
Gina, 25 años, cambió Buenos Aires por la Patagonia: “Me estaba acostumbrando a una vida que no quería”
Desde su nuevo hogar, la creadora de contenido Gina Ciccone recorre distintos lugares mientras cuenta su historia en redes
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Hay historias que parecen sacadas de una película, pero que suceden lejos de la ficción. Gina Ciccone decidió dejar atrás la vida que llevaba en Buenos Aires, apostar por una nueva forma de vivir y mudarse a la Patagonia. Con una mirada cinematográfica y una forma muy personal de contar lo cotidiano, comenzó a registrar en redes cada etapa de ese proceso y, en poco tiempo, construyó una comunidad que sigue de cerca su aventura.
Gina es creadora de contenido y editora de videos. Su presencia en redes comenzó a crecer con fuerza durante 2024 y hoy reúne a más de 159.000 suscriptores en YouTube y cuenta con 30.000 seguidores en Instagram, donde comparte parte de su experiencia.

Su perfil creativo está atravesado por una idea que resume esta nueva etapa: “Nomad in Progress”. A través de videos de viajes, imágenes y reflexiones personales, muestra tanto los paisajes que descubre como las dificultades que aparecen cuando una persona decide empezar de cero.
De hobby a una forma de vida
La posibilidad de dedicarse a la creación de contenido no apareció de la nada, ya que su vínculo con las cámaras y la edición comenzó cuando tenía 13 años, allá por 2012. A esa edad aprendió a editar y empezó a subir a YouTube los videos que hacía por diversión. Sin esperarlo, poco a poco el canal empezó a crecer y alcanzó los 180.000 suscriptores. Aunque esos videos también le generaban ingresos, nunca había tenido como objetivo convertirse en youtuber. De hecho, la atención comenzó a incomodarla y le daba miedo que la gente pudiera reconocerla. “A mí simplemente me divertía el hecho de crear”, contó a LA NACION. Tanta atención tuvo el efecto contrario en su vida y a los pocos años decidió abandonar el canal.
Aun así, aquella experiencia le permitió descubrir que podía convertir su pasión en un empleo. Después de terminar el colegio, abrió su propia productora y comenzó a trabajar como filmmaker durante dos años. Los conocimientos que había adquirido como hobby le sirvieron para dar el salto a trabajos profesionales y, además, comprobar que podía vivir de esa actividad de manera independiente.
Tiempo después, decidió darle una chance nuevamente a la creación de contenido, pero ya sin muchas expectativas de volver a tener éxito ni que sus videos alcanzaran una gran repercusión. “Entonces, acá estoy de vuelta dándole una segunda oportunidad”, reveló.
El trabajo que le daba comodidad, pero ya no la hacía crecer
Antes de cambiar de vida, Gina tenía una rutina que, desde afuera, podría parecer ideal. Trabajaba de manera remota para una empresa estadounidense, tenía horarios flexibles, buenos ingresos y la posibilidad de organizar sus días con libertad. “Tenía una vida que me gustaba porque era tranquila en el sentido de que tenía un trabajo remoto, era cómodo también, justamente por eso, porque trabajaba desde donde yo quería y era bastante flexible y no era muy exigente”, aseguró.
Su tarea consistía principalmente en editar videos de contenido generado por usuarios. Para alguien con años de experiencia en producción audiovisual, era una actividad sencilla que podía realizar casi de manera automática.

Por su experiencia, con el tiempo empezó a sentir que su trabajo cotidiano ya no representaba un desafío: “Lo hacía de manera automática, digamos, en modo piloto”.
La comodidad, que inicialmente había sido una ventaja, empezó a convertirse en una limitación. Por lo que contó, sentía que dejaba de utilizar capacidades que había desarrollado durante años y que esto la hacía postergar la posibilidad de crear proyectos propios: “Eso me mataba porque sentía que no estaba creciendo y que tenía muchos talentos que dejé de usar y que, si no los activaba, como que los iba a ir perdiendo”.
El momento en que todo cambió
Ese trabajo también había tenido un objetivo concreto, debido a que Gina se había independizado de sus padres a los 18 años y había pedido un préstamo en 2022 para poder pagar sus estudios y sostener sus gastos. Por ende, trabajar para una compañía del exterior le permitió obtener ingresos suficientes para saldar esa deuda y comenzar a ahorrar.
Cuando finalmente terminó de pagarla, sintió que había cumplido con la meta que se había propuesto. Al no tener la misma necesidad económica que la había llevado a aceptar ese puesto, comenzó a preguntarse cuánto tiempo más quería continuar con una vida que, aunque cómoda, ya no la representaba.

La respuesta llegó de una manera inesperada: la despidieron. Lejos de vivirlo como un golpe, Gina sintió que aquello podía ser el empujón que necesitaba para animarse a hacer algo que quizás por decisión propia hubiera postergado.
“Cuando me despidieron, me saqué un peso de encima porque yo ya estaba acomodada; no sé si iba a tener el valor como para dejar el trabajo por mi cuenta, pero nada, como que sentí que me sacaron un peso de encima”, admitió. “Lo tomé como una señal de que ya tenía que cambiar, es como que Dios decidió por mí”, recordó.
Un plan simple para empezar a viajar
En lugar de buscar inmediatamente otro empleo, Gina decidió aprovechar sus conocimientos para construir algo propio. Sabía grabar, editar y producir contenido, por lo que encontró una manera de combinar esas herramientas con otra de sus grandes inquietudes: viajar.

Desde un primer momento, no quiso diseñar un proyecto con cada detalle resuelto porque sabía que podía quedarse atrapada en la planificación y utilizarla como una forma de postergar el comienzo.
El objetivo era viajar, registrar la experiencia y encontrar una manera de convertir ese proceso en su trabajo. Con los ahorros que había conseguido reunir, decidió probar y ver qué sucedía. “Si voy a invertir tiempo y energía en algo, prefiero invertir en algo que sea mío, aunque no sé cómo lo voy a hacer, no tengo idea de cómo voy a empezar”, explicó.
Así nació el proyecto que hoy comparte en sus redes: una suerte de diario audiovisual sobre lo que significa dejar una vida conocida para intentar construir otra desde cero.
Por qué eligió la Patagonia
El destino tampoco fue elegido al azar. Gina ya conocía el sur argentino porque había viajado con su familia durante un verano algunos años atrás. “Fui con mi familia en verano hace unos años y quedé totalmente enamorada y me parece un paraíso”, recordó.

Por eso, cuando decidió dar el salto, no quiso conformarse con un destino que simplemente fuera práctico. Si iba a comenzar una etapa completamente diferente, quería hacerlo en un lugar que realmente le gustara, por lo que comenzó con Bariloche, en donde está actualmente. “Ya que estoy arrancando algo tan significativo, no me voy a achicar con el lugar. Voy a elegir un lugar que me encante”, destacó.
Una decisión para no quedarse con la duda
Gina sabía que dejar una vida estable implicaba asumir riesgos, pero sintió que era peor quedarse con la pregunta de qué habría pasado si se animaba. “No quería llegar a los 80 preguntándome qué hubiera pasado, me estaba acostumbrando a una vida que no quería”, contó en uno de sus videos en redes sociales.

También intentó dimensionar qué podía perder si el proyecto no funcionaba. Y encontró una respuesta que le dio tranquilidad: siempre podía volver a empezar. “Me di cuenta de que, si no salía bien, lo peor era volver a donde empecé”, expresó.
La decisión, entonces, dejó de ser una fantasía y se convirtió en una acción concreta. “Sabía que si no lo hacía, me iba a arrepentir. Y en vez de seguir pensándolo, lo hice”, sostuvo.
La nueva vida trajo libertad, pero también incertidumbre
Mediante su contenido, la joven también busca dejar en claro que su proyecto no consiste en mostrar una versión idealizada de la vida nómade. Detrás de los paisajes, los viajes y las imágenes cinematográficas existen dudas, cansancio y situaciones que no siempre aparecen en una postal.
“Yo no quiero hacer videos que romanticen el viaje, sino que quiero documentar el proceso de cómo es construir una vida viajando y creando contenido. Mostrar lo bueno, pero también lo malo”, aclaró.

Y justamente una de las primeras dificultades que encontró está relacionada con aquello que le permitió comenzar esta nueva vida: la creación de contenido.
En medio de paisajes que durante años había imaginado visitar, empezó a notar que pensar constantemente en cómo filmarlos podía impedirle disfrutar de esos momentos. Sobre eso, contó: “Estos días me sentí totalmente consumida por el contenido. Estaba en lugares hermosos como este, y en vez de disfrutarlos pensaba: ‘Tengo que grabar, ¿qué planos?, ¿qué ángulos?’”.
La contradicción la llevó a replantearse su manera de trabajar, ya que había dejado atrás una vida que sentía automática para recuperar su creatividad y su libertad, pero no quería que su nuevo proyecto terminara convirtiéndose en otra fuente de presión.
Además, otro de sus principales desafíos de este cambio de vida fue aprender a manejar la libertad. “Cuando renuncié a mi trabajo, yo pensaba que la libertad se iba a sentir bien, pero la verdad es que al principio fue demasiado para mí”, contó.
La nueva etapa también implicaba pensar cómo sostener ese estilo de vida a largo plazo y adaptarse a un entorno completamente nuevo. “No solamente la libertad de decidir qué hacer en el día a día, sino que también ir pensando, bueno, cómo puedo hacer que esto sea sostenible, ir pensando a futuro”, explicó. Al mismo tiempo, se encontraba en una ciudad nueva y rodeada de cambios: “No conocía a nadie, pero eso a mí me emocionaba. Eran como muchos cambios al mismo tiempo”.
Documentando el proceso de empezar de nuevo
El cambio todavía está en proceso, ya que Gina no sabe exactamente dónde estará dentro de unos meses ni tiene todas las respuestas sobre cómo sostendrá su nueva forma de vida. Sin embargo, esa incertidumbre también forma parte del desafío que decidió aceptar.
“No todo es fácil. No tengo idea de dónde voy a estar el mes que viene, pero estoy aprendiendo a abrazar esa incertidumbre”, aseguró la creadora de contenido.

En ese camino también tuvo que enfrentarse a sus propias dudas y a la tentación de volver a lo conocido. “Me está yendo bien, pero mi mente me quiere autosabotear, me quiere hacer dudar para que yo vuelva a ese lugar seguro. No voy a permitir que eso me pase”, destacó.
Ahora, su desafío es encontrar un equilibrio entre trabajar con aquello que sabe hacer y, al mismo tiempo, disfrutar de la experiencia que decidió vivir. “Voy a pensar otra forma, algo que no me robe esas experiencias, que no me robe el poder estar presente”, concluyó.
Por ahora, la Patagonia se convirtió en el escenario de una vida que todavía está escribiendo. Gina dejó atrás la seguridad de una rutina conocida sin tener garantías sobre lo que viene, pero con una certeza: prefería descubrir qué podía pasar antes que quedarse imaginando qué habría ocurrido si nunca se animaba.
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