
Franceses en la Argentina
Desde el principio de nuestra enología y hoy con renovado interés, los wine makers de origen galo se sienten atraídos por nuestro terruño
1 minuto de lectura'
No es que la prehistoria del vino argentino no cuente con franceses precursores y hasta fundadores de nuestra enología –Miguel Aimé Pouget trajo los primeros cepajes galos en 1854–, pero en la década del 90, como resultado de la apertura de nuestros vinos a las ferias internacionales más prestigiosas, una nueva banda de wine makers franceses se sintió fuertemente atraída por los terruños argentinos. Sin olvidar marcas como Calvet, que reinó durante 50 años en el mercado, después de la Segunda Guerra Mundial se instaló Moët Chandon que desde 1960 produce un champagne que instaló su estilo en el gusto argentino. Otra bodega de esta nueva ola es Fabre Montamayou, actualmente con bodegas en Mendoza y Río Negro, y más cerca en el tiempo llegó Alta Vista, con el enólogo Jean Michel Arcaute como director, lamentablemente desaparecido, continúa su labor su compatriota Benoît Berneron. Los hermanos Lurton, Jacques y François en la bodega de su nombre también contribuyen a crear vinos más franceses, siempre respetando el gusto de los argentinos.
Un francés famoso de este movimiento es Michel Roland, el enólogo del Pomerol que recorre el mundo asesorando bodegas y tiene propiedades en varios países. A Salta llegó cuando Pernod Ricard adquiere Bodegas Etchart y así descubre en Cafayate los viñedos de gran altura de la mano del wine maker Arnaldo Etchart, hoy nada que ver con la bodega de su nombre que sigue perteneciendo al mencionado grupo francés. Actualmente ambos tienen una joint venture en lo más alto de los cerros cafayateños, casi 2000 metros sobre el nivel del mar, en San Pedro de Yacochuya donde consiguen vinos de enorme personalidad.
Estas empresas que tenían el propósito de desarrollar mercados de exportación, y lo consiguieron con éxito, atrajeron a otras deseosas de descubrir nuevos terroirs en la Argentina. Fue notable la instalación de unas 1000 hectáreas de viñedos en Vista Flores, Tunuyán, también bajo la batuta de Roland; son varias bodegas nucleadas por Philippe Schell –francés fanático del tango– en impresionante vecindad con la Cordillera. La Bodega Bacchus, que acaba de lanzar sus vinos Ruca Malen –en mapuche, morada de la joven– es un emblema de esta prolifera fusión francoargentina. Ambos propietarios son nacidos en la Argentina de familias francesas; educados en Francia y en la cultura de los vinos finos y que aún mantienen el acento de la lengua materna: Jean Pierre Thibaud fue presidente de Moët Chandon por muchos años, y Jacques Louis de Montalamber, hijo de borgoñón, es descendiente del fundador de Cervecería Quilmes.
La división vinos de Chandon y Terrazas cuenta siempre en su staff con enólogos y directivos franceses que transmiten el estilo que hoy hace a nuestros vinos más elegantes, complejos y con gran posibilidad de guarda.
Una unión notable que acaba de dar sus primeros frutos es la de Domain Baron Rothchild (Lafite) y el wine maker Nicolás Catena, para hacer un vino llamado Caro –las primeras sílabas de ambos apellidos–, corte de malbec y cabernet sauvignon, vino con identidad argentina e ideología francesa.





