
Francisco Bochatón: "De chico, era un nene reservado"
Uno de los compositores de canciones más originales de su generación habla de sus inicios como baterista y sus gustos actuales
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A paso rápido, un recién despierto Francisco Bochatón (43 años) maneja las coordenadas de la zona de Rivadavia y Río de Janeiro en Buenos Aires con destreza. Allí, las vías del tren donde pueden surgir buenas fotos; allá, el comercio en el cual comprar un nuevo teléfono fijo; y más allá, la zona de cafés random en donde poder conversar y hacer una buena nota. "Para mí Caballito tiene muchas cosas similares a La Plata. La gente, la arquitectura, el clima social. Debe ser por eso que me gusta", dice el Bocha, cantautor solista y voz líder de Peligrosos Gorriones, banda seminal de los 90 con la que acaba de sacar nuevo disco de estudio (el excelente Microbio, el primero en casi 20 años, editado por Pirca Records), pero sin abandonar su carrera solista. "Ya lo estoy preparando", adelanta inquieto y dispuesto a ahondar en sus primeros pasos como compositor de canciones raramente bellas, en la estructura emocional de su familia, y en la influencia de dos vínculos musicales clave en su vida: María Gabriela Epumer y Gustavo Cerati.
-¿Te acordás de cómo fue que hiciste tu primer tema?
-Sí. Fue a los 14 años, con mi primera banda. Era baterista ahí. En un momento no había más temas nuevos y entramos en crisis. Entonces, con un tema que ya teníamos hice uno nuevo. Para ellos era casi lo mismo, pero para mí no. Fue una revelación. Porque me gustó hacerlo y sentí que podía llegar a tener un estilo.
-¿Y por qué arrancaste con la batería?
-Porque en mi familia nos habían designado a cada uno instrumento. A mi hermana mayor, la guitarra; a mi hermano, el piano. Y quedaba yo, que elegí la batería. Hoy creo que empezar a hacer música desde haber aprendido primero ese instrumento que no tiene armonía, o que la tiene desde otro punto de vista, genera una composición muy distinta. Eso tal vez hizo que hiciera canciones "raras".
-¿Cómo era tu familia? ¿Cómo la recordás?
-Fuimos una familia de clase media que en un momento tuvo su plata y en otro momento no. En un momento había tres autos en la vereda de mi casa: uno de mi papá, otro de mi mamá y otro de mi hermana. Y en otro momento almorzábamos café con leche y pan. Mi viejo era abogado, mi vieja también, y yo era el menor, lo cual un poco me permitía hacer más cosas porque me daban menos bola. Igual era un nene reservado. Ni guarro, ni totalmente obediente. Intermedio. Mi hermano sí sufrió más la exigencia.
-Y en ese momento de adolescencia, ¿qué cosas influyeron para que te dedicaras a hacer canciones?
-El cine, las películas. El empezar a tener la sensación de un mundo artístico experimental. Recuerdo sacar fotos haciendo formas y sombras con la mano. Juegos visuales. Por eso me habría gustado ser amigo de Dalí. Pero no del Dalí que hay que salir a defender porque dicen que está loco y en realidad no lo está, sino del Dalí que hacía chistes con la locura, que sabía sacar sabiduría de eso. Cuando te quedás con el personaje cagaste.
-¿Te pasó de sentir que te encasillaban en un personaje?
-Sí, claro. Permanentemente. El personaje del loco. Y me toca deconstruirlo permanentemente. Es como los roles en la familia: el hijo loco, el tío buena onda, el hijo que cumple. Muchos me han puesto el rol de "Francisco el loco" porque soy la válvula de escape de su mente.
-Al ser una persona sensible, como muestran varias de tus canciones, ¿de qué te agarrás cuando estás mal?
-De la parte espiritual: la confianza en el costado humano. Eso que tenemos todos. Recordarme quién soy. Como cuando vuelvo a mi casa después de una gira y me reencuentro conmigo a mismo. También me sirve acordarme de María Gabriela [Epumer]. Me aparece mucho en los momentos difíciles.
-¿Por qué?
-Porque me ayudó mucho en su momento. Venía seguido a La Plata cuando todavía vivía allá. Y charlábamos. Tomábamos un té (sonríe). Una vez me dijo: "Lo que vos tenés que entender, Francisco, es que sos músico". Fue una tarde, ya en Buenos Aires, que había venido a mi casa y yo me había disculpado porque estaba un poco desordenada. Y como siempre me escuchaba hablar de los reclamos que a veces sufría de mi pareja de entonces por la falta de plata, me dijo: "Tenés que entender que a veces tenés plata, otras veces no; a veces estás muy creativo y a veces no. Y eso es porque sos músico". Y eso que ya hacía rato que vivía de esto. Pero no lo tenía del todo asumido.
-Y por fuera de la música, en cuanto al ocio, ¿qué cosas te gusta hacer?
-Me gusta ver películas. Años atrás, con parejas que tuve, fui mucho a ver películas y también al teatro. Una era actriz y la otra directora de cine así que habrá tenido que ver con eso [risas]. Pero igual me encantaba, me vi muchas obras todos esos años. Y también películas. Ahora por ahí soy más de mirarlas en casa.
-¿Sos de hacerte escapadas al campo o otros lugares?
-Sí, cuando puedo sí. Fui mucho al Litoral. A Entre Ríos, Corrientes. Mi viejo era de ahí, así que conozco la zona de chico. Me encanta ese clima, el paisaje, el aire que se respira. Cuando puedo me hago una escapada para allá. También me gusta mucho Brasil. Río de Janeiro es una ciudad que me gustó mucho la vez que fui. Y ahora con amigos estamos planeando volver pronto. Aunque también soy de hacer cosas sin planear: recuerdo que una vez llegué a Retiro con la idea de ir a La Plata a visitar a mis padres y terminé viajando a Santiago de Chile. Quería cruzar la Cordillera por abajo, no por aire. Y me encantó la experiencia.
-¿Qué opinás sobre algunos temas de actualidad, como el matrimonio igualitario o el debate sobre la despenalización de la marihuana?
-Bien, con mucha alegría. Cuando se votó la ley de matrimonio igualitario, justo toqué ahí, frente al Congreso. Y fue emocionante. Muchos amigos me lo agradecieron después. Y respecto de la marihuana, sin ser consumidor, estoy a favor, porque al haber un montón de drogas químicas legales que realmente hacen mal -medicamentos de todo tipo que se pueden comprar sin receta médica-, no entiendo cómo la marihuana no está permitida. El alcohol mismo, que es legal, puede ser mucho más dañino.
Guaraná y, si no, un malbec

"Si pienso la bebida que más me gusta no lo dudo y digo que el guaraná. Lo conocí y empecé a tomar mucho cuando iba a Brasil, de más chico y hasta los 18, 19 años", dice Bochatón. Después, entre las bebidas alcohólicas, cuenta que su favorita es el tinto malbec. "Me gusta tomarlo en casi cualquier situación. De las cepas de vinos es mi preferida".
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