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Furriel. "Después de algunos problemas de salud, elijo con más libertad"

Alejandro Lingenti
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4 de mayo de 2019  

¿Habrá pensado Joaquín Furriel allá por 1984, cuando tuvo su primer contacto fugaz con el teatro, que iba a terminar interpretando un personaje como Hamlet en un lugar con la tradición del San Martín? ¿Y que en el medio de su carrera tendría que cambiar su modo de vida para poder seguir actuando? En aquella época -recién terminaba la larga noche de la última dictadura militar- tenía apenas 13 años, era un pibe de Adrogué sin una vocación muy definida pero muy inquieto, que se había sumado a un taller estudiantil que lo entusiasmó tanto como para probar suerte, años más tarde, en el Conservatorio Nacional.

Para el cambio de milenio, la cara de Furriel, sus ojos de un azul transparente, ya empezaban a delinear el inevitable mote de galán: primero en Montaña rusa y en Verano del 98, series juveniles que sirvieron de vidriera a una nueva generación de actores, y después en Montecristo, como el antagonista de Pablo Echarri en la recordada telenovela con Paola Krum. Pero de inmediato esquivó, toda vez que pudo, un camino que parecía obvio, hasta sencillo. Y siguió con la idea de elegir obras clásicas.

Esquivó el mote de galán y se propuso interpretar a los clásicos. Hoy protagoniza Hamlet, la obra cumbre de Shakespeare en el San Martín, y la película El Hijo.
Esquivó el mote de galán y se propuso interpretar a los clásicos. Hoy protagoniza Hamlet, la obra cumbre de Shakespeare en el San Martín, y la película El Hijo. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

En 2013, su carrera parecía consolidarse con una experiencia profesional fabulosa. Alfredo Alcón, con quien ya había trabajado en una versión de Rey Lear dirigida por Rubén Szuchmacher en 2009, lo había elegido para que encarnara a Clov, el sufrido esclavo del sádico rey Hamm interpretado por el propio Alcón, en la última obra teatral que protagonizó y dirigió: Final de partida (justamente una relectura de Rey Lear del inefable Samuel Beckett). "Alcón fue un gran beneficio: todo ese tiempo compartido con él me facilitó mucho las cosas", reconoce hoy Furriel.

Me gustan este tipo de trabajos que me exigen una transformación importante. Decidir qué cuerpo, qué voz tiene un personaje. O cómo piensa.
Joaquín Furriel

Una de las tantas noches que cenaron juntos después de una función, Joaquín le confesó a Alfredo que soñaba con hacer Hamlet, el inmortal clásico de Shakespeare. "No es el momento, esperá unos años", le contestó Alcón. El tiempo pasó, Furriel supo esperar y fue casualmente Szuchmacher quien lo convocó para ese papel. Hoy, a sus 44 años, encarna al legendario rey de Dinamarca en una rigurosa puesta en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, con Luis Ziembrowski (Claudio, el Rey), Eugenia Alonso (Gertrudis, la Reina), Belén Blanco (Ofelia), Marcelo Subiotto (Horacio) y Claudio da Passano (Polino).

"Hamlet es un personaje arrojado a un sistema en el que debe buscar cómo acomodarse. A mí me gustan mucho esos personajes", dice.
"Hamlet es un personaje arrojado a un sistema en el que debe buscar cómo acomodarse. A mí me gustan mucho esos personajes", dice. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

El desafío no es menor: se trata de una obra con mucha historia, un enorme valor simbólico y una incontable cantidad de versiones en todo el mundo. Y Furriel lo asume con decisión y gran confianza en su capacidad para afrontarlo, pero también prefiere pensarse como un actor de repertorio, como se estilaba hasta entrados los años 90. "Por eso no siento un peso especial cuando hago este tipo de obras, solo el de mi propia exigencia -dice-. En los últimos años hubo en Buenos Aires cuatro versiones de Hamlet, con diferentes búsquedas, diferentes ideas. El que hacemos nosotros les gustará a algunos y no les gustará a otros, eso ya lo sé. Pero siempre el teatro es un ejercicio de subjetividad".

Métodos y teorías

Este mes, además, se estrenó El hijo, película que vuelve a reunir a Furriel con Sebastián Schindel, quien ya lo había dirigido en El patrón, radiografía de un crimen (2013), un film en el que el actor se lució en el papel de un carnicero santiagueño. En esta, un intenso thriller psicológico, le toca dar vida a un artista plástico cincuentón que se enamora de una mujer mucho más joven que él, la noruega Heidi Toini. Tienen un hijo y a partir de ahí se disparan una serie de problemas inquietantes que conviene no spoilear.

Estudió en el Conservatorio Nacional, de donde rescata un tipo de enseñanza ecléctica que permite crear estilos propios.
Estudió en el Conservatorio Nacional, de donde rescata un tipo de enseñanza ecléctica que permite crear estilos propios. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

"Me gustan este tipo de trabajos que me exigen una transformación importante -apunta el actor-. Decidir qué cuerpo, qué voz tiene un personaje. O cómo piensa. Hasta El patrón había hecho pequeños movimientos en términos de composición, pero en esa película tuve que hacer una transformación muy fuerte. Igual yo no valoro la actuación desde el lugar de 'che, no te reconocí, no eras vos'. Ese es un cliché, un lugar común. Obvio que hay grandes actores que trabajan mucho sobre la composición. Daniel Day-Lewis, por citar un ejemplo virtuoso, pareciera que elige minuciosamente solo las películas en las que puede armar un personaje. Y, sin embargo, a mí uno de los laburos de él que más me conmovieron es el de La balada de Jack y Rose, donde está más a la intemperie. En Argentina, de todas formas, no hay una gran tradición de la composición. En el actor argentino del mainstream siempre notás el link entre su personalidad interpretativa y la que tiene fuera de la interpretación. Está claro que la composición te da la posibilidad de un ámbito a descubrir, pero la verdad es que yo empecé a leer a Lee Strasberg ( N. de la R.: impulsor de la técnica "El método" en el famoso Actors Studio de Nueva York) en el Conservatorio y lo dejé a los dos minutos. Me aburrió. Yo no entiendo a esos colegas que te tratan pésimo antes de hacer una escena en la que deben enfrentarse en la ficción con tu personaje y después te tratan genial cuando hay que contar algo bueno. Bah, si a ellos les sirve, todo bien. Pero a mí no me concentra ni me favorece esa dinámica. Los egresados del Conservatorio somos muy eclécticos. Tuve tantos profesores diferentes con tantas ideas distintas que fui tomando lo que creí conveniente de cada uno. No uso siempre una misma técnica.

Hace un tiempo empecé a practicar montañismo para estar más conectado con la naturaleza, con lo vital, y me sirvió para hacer analogías con mi carrera: no por apurarte vas a llegar antes a la cima.
Joaquín Furriel

En El Hijo interpreta a un artista plástico cincuentón que se enamora de una mujer más joven, tienen un hijo y a partir de ahí se disparan una serie de problemas.
En El Hijo interpreta a un artista plástico cincuentón que se enamora de una mujer más joven, tienen un hijo y a partir de ahí se disparan una serie de problemas. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

Cuando elegís un trabajo, ¿privilegiás que te interese tu personaje o analizás el total de la propuesta?

Si trabajase en el marco de una industria, el total tendría sentido. Si te llama alguien que dirige mucho, te podés imaginar el total, porque conocés su obra previa, sabés algo de su estilo. Pero acá eso no es muy común. Hace poco trabajé con Julio Medem ( N. de la R.: en El árbol de la sangre, largometraje que se puede ver en Netflix) y me sorprendió ver mi trabajo interpretativo en ese contexto tan particular del cine de Julio, que tiene algunas características muy específicas, que pudo desarrollar en toda una obra. El tipo ya dirigió diez películas... Igual, no hace mucho que hago cine. Al principio me interesaba sobre todo participar de la experiencia, pero hoy ya analizo mejor cada propuesta antes de sumarme. Después de un año en el que sufrí unos cuantos problemas de salud, elijo con más libertad: trabajo con gente con la que tengo ganas de trabajar, más allá de la plata y el contexto. Además, cuando me puse más especulativo siempre me fue mal.

Un mal año

El año fatídico del que habla Furriel fue 2015. En un par de meses tuvo una fractura en la espalda provocada por un mal movimiento en una situación cotidiana -estaba jugando en la cama con su hija Eloísa (fruto de la relación con la actriz Paola Krum)- y al poco tiempo sufrió un ACV. "Estuve dos meses con un corset rígido. Me dieron el alta y me fui de vacaciones, primero con unos amigos, después con mi hija y finalmente con mi pareja en ese momento (la modelo y artista Naomí Preizler). Con ella nos fuimos a Berlín, Ámsterdam y Londres. De regreso, cuando faltaban cincuenta minutos para llegar a Buenos Aires, hablé un rato con un hombre inglés, pero después me puse a charlar con un argentino y no podía expresarme bien. Tardé como veinte minutos para ponerme las zapatillas, perdí la noción del tiempo. Cuando bajé, quise abrir el teléfono con la mano izquierda y no podía. Igual hice los trámites y me fui a mi casa. Pensé que era el cansancio, pero fue mi novia la que me insistió para ir a una clínica. Me hicieron un montón de estudios y me dijeron que había tenido un ACV isquémico leve, sin secuelas. Y me recomendaron que pasara tres meses sin trabajar".

Hace unos años cambió su estilo de vida después de sufrir un ACV.
Hace unos años cambió su estilo de vida después de sufrir un ACV. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

-¿El estrés te provocó el problema?

-Sí, porque yo estaba a mil en ese momento. Había aumentado diez kilos para interpretar el personaje de la telenovela Entre caníbales (protagonizada junto con Natalia Oreiro) y al mismo tiempo que grababa casi todo el día, estaba ensayando una comedia. Corría todo el día. Fue un mensaje de que tenía que parar un poco.

-¿Cambiaste tu manera de vivir a partir de ahí?

-Completamente. Recién ahora tengo la sensación de estar tranquilo. Vengo de unas buenas vacaciones en el Sur, y hace un tiempo empecé a practicar montañismo para estar más conectado con la naturaleza, con lo vital, y hasta me sirvió para hacer analogías con mi carrera: no por apurarte vas a llegar antes a la cima, el cuerpo y la mente tienen que estar en equilibrio para enfrentar un desafío... En aquella época andaba muy acelerado. Me tuvieron que recetar clonazepam. Me acuerdo que Ramón Leyguarda, un médico que es una eminencia, me dijo: 'Tengo una buena noticia y una que no es tan buena. La buena es que todos tus estudios dan muy bien, que estás muy sano. Y la mala es que no tengo respuesta médica para lo que te pasó. Formás parte de un porcentaje muy bajo de gente que tiene un ACV isquémico sin ninguna motivación aparente'. Lo vi como una señal. Y entonces cambié, porque me di cuenta de que todo es más efímero de lo que creés. Cuando te pasa algo así, empieza a diluirse tu ego, deja de importarte tu profesión, lo que dicen los demás, todo... Te quedás solo. Pero intento no quedarme clavado en el escepticismo. Porque ya soy una persona de naturaleza escéptica. Por algo quise hacer Hamlet y me gusta tanto la literatura de Houellebecq. Hay algo de todo ese nihilismo que me atrapa.

Jugar para el equipo

"Yo no elegí ser protagonista, elegí ser actor", dice respecto al modo en el que aborda sus trabajos y personajes.
"Yo no elegí ser protagonista, elegí ser actor", dice respecto al modo en el que aborda sus trabajos y personajes. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

Soy una persona de naturaleza escéptica. Por algo quise hacer Hamlet y me gusta tanto la literatura de Houellebecq.
Joaquín Furriel

La maquinaria de una obra de la magnitud de Hamlet exige un funcionamiento muy aceitado de todas sus piezas. Es evidente que el papel protagónico es fundamental, pero su rendimiento depende muchísimo de tener conciencia de la importancia de ese trabajo conjunto. Furriel lo sabe. "Es clave en esta obra, es cierto, pero me parece que eso es siempre así, eh. Siempre es mejor ser una pieza más de la maquinaria, porque si no corrés el riesgo de las elecciones egocéntricas, pensás en dónde lucirte más. Cuando pensé por primera vez en hacer Hamlet sabía que era un cliché, que casi todos los actores sueñan con ese papel. Pero a mí me interesa, más que el peso de la historia de la obra y su poder simbólico, todo lo que tiene para decirnos hoy. Lo que me dice a mí, también.

-¿Y qué dice hoy Hamlet?

Hamlet es un personaje arrojado a un sistema en el que debe buscar cómo acomodarse. A mí me gustan mucho esos personajes. Al personaje Fabián Danubio le pasaba eso en El jardín de bronce, la serie que hice para HBO (el 9 de junio se estrena la segunda temporada). Un arquitecto con una vida más o menos corriente al que de repente le sacan a la hija y entonces se tiene que meter en una que ni se imaginaba. Lo mismo con Medem: en sus películas vos sos parte de una mecánica narrativa muy concreta, no gira todo alrededor de vos. Pero está bien que sea así. Yo no elegí ser protagonista, elegí ser actor.

Hacer Hamlet le interesa más por lo que dice sobre el presente que por el peso simbólico de la obra.
Hacer Hamlet le interesa más por lo que dice sobre el presente que por el peso simbólico de la obra. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

-¿Y en El hijo también funciona así?

-En este caso también me interesó el paquete completo, no solo mi papel protagónico. Es una película de género, una adaptación de un cuento de un escritor tan talentoso como Guillermo Martínez, que les pone una bomba en el bolsillo a sus personajes y los larga a caminar, entonces genera unos conflictos tremendos. Mi personaje es ambiguo, y eso nunca es fácil para actuar. La película juega mucho con eso: ¿el personaje está perdiendo la cabeza? Y ese desequilibrio está relacionado con la pérdida de la juventud, que en su caso es un tema clave porque la creatividad está asociada con la juventud y él es un artista plástico. Y todo en una época en la que la juventud está sobrevalorada, además. Lo que le pasa a Lorenzo, mi personaje en El hijo, es que su obra quedó fuera del sistema, al menos para las subjetividades de los que manejan el negocio del arte visual. Encima ya tuvo una mala experiencia como padre: sus hijas no lo quieren ver más. Entonces el tipo bajó la cortina y dijo: 'No tengo que ser padre, tengo que dedicarme a mi arte, no respondo a los mandatos sociales'. Pero si también empieza a trastabillar en ese terreno, ¿qué lo sostiene? Y ahí aparece una chica mucho más joven, una noruega muy bonita. Tienen un hijo y todo empieza a complicarse. Lorenzo es como una especie de Nosferatu que le chupa la sangre joven a su novia: ella lo estimula, le da mucha energía, lo hace volver a tener la ilusión de la juventud. Y él se deja atravesar por eso, en ningún momento se pregunta si de verdad quiere tener un hijo. Me parece que lo interesante de la historia es que te hace notar cómo la presencia de otro en un juego de dos te hace volver a leer las instrucciones de ese juego. Y en este juego las instrucciones están escritas en noruego, así que mucho no las entiende".

Al maestro con cariño

Cuando trabajó con Alcón en Final de partida, les pidió a los asistentes de la obra que hicieran unos agujeritos en el telón para poder espiar su actuación.
Cuando trabajó con Alcón en Final de partida, les pidió a los asistentes de la obra que hicieran unos agujeritos en el telón para poder espiar su actuación. Fuente: Archivo - Crédito: Ignacio Coló

En el 2013, Joaquín le confesó a Alfredo Alcón que soñaba con hacer Hamlet, el inmortal clásico de Shakespeare. "No es el momento, esperá unos años", le contestó.

Cuentan que cuando trabajó con Alcón en Final de partida, Furriel les pidió a los asistentes de la obra que hicieran unos agujeritos imperceptibles en el telón de fondo para poder espiar la actuación del maestro entre bambalinas. Hoy, pasados cinco años de aquella experiencia impactante -Alcon murió el 11 de abril de 2014- Joaquín confirma el privilegio de esa experiencia: "Imaginate lo que era para mí laburar con ese monstruo. Y encima él no te hacía sentir ninguna asimetría, te trataba como un par. De Alfredo aprendí muchas cosas. Era un artista que durante toda su carrera se ocupó de tener un compromiso creativo, con enorme coherencia, con convicción, con austeridad; eligió un campo de batalla y peleó ahí, no se dispersó nunca. Tenía mucho sentido del humor, además. Nos divertíamos mucho laburando juntos. Y también era difícil trabajar con él por el nivel de exigencia. En Final de partida yo era Clov, un personaje al que el rey en decadencia que interpretaba él humilla constantemente. Y en escena eso era muy incómodo, porque ser maltratado por un tipo con los recursos actorales de Alfredo, aunque se trate de una ficción, es muy difícil. Tenía que asumir la humillación porque el que me humillaba interpretativamente era Alfredo. Era una bendición y un desafío. Siempre me hizo sentir cerca de él, tanto en el escenario como cuando estábamos más distendidos, cenando después de un ensayo o una función. Cuando murió me di cuenta de que yo había naturalizado algo que va a ser extraordinario en mi vida. Haber trabajado con alguien de esa importancia... Lo veo con más claridad ahora que pasó el tiempo. Fue muy fuerte, inolvidable".

Política: de la ficción a la realidad

"El contexto de crisis me afecta, claro", dice sobre la actualidad.
"El contexto de crisis me afecta, claro", dice sobre la actualidad. Fuente: Brando - Crédito: Sebastián Arpesella

Si le preguntan por la coyuntura, Furriel no tiene problema en decir, por ejemplo, que a pesar de venir de una familia católica, está a favor de la legalización del aborto: "Yo fui monaguillo, y dejé de ser católico después de leer a Nietzsche, pero en mi casa siempre respetaron el laicismo y me parece que el problema es ese, que no se entiende que vos podés creer en lo que quieras, pero que el Estado tiene que ser laico y no puede imponer la moral de una religión".

Pero cuando la charla se aproxima a la política y a la gastada idea de grieta, plantea un límite de entrada: "Todo lo que digo es apenas la sensación de un actor, no de un especialista. Que mi trabajo tenga exposición pública no me compromete a opinar. Yo puedo hablar de Hamlet, ese es mi campo de batalla. Dicho esto, puedo decir que hoy el contexto de crisis me afecta, claro. Puedo estar en medio de una gran experiencia artística, pero tengo contacto con mis amigos y mi familia, camino por la calle... Y el tema aparece todo el tiempo porque estamos hablando lisa y llanamente de la supervivencia de mucha gente. Cuando prendo el televisor veo a la misma gente de siempre, con recetas que ya conocemos. Me gustaría ver otra gente y escuchar otras cosas. Porque si con las recetas de siempre el país está como está, sería inteligente asumir que estamos escuchando a los que ignoran cómo hacer las cosas bien. Tenemos que pensarnos de otra manera, salir de esta dialéctica perversa en la que estamos enredados hace muchos años, tiene que aparecer algo diferente. Yo no creo en las dinámicas binarias como peronismo/antiperonismo, o populismo/oligarquía. No nos han llevado a nada. El mundo se ha vuelto muy complejo, así que habría que desarmar estas simplificaciones que los medios alimentan todo el tiempo. Nuestra democracia ya tiene unos cuantos años como para seguir buscando excusas".

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