
Félix Bunge: el señor de los vitrales
Con técnicas ancestrales, este mendocino –que hizo restauraciones en el Colón y en la catedral de La Plata– crea piezas sublimes con vidrio, luz y color, en su taller de San Telmo
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Los rayos del sol se cuelan por la cúpula ovoidal del techo e inundan con una luz tenue el hall principal de la enorme casona donde funciona el taller del vitralista Félix Bunge.
Sobre los tableros, los artesanos trabajan en un clima intimista, de un cierto recogimiento, muy acorde con la temática, generalmente religiosa, de los trabajos que emprenden. Por momentos se tiene la impresión de estar en alguno de aquellos talleres medievales donde floreció el arte de los vitrales junto con el de la arquitectura, románica primero y gótica después, en la construcción de grandes catedrales.
Las técnicas que hoy se utilizan muy poco difieren de las que se empleaban entonces. Por empezar, se reemplazaron los rudimentarios hornos de leña por otros que funcionan con electricidad o gas, ya que para fijar el color de manera indeleble es necesario someter el vidrio a cocción a altísimas temperaturas.
También, la tracería con que se sustentan las pequeñas piezas antes era de madera, de estuco o de piedra, y hoy es de plomo. Pero, por lo demás, hace falta la misma paciencia infinita, la misma tenacidad, el mismo espíritu minucioso, de una devoción casi sublime, para armar esos mágicos rompecabezas de vidrios multicolores que producen un indescriptible efecto de luz, con tonalidades que varían según la hora y los rayos de sol, y que convierten las estrechas ventanas ojivales en espléndidos y gigantescos caleidoscopios.
Biblias ilustradas
En el taller de Félix Bunge (54) se trabaja con las técnicas más ancestrales y con el concepto de respetar totalmente la estética original de la pieza por restaurar, o realizar desde cero, como fue el caso de la ampliación de catedral de La Plata, tal vez la obra que le ha dado mayor proyección aquí y en el exterior.
"Así como los vitrales fueron las verdaderas Biblias ilustradas del medioevo, creo que hoy son manifestaciones de culto y religiosidad -afirma el vitralista-. Demuestran que cuando la belleza se entrelaza con la expresión sensible de los contenidos de la espiritualidad, el valor de la obra artística se potencia y acentúa."
Los bocetos de trabajos en preparación, o en vías de realización, se suceden sobre los caballetes, donde abundan pinceles, cepillos, esmaltes, espátulas, masillas, varillas y otros mil instrumentos con los que van cobrando vida las figuras de santos, vírgenes y otros personajes bíblicos sobre los que Bunge y su equipo trabajan especialmente en los últimos tiempos. Porque, aunque durante muchos años abordó temas decorativos, entre los cuales hizo trabajos muy importantes, como la restauración de vitrales del Teatro Colón, por ejemplo, y aún hoy lo convocan para ese tipo de realizaciones, lo cierto es que su mayor experiencia se relaciona, sin duda, con el vitral religioso.
Bunge se define como un hombre espiritual y católico practicante. Tiene una rara suerte doble: la de trabajar con valiosos artesanos especialmente seleccionados y, además, con su familia en pleno. Su mujer, Alejandrina Torres Verdaguer, pinta las piezas que irán al horno, mientras que los hijos del matrimonio -Octavio y Agustín- también tienen muy bien especificados su lugar y sus responsabilidades en esta aceitada estructura de producción artesanal.
Con ese inocultable espíritu de pioneros que los caracteriza, todos colaboraron en la recuperación de la casona donde están instalados, una sólida construcción de 1880 enclavada en el corazón del barrio de San Telmo y reciclada con el mismo amor y la paciencia infinita que le dedican a cada obra de creación o de restauración que emprenden.
Autodidacto
Lo primero que llama la atención al aproximarse a la trayectoria de este mendocino, y al admirarse por la maestría con que trabaja el vidrio y maneja el color, es el hecho de saber que, en la técnica de los vitrales, es un verdadero autodidacto.
Se recibió de ingeniero agrónomo y trabajó y vivió en Mendoza básicamente de esta profesión, hasta que la fuerza de una incontenible vocación artística, sumada a su inclinación natural por todo aquello que implicara una destreza manual, para la que estaba muy bien dotado, lo fueron llevando a incursionar en el manejo del vidrio, casi como un hobby.
Un viejo vidriero mendocino le enseñó a cortar el vidrio, un acuarelista lo introdujo en el manejo del color, pero casi todo lo fue logrando por propio impulso, gracias a su deseo de aprender, de investigar y, sobre todo, de probar, ensayar, romper vidrios dentro del horno, y volver a empezar, guiado por un espíritu perfeccionista.
Así, después de haber hecho una importante cantidad de trabajos para casas, hoteles y otros lugares públicos, empezaron a aparecer los primeros encargos religiosos para iglesias y capillas privadas. Su arte empezó a reconocerse rápidamente en otros lugares y Bunge salió en busca de nuevos desafíos.
Los pedidos de todo el país, cada vez más importantes, empezaron a sucederse, aunque la consagración vendría cuando fue seleccionado por concurso de antecedentes para realizar la ojiva central de la catedral de La Plata, conformada por el rosetón y las vidrieras inferiores, cuya temática es el Apocalipsis. Como se sabe, este magnífico templo de estilo neogótico permaneció inconcluso durante casi un siglo. La mayor evidencia de esta realidad era la ausencia de dos de las tres torres contempladas en el plano original.
Bunge pasó a ser titular del Taller de Vitrales que depende de la Fundación Catedral, donde además, durante los tres años y medio que duró la obra, se desempeñó como maestro de artesanos. Para esto, lógicamente, debió trasladar su residencia a La Plata.
Mayor conciencia
En estos días Bunge y su equipo trabajan en la recuperación de viejos vitrales de la iglesia San Martín de Tours, en Buenos Aires, así como en la realización de diseños para nuevas aberturas. Y avanzan en otra obra muy ligada al patrimonio cultural de los porteños: la iglesia de Santa Felicitas, en Barracas, realizada con reminiscencias románicas y góticas, casualmente por un antepasado suyo: el arquitecto Ernesto Bunge.
Rescatar del moho, la corrosión, el deterioro, cuando no del olvido, estas piezas únicas de nuestro patrimonio cultural es una tarea ciclópea, pero invalorable, a los efectos de resguardar una identidad ligada a nuestras creencias y a nuestro pasado.
Bunge cree que, afortunadamente, una conciencia de preservación comienza a resurgir en la Argentina. "Durante décadas, este tema estuvo muy abandonado", señala el artista.
Para saber más
- felixbungevitraux@hotmail.com
Viejo arte
- Probablemente, el arte de los vitrales sea mucho más antiguo de lo que afirman los primeros documentos históricos que se registran.
- En Egipto y en la Mesopotamia se conoció la técnica de colorear el vidrio en el tercer milenio a.C. Mil años más tarde se moldeaban objetos de vidrio coloreado traslúcido, y en el siglo I d.C. los vidrieros romanos dominaban el arte de soplar el vidrio.
- Los más antiguos vitrales pintados y unidos con plomo se remontan a los siglos IX o X y fueron encontrados en la abadía de Lorsh, en Alemania, y posteriormente en la reconstrucción de la catedral de Reims, en Francia.






