Federico Méndez

El puma & el vino

Con la misma audacia que luce la camiseta del seleccionado argentino de rugby, este mendocino de pura cepa se reencontró con sus raíces y en sociedad con Rodolfo Montilla, el ex Puma, se dedica a elaborar refinados productos de la vid. La doble y exitosa vida de un viñatero sin bodega
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2 de diciembre de 2001  

Con nueve puntos recién cosidos en la cabeza y machucones varios por aquí y por allá cosechados en un partido del día anterior, Federico Méndez aceptó al fin dejarse fotografiar con la camiseta blanca y celeste entre las vides. "Cómo me van a cargar los Pumas", masculló sonriente mientras atajaba para la foto una botella de sus preciados vinos en lugar de la aerodinámica guinda de rugby.

Se dice que aprendió a usar la misma agilidad y arrojo que lo distinguen en la cancha en el terreno comercial. Con esos atributos y con la cautela de rodearse de los que más saben, se abre camino. Angel Mendoza, con el peso de su nombre y apellido (amén de 30 años en Trapiche), es el guía que Méndez y su socio, Rodolfo Montilla, adoptaron como su consejero y mentor espiritual. "El vino es un negocio cálido. Los hombres exitosos que quieren felicidad tienen su propia bodega. Francis Ford Coppola tiene la suya, y Federico Méndez también", dice Angel, de bigotes afilados al estilo Dalí, mientras enciende un sahumerio de vainilla para que los toneles no tomen el aroma húmedo del ambiente, y señala con orgullo un Chardonnay Brut Zero cosecha 98. -Es un espumoso hecho sólo con uvas chardonnay, que se dio en circunstancias especiales -explica Méndez con similar satisfacción-. El 98 fue un año malo, con muchas lluvias, pero alcanzamos a cosechar una parte de buenas uvas. Tenemos 1800 botellas que hicimos con Enrique Antolin (responsable de la elaboración de champagne de Navarro Correas). En realidad, nos movemos al revés de lo normal; primero tenemos buenos vinos, después los comercializamos, y sólo más tarde tendremos bodega propia. Ahora, cuando tenemos que decidir dónde elaborar o dónde seleccionar las uvas, investigamos el mercado. Ruben Sfragara (con trayectoria en Navarro Correas y Luigi Bosca) es el enólogo que hace el análisis técnico de nuestros vinos. Le gustó nuestra idea, él nos indica hacia dónde ir.

La cancha de rugby, en cambio, la estrenó internacionalmente con menor cautela, a los 18 años, haciendo volar a Paul Auckford, un gigantón con fama de malo, en su primer partido para los Pumas. La anécdota podría haberlo sepultado. Pero, junto a la audacia, las noticias mencionaban su nombre rodeado de elogios. Todo un currículum de un solo empujón. -El tipo me perdonó un año más tarde. Que venga un chiquilín y te mande a dormir no es cualquier cosa. Sobre todo, cuando tenés una trayectoria y fama de pocas pulgas. Nos encontramos en un tercer tiempo y nos saludamos. Tuvo un gran gesto. Era policía y me regaló su casco, negro con el escudo de la reina de Inglaterra. Lo tengo en una repisa, con el resto de los trofeos y medallas.

Podría decirse que, hasta ahora, Federico Méndez se sentía un mendocino incompleto. Aunque como rugbier fue uno de los primeros en hacerse profesional, y el único que ganó dos veces la copa de Europa, sólo ahora, que empiezan a echar fama las botellas que llevan su nombre y su cara en las etiquetas de Cuevas del Puma, se siente plenamente embajador de la provincia.

-Viví afuera, pero nunca me fui realmente. Para poder decir que me va bien en la vida, tengo que compartirlo con la gente que quiero. Y ellos están acá. En Inglaterra me iba bárbaro, pero me gusta levantarme y ver la montaña, y no me canso nunca de pasar por la puerta del colegio al que fui de chico. Lo mejor de Mendoza es hacer vino. El resto se resuelve en Buenos Aires o Londres.

Entre festejo y festejo, entró en las esferas de la vid casi tan accidentalmente como en el rugby.

-Mi llegada a los Pumas fue imprevista. Yo iba a 5º año del colegio. Me llamaron para una gira de un mes por Gran Bretaña. Había jugado en los Pumitas (siendo un año más chico, encima, porque era menor de 18). Empecé a jugar en Primera del Mendoza Rugby Club, con Rodolfo Montilla. El seleccionado de Mendoza le había ganado un partido a Inglaterra, jugué muy bien y como se enfermó un jugador de los Pumas tres días antes, me llamaron como reemplazo. Yo no estaba en la lista original. Así terminé jugando con Porta y todos los jugadores que hasta ese entonces yo tenía como ídolos. Hasta el año anterior les iba a pedir autógrafos. En el primer partido, suspendieron a un jugador y quedé de titular. Un sueño cumplido. Estaba como en una nube: jugaba con los Pumas, le hacían reportajes a Porta, y a mí por ser el menor de todos. Era como una película, no lo podía creer. Ahora habla Rodolfo Montilla, ex Puma, amigo y socio: -Con Federico nos abren la puerta principal. Empezó de a poco, llevando algunas botellas sin etiquetar para compartir en el tercer tiempo. Fede fue honesto durante toda su carrera y seguirá siéndolo con la bodega. No nos queremos contaminar. No creo que alguien venda vinos con nuestro estilo. Queremos vender directamente. Sabemos que va a ser más lento, pero nos parece importante tener a nuestro enólogo on line, y mantener un diálogo directo con el consumidor a través de Internet. El entusiasmo de Federico es reciente. Años atrás, el que iba todos los fines de semana a la finca de papá Eduardo era Pablo, su hermano menor, que ahora tiene su propia finca.

-Es más, para mí era un castigo. Fui al liceo agrícola, en el que te recibís con título de técnico enólogo; pero no me gustó, hice dos años y me fui pensando que nunca iba a tener nada que ver con los vinos.

-¿Entonces?

-Soy mendocino fanático. Nací en medio de viñedos. Viajando por el mundo, redescubrí Mendoza, y acá lo que se puede hacer realmente bien es el vino. Los rugbiers somos apasionados. Con Cuevas del Puma, también somos apasionados. Por eso, salvo en la cantidad, no queremos ponernos límites, queremos soñar y divertirnos.

Una astuta leyenda for export

En la página en Internet ( http://www.cuevasdelpuma.com ) aparece la imagen de un felino y sus huellas, y una historia sólo apta para extranjeros. "Todas las mañanas -dice- Don Manuel Méndez encontraba las huellas en el mismo sector de su pequeña bodega de la montaña. Y todas las mañanas expresaba el mismo asombro: ´¡Otra vez el puma!´ El puma, el temido puma. El astuto. Alguien esparció la noticia por la comarca y salieron los aldeanos en su búsqueda. Volvieron con noticias. Alguien lo había enfrentado. Alguien lo había herido. Hasta muestras de su sangre encontraron. Pero, a la mañana siguiente, otra vez las huellas aparecieron en la bodega. Don Manuel lo habló con su vecino y amigo, Don Juan Luis Montilla. Una noche, se quedaron juntos aguardándolo entre los toneles más viejos. De pronto, en la mitad de la noche, una sombra sigilosa se deslizó por la entrada iluminada a plena luna. Don Manuel y Don Juan Luis prepararon sus armas. Los ojos del puma eran dos tajadas de sol entre las sombras. Los sorprendió la belleza del animal, su andar cadencioso, su dominio del silencio. Se paseó durante largos minutos mirando los toneles, acariciando con sus garras las nobles maderas, respirando el aire especial de la cava. Se paseó como en una ceremonia. Entonces los dos amigos emboscados entendieron: el puma y el vino. Los dos dominantes. Los dos hijos de la misma tierra." Nunca existió tal cueva ni tal abuelo don Manuel. Puro marketing. Escrito e imaginado por un pariente escritor para armar un catálogo.

-Queríamos relacionar al puma con alguna historia atrapante. Y él escribió esta historia. Hace poco, en Francia, estaba con un productor muy importante de Bordeaux, que me contó una historia similar con su bodega. En ese châteaux, Clemente XIII había vivido un tiempo y se fue. Pero los tipos armaron una especie de museo en la cave, estilo cripta, con un traje del Papa y música sacra... y van los japoneses y compran las botellas a 400 pesos. Por acá, los japoneses todavía no llegan.

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