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Terminar una relación no siempre significa dejar de querer a la otra persona. En muchos casos, una pareja puede llegar a su fin mientras todavía existen sentimientos, preocupación por el otro e incluso el deseo de acompañarlo durante un momento difícil. Sin embargo, intentar sostener esa cercanía cuando la herida continúa abierta puede hacer que el proceso resulte todavía más doloroso.
Sobre esta contradicción habló Gabriel Rolón durante su participación en Perros de la Calle (Urbana Play 104.3). El psicólogo y escritor reflexionó sobre la importancia de establecer cierta distancia después de una separación, sobre todo cuando el contacto con la expareja impide avanzar.

Para Rolón, reconocer que alguien fue importante, valorar sus cualidades o comprender que también está sufriendo no obliga a permanecer disponible emocionalmente. Por el contrario, puede existir afecto y, al mismo tiempo, ser necesario poner un límite para protegerse. “¿Es posible que el otro sea una buena persona? Está sufriendo también y que esto le cueste. Todo eso es posible”, planteó antes de resumir su postura con una contundente frase: “Yo no puedo ser tu solución si vos sos mi problema”.
Uno de los puntos centrales de su reflexión estuvo relacionado con la culpa que puede aparecer cuando una persona decide cortar el contacto después de una ruptura. Es posible desearle lo mejor al otro y comprender su sufrimiento, pero eso no significa estar preparado para convertirse en su sostén emocional. Según explicó Rolón, acompañar a una expareja mientras uno todavía atraviesa su propio duelo puede tener un costo personal demasiado alto.
“No tengo la posibilidad de hacerlo. Sos re buena persona, te deseo lo mejor, pero no me pidas que te ayude porque me duele estar cerca de vos”, expresó. Su planteo apunta a una situación frecuente después de una separación: uno de los integrantes de la pareja intenta conservar inmediatamente una amistad o mantener una comunicación cotidiana, mientras que el otro todavía necesita procesar lo ocurrido.

En esos casos, establecer un límite no necesariamente implica enojo, resentimiento o indiferencia. Puede responder simplemente a la necesidad de generar un espacio que permita elaborar el final del vínculo sin permanecer constantemente expuesto a aquello que provoca dolor. “Me duele no engancharme con ciertas cosas”, agregó Rolón al explicar por qué una persona puede necesitar alejarse incluso de alguien a quien todavía considera valioso.
Después de una ruptura suelen aparecer preguntas sobre cuál debería ser el vínculo con esa persona; si es conveniente continuar hablando, mantener una amistad o acompañarse pese a haber terminado la relación.
La reflexión de Rolón pone el foco en que no existe la obligación de transformar inmediatamente una relación amorosa en una amistad. Antes de construir otro tipo de vínculo puede ser necesario atravesar el duelo y recuperar cierto equilibrio emocional. “Necesito primero estar sano yo para después, si alguna vez te cruzo en la vida, ojalá estés re bien”, explicó.
Incluso dejó abierta la posibilidad de que, con el paso del tiempo, ese vínculo pueda adquirir otra forma. “Y, si no, ojalá te pueda dar una mano porque sos una persona extraordinaria, pero ahora no puedo, me duele”, sostuvo.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.




