rival, porque sí importa cómo se gane. “Porque ganar numéricamente como necesidad absoluta va en contra del espíritu del juego limpio”, señala Cacho Vigil, ex director técnico de la selección nacional de hockey femenino y actual entrenador de los varones. “No sacar ventaja de esas «habilidades» creadas por el jugador –agrega Fenili–, como la de tirarse al piso y hacerte el muerto para pedir la amarilla o la expulsión del adversario. La viveza criolla se ensalza, los entrenadores suelen decirles a los chicos: «Pibe usted tiene que ser vivo quédese en el piso, no se levante». Tampoco le vas a pedir que se inmole, pero sí que juegue con las reglas.”
Por suerte uno encuentra casos que sirven de ejemplo, como la gloriosa tradición de los Sub 20 nacionales de Perkerman y Tocalli, en quedarse con el Premio Fair Play o la actitud del ex número 1 del tenis Andy Roddick, en el Masters Series de Roma de 2005, donde dio bueno un punto que el juez había dado por malo, que lo beneficiaba y con el que hubiese ganado un match. Noble actitud similar a la que Guillermo Vilas tuvo con José Luis Clerc en la final de Madrid de 1980 (ver aparte).
“Todo parece importar demasiado –dice Patricio Subellun (12)–, pasa en todos lados.” “Yo me pregunto por qué sigue pasando –reflexiona Florencia–, lo ves en la escuela, en la tele. Pasa con muchos deportes, se arreglan partidos, hay mucha plata en el medio, se juega como... si fuera la última vez.” “Si no ganan seguido, los técnicos se quedan afuera, ¿no?”, pregunta Patricio.
Mi hijo el campeón
Los medios juegan un papel fundamental en esta vorágine y la confesión de Osvaldo Coloccini, ex jugador y padre orgulloso de Fabricio (juega Deportivo La Coruña, en España). Lo pone al descubierto: “Ni en toda mi carrera de jugador tuve tanta prensa como la que consiguió mi hijo en un solo partido.”
El modelo del campeonismo, del éxito y por sobre todo de la fama está presente en los campos de juego. No importan el club, la categoría ni la disciplina, desde las tribunas se oyen los gritos de padres, madres y técnicos. ¿Alentando? No, exigiendo hasta lo imposible y marcando los “supuestos errores” de los chicos. “Estamos hablando de una cuestión social, de un reflejo que llega de la televisión, de las revistas, de los diarios –comenta Fenili, coautor del libro Mi hijo el campeón–. El mayor problema es que las miserias del deporte profesional se trasladaron al deporte infantil. Entonces, es frecuente encontrar chicos que sienten que no pueden equivocarse libremente y sin conflicto. La mirada del adulto suele calificar y sentenciar.”
El placer, el disfrute del juego, parecen términos caídos en desuso. “Con Pekerman siempre hablábamos con los chicos de la importancia de disfrutar del juego, porque eso debe ser lo más importante para los pibes. Hoy en cambio –enfatiza Tocalli–, están más atentos a esa sensación de demostrar, de que todos los miran, porque siempre se está en la búsqueda de un nuevo crack. Es una gran responsabilidad y nada tiene que ver con el deporte sino con la vorágine del momento que nos toca vivir.”
Un gran negocio, el deporte es una puerta por la que se puede acceder al éxito y ganar fortunas. “En 1985 estaba viendo por tevé la victoria de la rumana Virginia Ruzici y vi un cheque por una cantidad enorme. Ahí dije: «Mis hijas deben jugar a esto. Hay mucho dinero»”, confesó Richard, padre de Serena y Venus Williams, las hermanas maravilla del tenis, que llenaron de dinero las arcas de papá, ex guardia de seguridad y empleado de limpieza.
“Nos salvamos. El pibe es un Maradona”, la frase se repite una y otra vez porque la mayoría de los padres creen tener en su casa a un jugador talentoso que los “salvará”. “Los chicos son usados porque el fútbol es una picadora de carne.” La frase pertenece a José María Aguilar, presidente de River Plate. Pareciera no haber límites, en los últimos años los “reclutadores” recorren las canchas de todo el país en busca de jóvenes talentos, chicos cada vez más chicos, de 9 o 10 años, que son tentados por importantes clubes europeos. “La crisis económica por la que atraviesa la Argentina empuja a que esto ocurra. No tienen escapatoria –dice Ramón Maddoni, director general del fútbol infantil de Boca–. Padres que no tienen trabajo buscan la manera de poder salvarse con una entrada de dinero que acá no pueden lograr y sí afuera.” Una tendencia que se repite en países de América latina y Africa. Los chicos llegan a Europa atraídos por contratos millonarios y en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ya se piensa de qué manera evitar que se lleven a los chicos de los clubes locales.
“Por todo esto uno es testigo de competencias salvajes en las categorías infantiles, padres que no colaboran para que esto se dé de manera diferente, los entrenadores que les piden a los chicos lo mismo que a los grandes –dice Fenili–. Hay chicos que entran en un club y ya están hablando: «Este a los 20 años va a ser un Messi, un Ginóbili, un Federer». Una visión terrible.”
“...Espero volver en el futuro y no defraudar a los que están conmigo. Voy a volver. Sobrellevé la muerte de mi tío, la de Matías (Sosa Salvador, su mejor amigo), la de mi abuelo, que pasó mientras jugaba un torneo. Pero estoy pensando sólo en eso. Voy a volver porque tengo unos h… enormes. Gracias y perdón por todo esto”. Confesó Guillermo Coria, con lágrimas,en la conferencia que brindó el 6 de junio 2004 luego de perder Roland Garros frente a Gastón Gaudio. El Mago desnudó su mayor frustración: “Defraudé a mi familia”, dijo, ante la mirada de su padre y ex entrenador. “Fui el profesor de Guillermo hasta los 12 años; de ahí dejé de tener una relación tenística con él y pasé a tener relación de padre”, declaró en varias oportunidades Oscar “Cacho” Coria, el papá del tenista que llegó a ser número tres del mundo y que hoy le pide que se retire del tenis.
“Siempre les digo a los padres que necesito papás que construyan, no que destruyan –cuenta Marcelo Ramón Juárez, el director técnico del equipo del colegio Del Salvador, de Jujuy, ganador de la Copa Coca-Cola 2006, el torneo intercolegial para chicos de entre 13 y 15 años que promueve el juego limpio–. Tratamos de no darle oportunidad de opinar, porque saben que hay un entrenador, un equipo que trabaja con los chicos. A veces resulta imposible. Le pasó a Manuel (Quintana): en el medio de la semifinal se paró para contestarle al padre, que estaba dándole permanentemente indicaciones.”
Cero boliya, dicen así, arrastrando la ye al mismo tiempo los pibes del colegio. “Capaz vos le decís, le hablás y no lo entiende –cuenta Eugenio Gallardo Rosas, uno de los chicos que integra el equipo Del Salvador–. Lo hablé y otros también, pero van a la cancha y te siguen gritando, te siguen presionando, por eso decidí no darles importancia, porque no sólo te dicen cosas en la cancha, también en casa hablan, opinan.”
“En el mismo instante en que los hijos compiten, no importa en qué deporte, se puede ver las peores cualidades de los padres –lamenta el psicólogo deportivo Darrell Burnett–. El deporte juvenil era el único reducto de auténtica deportividad, pero eso ya ha pasado a la historia. Si los niños no se divierten, se está perdiendo la esencia deportiva.”
Filosofía de vida
“El hombre y el deporte, una amistad que nace en la niñez y perdura en el tiempo”, dice un cartel colgado en el gimnasio principal del Club de Amigos, un fiel reflejo del espíritu con el que trabaja el centro de iniciación deportiva que se especializa en niños. “El deporte como filosofía de vida, ese es el terreno en el que trabajamos –asegura Masci, presidente honorario del Club de Amigos–, porque el deporte en los niños da la oportunidad de desarrollo y maduración, no sólo física sino también mental y emocional.”
El deporte como un espacio de formación y recreación, en el que los chicos se encuentren cómodos y contentos. “Una de las principales causas de deserción y de decepción deportiva es la presión temprana que reciben los chicos –comenta Alfredo Fenili, que en la actualidad trabaja en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), en el área de capacitación–. Es frecuente encontrar pibes que a los 13 años, después de jugar 6, 7 años en divisiones infantiles con tanta presión, se sienten como veteranos. Es en ese momento cuando dicen basta y dejan para siempre el deporte.”
Orgulloso, el director técnico Marcelo Ramón Juárez dice sentirse orgulloso no sólo por haber conseguido en 2006 la Copa Coca-Cola, sino por haber logrado con los chicos de Del Salvador el premio Fair Play. “Buscamos formar un equipo que pueda trabajar en grupo, que los que están en la cancha se lleven bien, si es posible que sean amigos. Es necesario que se apoyen el uno al otro, que sean solidarios, y eso lo conseguimos. Considero importante que se premie este accionar para que sirva de ejemplo.”
Como a Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, a Ramiro y a Santiago Lozano (15) también les tocó compartir la cancha y consagrarse en el equipo del colegio Del Salvador. “Hay cosas que en el fútbol no van a cambiar demasiado –piensa en voz alta Ramiro–, como la hinchada. Quizá le podes hacer entender la mala presión que generan. Sé que es parte de la esencia del fútbol argentino, pero se puede cambiar. Lo que pasa en las tribunas nos afecta a todos.”
El deporte debe integrarse a nuestra vida, desde el lugar del juego, del placer y la salud. “Para nosotros, que un adulto diga que aprendió a amar el deporte y que practica tenis con sus amigos los fines de semanas es genial –confiesa Masci, voz del club por el que pasan más de nueve mil pibes por año–. La vivencia del deporte no es reemplazada por nada. Hay que volver a ensalzar la importancia de la práctica del deporte recreativo, que no requiere de ningún motivo especial, simplemente desear hacerlo, que sea divertido y placentero.”
“Mis papás siempre nos dijeron a mí y a mi hermano que es bueno hacer deporte, que es la mejor manera de cuidarnos. Nos exigen que hagamos algo, lo que más nos guste”, asegura Sofía. “Me divierto en el club –aclara Nicolás–. Estoy con mis amigos, juego, hago lo que me gusta.”
Fotos: Martin Lucesole y Gentileza Coca-Cola (Jujuy)
Para saber más:
El sentido del deporte
Es un modelo para: lograr el desarrollo de la personalidad y abrirse al aprendizaje de lo diferente, desarrollar la autoestima a través del gesto y la acción motriz, aprender a ser perseverantes y tenaces en la búsqueda de nuestros propósitos, compartir con compañeros y rivales un momento de emoción, buscar ganar sin trampas y jugando limpio.
Es un fin para: aprender a jugar, respetar las propias posibilidades, respetar al otro, lograr un modo de vida sano y activo, desarrollar un espíritu positivo y seguridad en las decisiones.
Fuente: libro Mi hijo el campeón , de Marcelo Roffé, Alfredo Fenili y Nelly Giscafré (Lugar Editorial)
Buenos modales
- “No hice nada extraordinario, sino lo correcto. Si después lo perdí fue por aciertos de mi rival y por errores míos. No por ese momento”, dijo el tenista Andy Roddick, ex N° 1 del mundo, cuando dio un punto discutible con el que hubiese ganado el match, durante el Master Series de Roma, en 2005. El encuentro estaba 7-6 y 5-3 en favor del norteamericano. El español Fernando Verdasco falló el primer saque; ejecutó el segundo, el juez de línea cantó out (mala) y, acto seguido, el umpire dijo game, set y match. Roddick miró el pique, se dio cuenta de que era bueno y pisó la marca, que en la jerga del tenis significa dar la pelota por buena al contrario. En vez de concluir, el partido seguía con vida. Luego perdió.
- A comienzos de 2006 todos hablaban de Daniele de Rossi en Italia por el gesto que tuvo el jugador de Roma de pedirle a un árbitro que le anulara un gol que había hecho con la mano. “Hice lo que correspondía”, comentó De Rossi, el mismo futbolista que meses después, en el Mundial Alemania 2006, le propinó un codazo al estadounidense Brian McBride, que abandonó el campo sangrando. Sin embargo, el mayor escándalo del último Mundial, que dejó vacante el premio Fair Play, lo protagonizó el francés Zinedine Zidane, que le dio un cabezazo al italiano Marco Materazzi, en la final. El francés pidió perdón durante una entrevista en televisión. “Me disculpo ante los niños que lo vieron. Por supuesto que no es un gesto a imitar. Tengo que decirlo alto y claro porque fue visto por dos o tres mil millones de telespectadores. Me disculpo ante ellos y también ante las personas que están allí para educar a esos niños y mostrarles las cosas que deben y no deben hacer.”
- Guillermo Vilas concedió a su rival José Luis Clerc, en el Grand Prix de Madrid de 1980, dos pelotas buenas, después de que el juez le hubiera adjudicado el juego, con lo que Vilas se situaba con un 5-1 y el servicio a su favor en el cuarto y último set si lo ganaba. Pero no fue así; Clerc le ganó ese juego, el set y el partido porque Vilas, al final, perdió movilidad a causa de calambres en las piernas. El resultado final fue 6-3, 1-6, 1-6, 6-4 y 6-2.
Un juego en serio
La actividad física está íntimamente relacionada con las etapas evolutivas del niño, según un informe elaborado por la Sociedad Argentina de Pediatría.
- De 0 a 2 años: favorecer el juego libre y el movimiento. En la etapa preescolar los niños pueden saltar, tirar y atajar una pelota. El juego aparece como actividad fundamental.
- De 4 a 7 años: se desarrolla la actividad motora –habilidad, coordinación, equilibrio y velocidad–. Pueden entender algunas reglas de juego, pero no comprenden el significado de la competencia; por ello es común ver a todos los niños correr detrás de la pelota en lugar de mantener distintos puestos en el campo de juego. De 8 a 9 años comienza a desarrollarse la actividad predeportiva.
- De 10 a 12 años: se propone el juego deportivo en grupo, con reglas. Se deben permitir los cambios de disciplina deportiva para que pueda elegir. Importante el acompañamiento positivo de los padres, entrenadores y maestros, ya que en este período son muy sensibles a los juicios y presiones de los adultos.
- De 13 a 15 años: los cambios individuales son frecuentes. Se comienza a adquirir la madurez motora. Intensa actividad y etapa de mayor abandono de la actividad si ésta no ha sido adecuadamente estimulada.
Manifiesto fair play
El juego limpio (fair play) implica:
1. Honestidad, lealtad y actitud firme y digna ante un comportamiento desleal.
2. Respeto al compañero.
3. Respeto al adversario, vencedor o vencido, con la conciencia de que es el compañero indispensable con el que le debe unir la camaradería deportiva.
4. Respeto al árbitro y respeto positivo, expresado en un constante esfuerzo de colaboración con él.
El juego limpio implica, por último, modestia en la victoria, serenidad en la derrota y una generosidad suficiente para crear relaciones humanas entrañables y duraderas.
Sexto sentido
La discusión en torno de qué es innato y qué adquirido en la especie humana goza de buena salud. Y esto mucho más todavía desde que las neurociencias y los métodos de diagnóstico por imágenes permitieron estudiar las reacciones o conductas frente a determinados estímulos (frases, sensaciones, recuerdos) y “ver” qué partes del cerebro se activan en una pantalla.
Se ha demostrado que personas con lesiones en el lóbulo frontal son incapaces de tomar decisiones “morales”: tienen comportamientos desinhibidos, individualistas, carentes de toda percepción del otro. ¿Entonces? ¿Ser “buenos” o “malos” depende –también– de la biología? Hasta hace algún tiempo se consideraba que las acciones morales eran producto de una toma racional de decisiones. Pero ahora eso no parece tan claro.
Según el célebre lingüista Noam Chomsky, nacemos dotados instintivamente para el lenguaje: más allá del idioma que cada cultura hable, venimos munidos de un “gramática universal” que nos fuerza a analizar los discursos en términos de estructuras gramaticales, y todo ésto sin darnos cuenta de las reglas que entran en juego: de hecho, nos comunicamos (y muy bien) mucho antes de saber siquiera que existe la palabra gramática.
Hace pocas semanas, Steven Pinker, un neuropsicólogo de 53 años nacido en Montreal, Canadá, profesor de Psicología en la Universidad de Harvard (EE.UU) reavivó el fuego con un artículo publicado en The New York Times donde va todavía más lejos: dice que nacemos con un diseño moral universal que nos fuerza a analizar las acciones humanas en términos de estructuras morales, y ésto (al igual que con Chomsky el lenguaje) desde bien pequeños, sin darnos cuenta de las reglas que ponemos en juego.
Pinker admite que la idea de que la moral es innata a la naturaleza humana ha sido planteada antes. Pero él llama “sexto sentido” al “sentido moral” y afirma que, aunque aún no se hayan descubierto, hay evidencias de que existen genes para la moralidad (así como los especializados en la adquisición y uso del lenguaje). El sentido moral, asegura, está enraizado en el diseño mismo del cerebro humano.
Si la capacidad de actuar moralmente bien o mal radica en algo que no se aprende sino que parece depender de la dotación genética de la persona, aquellos que vienen “fallados”, ¿son culpables o inocentes? Por ahora, más que una pregunta parece un dilema... moral
Víctimas de padres obsesionados
- El francés Christophe Fauviau, un oficial del ejército retirado de 46 años, fue declarado culpable de homicidio luego de que uno de los tenistas que enfrentaba a su hijo murió en un accidente de vehículo tras haber sido dopado. Fauviau puso drogas en las bebidas de por lo menos 27 jugadores durante los partidos de tenis donde participaban sus hijos Maxime y Valentine entre 2000 y 2003.
- La Federación Internacional de Natación suspendió a Mijail Zubkov, el entrenador ucranio que agredió a su hija Kateryna Zubkova, de 20 años, en los Mundiales de Australia, en marzo de 2007. Cámaras de la televisión lo sorprendieron pegándole a su hija en una zona de descanso por no haberse clasificado para las semifinales.
- En 1999, la tenista Jelena Dokic fue golpeada por su papá Damir, tras perder un partido en Birmingham. Tiempo después, papi volvió a atacarla y en 2005 le rompió la nariz de un golpe.
- Muchos éxitos de la tenista Mary Pierce fueron opacados por las acciones violentas de su padre. En el Abierto de Francia de 1993, fue expulsado luego de golpear a un espectador. La WTA le impidió presenciar cualquier torneo por 5 años. Así, se creó la “regla Jim Pierce”, que prohíbe conductas abusivas de parte de jugadores, entrenadores o familiares. Al principio de su carrera, Pierce fue entrenada por su padre, pero luego obtuvo una orden restrictiva después de que no pudiera soportar más sus maltratos. Tiempo después debió pagarle medio millón de dólares para terminar el pleito y que la dejara tranquila.






