
Fetichismo en la cocina
Convertido ese ambiente en epicentro de la vida familiar y social, cafeteras y otros elementos gastronómicos se exhiben hoy como un símbolo de estatus
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"Cuando mis conocidos o mis hijos viajan, en vez de pedirles que me traigan ropa les pido elementos de cocina", afirma Andrea Barbosa, de 45 años, quien también dice que para ella, ir de shopping equivale a volver a su casa con una cacerola o un cuchillo nuevos. El resultado es que en ese ambiente, según dice, siempre hay algún mueble o utensilio que llega y otro que se va para dejar espacio. Andrea se reconoce desapegada, aunque, claro, hay cosas que se han ganado su lugar: una balanza antigua -"que ya es parte de la casa"-, la KitchenAid -"que se usa todos los días"- y, por supuesto, la vajilla heredada de la familia.
Abierta hacia el comedor y, en parte, hacia el living, la cocina es el lugar donde transcurre la mayor parte de la vida de la familia de Andrea: allí se preparan los platos y se come, pero allí, también, los chicos se instalan para hacer la tarea y los grandes se reúnen con sus amigos.
La cocina como epicentro de la casa es una tendencia cuyo peso aumenta cada vez más en los hogares argentinos, que brinda visibilidad a los elementos que ahí se encuentran -ya no guardados en cajones y alacenas, sino exhibidos cual objetos ornamentales-, hasta convertir a muchos en símbolos de estatus, incluso, en fetiches. La búsqueda del electrodoméstico de alta gama es ya una moda global: una reciente encuesta realizada en Inglaterra por la consultora Currys & PCV World mostró que el 60% de los compradores se inclina hoy por los productos premium por sobre los tradicionales elementos de cocina.
"Este ambiente es el corazón de la casa, por lo que ahora está de moda mostrar: es como si uno pensara en la cocina de la abuela, pero sumándole todo el diseño contemporáneo", afirma el arquitecto Fernando Russi, para quien este fenómeno comenzó claramente con el desembarco de las cafeteras Nespresso. "Ese mismo concepto se fue trasladando a todo tipo de objetos, electrodomésticos y utensilios. Ahora hasta una agarradera puede ser cool. Diseño y practicidad van de la mano: el elemento de cocina debe ser útil, funcional y sobre todo lindo, para que otros lo vean."
Así como antes fue la Nespresso, que muchos no dudan en sacar de la cocina para ubicar en el living, hoy hacen furor las KitchenAid, del mismo modo que cuchillos de diseño como los de Matías De Loof o las cacerolas Le Creuset. Es que si antes los muebles o el modelo de televisor eran los que, a los ojos de los huéspedes, hablaban acerca de los dueños de casa, hoy son las cocinas las que tienen la misión de contar cómo viven y piensan sus moradores.
"Cuando querés entender la cultura de un pueblo, tenés que observar su cocina", plantea Martín Molteni, chef del internacionalmente reconocido restaurante PuraTierra y del recién inaugurado Marieta, y agrega: "La cocina es un resumen de la cultura culinaria de tu casa: cómo se come, con qué diversidad, qué lugar les das a los buenos platos". Pero, para muchos, la cocina dice, incluso, mucho más.
Es un espacio que habla de quiénes somos, pero también de quiénes queremos ser. Allí, en los modernos gadgets que se disponen prolijamente (o no) sobre mesas y mesadas, en lo que dejan ver las alacenas vidriadas, y en las sartenes, cacerolas y otros metales que cuelgan de las paredes o de prolijas agarraderas, allí, en la suma de las partes, se expresa el aspiracional de los dueños de casa. Para un ojo entrenado, incluso, es posible descubrir hasta qué punto la cocina se revela como espacio para (valga la redundancia) cocinar y a partir de qué punto sólo se trata de ornamento...
"Uno a veces ve cocinas que son como esas bibliotecas de decorado, en las que si sacás un libro te das cuenta de que es de utilería –afirma Molteni–. Hay dos o tres pautas que te permiten descubrir si en la casa se cocina con todo eso que está expuesto. Una de las más importantes es si hay un buen cuchillo: el cuchillo es la herramienta más transformadora de la cocina, y hay un abismo entre tener uno que corte bien y uno que no. Otra es una buena cacerola, no importa que esté derruida, pero es un elemento clave para quien realmente cocina. Y, por último, que las cosas estén a mano, que estén puestas para ser usadas."
Sin embargo, el modelo de batidora, de cafetera o de sartén es hoy tema de conversación obligado, y la información culinaria circula las 24 horas por los infinitos programas de televisión. Basta con entrar a Twitter y tomar nota de que en 140 caracteres el prestigioso chef Fernando Trocca recomienda los cuchillos de Matías De Loof, como para correr a comprar aquel elemento que dirá a los invitados que el anfitrión es de lo más trendy en cocina... aunque no cocine. Como sea, vale destacar que el mismo camino que convierte hoy a los elementos gastronómicos en símbolo de estatus es el que ha llevado a que la gente vuelva a involucrarse en el tema.
Ida y vuelta del laboratorio
"Históricamente, la cocina era el ámbito natural de las casas: el lugar de reunión, del fuego, del calor –señala el arquitecto Jorge Mazzinghi–. Las viejas cocinas medievales siempre han tenido alrededor del horno y de los fuegos todos sus elementos a la vista, funcionalmente colgados y dispuestos en las paredes, para que los usuarios dispongan de ellos con facilidad. Pero con el paso del tiempo se instaló el concepto de que la cocina debía ser un ámbito de pureza espacial, donde todos los objetos y utensilios tenían que estar guardados y seleccionados fuera de la vista de los usuarios. Fue la higiene una de las causas por las que las cocinas se transformaron en ámbitos minimalistas y sintéticos."
Afortunadamente, múltiples factores han confluido en un retorno al "fogón", a la familia reunida en torno a la cocina y a sus utensilios. "Las tendencias de los últimos años se han ocupado de revertir la idea de cocina-laboratorio para volver a ser cocinas-humanas, prácticas y a la medida de los usuarios. Así, este ambiente ha vuelto a ser el corazón de la casa, adaptándose a las necesidades diarias y funcionales: "Los objetos a la vista, el equipamiento y accesorios al alcance de la mano, mesas y ámbitos de trabajo incorporados allí mismo e iluminación cálida, por citar algunas tendencias actuales", detalla Mazzinghi.
Detrás de este retorno a las fuentes es posible encontrar el empuje de múltiples corrientes –filosóficas, médicas, gastronómicas o incluso políticas– que proponen que la comida vuelva a cocinarse en el hogar. Aunque en los extremos es posible hallar voces radicales, como las de los veganos, el punto en común de todas las tendencias hacia una alimentación más saludable radica en la propuesta de reducir (al mínimo) el consumo de alimentos industrializados, a través de la búsqueda de productos naturales u orgánicos, de materias primas con un origen lo más transparente posible, y, en el caso de los vegetales, en el énfasis en el aprovechamiento de los productos frescos y de estación.
"No necesitamos volver a la cocina por moda, no sólo por un tema hedonista ni porque sea un espacio lindo de diseño, sino porque estamos entendiendo [quizás inconscientemente] que tenemos que volver a las raíces, a comer sano –dice Molteni–. Por eso la cocina vuelve a ocupar el lugar central de la casa."
"A partir de ser el ambiente primordial, lógicamente empiezan a aparecer los temas de estatus, donde cada elemento, su marca, su modelo y su calidad, transmite la sofisticación de los dueños –retoma Mazzinghi–. En épocas pasadas, el estatus de una casa se transmitía por el acceso, por el pórtico de entrada, la puerta y el hall; hoy en día las cocinas hablan de la sofisticación de los dueños del hogar."
Su colega, Fernando Russi, aporta un ejemplo: "Hace poco me contrataron para realizar una remodelación en la que trabajamos con cobre: una cocina realmente imponente. Uno de los objetos que más querían lucir los dueños de casa era una licuadora de cobre que habían comprado en los Estados Unidos. Antes, la licuadora estaba detrás de una de las puertas de la alacena, al fondo. Hoy puede ser un objeto fetiche de consumo".
El trofeo debe exponerse
"A mí me parece importante que cada lugar de la casa sea un lugar de expresión, que cada uno de sus ámbitos cuente sobre vos, sobre tu historia", opina Maica González Venzano, de 36 años, para quien la cocina es el lugar de encuentro de su familia. La suya la decoró con sus cuadros, pero también con una colección de copas de colores y la cafetera expresso.
"Mi marido y yo cocinamos; a mí me gusta lo dulce y a él le gusta cocinar cuando hay invitados. Pero más allá de la funcionalidad de los elementos de cocina, para mí, la vista es un sentido importante y por eso, inevitablemente, elijo aquellos que tienen una estética especial."
Según Romina Fontana, marketing manager de Nespresso Austral, "hoy el diseño es un driver muy importante de compra. Los electrodomésticos más buscados ya no son los de plástico, blancos, básicos, que eran sólo un objeto utilitario, hoy son mucho más sólidos, orientados a ser colocados allí donde uno quiere mostrarlos. Así, una KitchenAid o una Nespresso habla bien de mí, dicen que valoro el diseño".
"La cocina siempre fue un lugar donde la gente se junta, un lugar común para la familia, pero en los últimos años con el avance de la tecnología, que se expresa en los materiales y en la iluminación, por ejemplo, ya no es un lugar eternamente de calor –algunos, incluso, instalan allí un aire acondicionado– ni incómodo, lo que hace más agradable estar en este ambiente de la casa. Y así como uno busca una buena mesada, una buena baldosa, una buena heladera, los elementos pequeños de cocina también han incorporado muchos avances: texturas, colores y mucha tecnología", agrega Gustavo Pintelos, gerente general de Oster.
Esos gadgets, agrega Pintelos, "empiezan a representar los gustos de las personas. Si sos un buen barman y admirás a Tato [Giovannoni, del bar Florería Atlántico] no vas a querer tener una licuadora con vaso de plástico, sino que vas a buscar una con vaso de vidrio, que pique bien el hielo, que tenga un buen control de las velocidades. Si te interesa la repostería, vas a buscar una batidora con buena terminación, más robusta, con un bol más cónico...".
"Lo que vemos hoy es la exposición –concluye Fontana–. Un cliente Nespresso es un cliente al que le gusta reconocerse como tal, y tanto la máquina como la compra de café es algo que claramente quiere mostrar. Ves gente que va con su bolsa de Nespresso por el shopping, y que la máquina no la coloca en la cocina, sino en living, entonces elige la máquina que combina con el color, la estética y el diseño de su casa. Es el trofeo de exponerte: yo quiero que vean que mi café es Nespresso, que soy tecnológico, moderno, de vanguardia, y que sé lo que te ofrezco."
Producción de Lila Bendersky
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