
Garry Kasparov. La gran jugada
Cinco años atrás perdió frente a la máquina; el próximo domingo –si no hay nuevas postergaciones– volverá a enfrentarse con una computadora: Deep Junior
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–El de Jerusalén será su primer encuentro con una computadora desde que perdió contra Deep Blue, de IBM, en 1997. ¿Piensa enfocar de manera diferente la partida contra Deep Junior, cinco años más tarde?
–Sí, por supuesto. Tengo la esperanza de jugar mejor. Deep Blue era la fuerza bruta del cálculo, cien veces más rápida que las computadoras actuales. Pero su conocimiento del ajedrez era bastante primitivo. En la actualidad nos enfrentamos con computadoras que han acumulado un inmenso conocimiento del juego. En cierto aspecto, podríamos decir que Deep Junior es como una Kasparov del ajedrez computado. Muy, muy agresiva.
–Aparentemente, los dos parecen estar al mismo nivel. ¿Cómo hará el jugador de ajedrez mejor calificado de la historia para atacar a la campeona del ajedrez computado?
–Trataré de crear posiciones que resulten muy desagradables para la máquina. Probablemente yo sea mejor que casi todos mis contrincantes en cuanto a las combinaciones tácticas, pero no me complace hacer esa clase de juego contra una computadora. Lanzarse a calcular... no sería una idea muy sagaz. Cuando la computadora ve posiciones forzadas, juega como Dios.
–Usted llamó una vez a su némesis, Anatoly Karpov, "una criatura de las tinieblas", ¿necesita la misma clase de demonización para vencer a una computadora?
– Es un desafío. Y es una contrincante muy, muy poderosa. Ganar la partida sería para mí una satisfacción enorme, porque no significaría tan sólo vengarme de la máquina después de lo ocurrido en 1997.
–Se refiere a vengarse por haber perdido contra Deep Blue.
–IBM le robó al juego el sabor científico. No sólo me lo robó a mí, sino a todo el mundo. La partida fue considerada un experimento científico, y para IBM era cuestión de ganar o perder solamente. El orgullo empresarial los instó a no detenerse ante nada.
¿Usted pidió el desquite?
– Por supuesto que pedí el desquite. Pero insistí en que la partida se jugara en otras condiciones, con la máquina supervisada del mismo modo que se supervisa a un jugador humano. Si uno rompe un récord mundial, tiene que someterse a un análisis de control de drogas. Ahora, cuando juegue con Deep Junior, tendremos elaboradas todas las reglas que me parece que deberían ser génericas para las partidas futuras.
–¿Qué se juega en esta partida?
–No es la batalla final... ni la última prueba para el cerebro humano, como dijeron algunas revistas cinco años atrás. La considero más bien la continuación de un experimento científico muy importante. ¿En qué otro campo podemos competir con las computadoras? O bien ganan los humanos, que son más fuertes creativamente, o ganan las computadoras con la fuerza bruta del cálculo. Es la fuerza bruta del cálculo por un lado y la creatividad humana por el otro.
–Usted ha dicho que aunque las computadoras sean más fuertes que los humanos, los humanos siempre crearán el arte del ajedrez.
–Sabe, no se trata solamente de quién ganará la partida. Bastará con que ganemos un solo juego. Lo digo en serio. El experimento sigue adelante mientras ganemos un solo juego. Durante un tiempo seremos capaces de ganar, y creo que todavía sigo siendo el favorito.
–¿Puede hacer movidas bellas contra una computadora?
–La belleza a veces implica que uno puede permitirse algún pequeño error. No un error garrafal, pero alguna pequeña imprecisión. El factor humano. Pero en las partidas contra computadoras no hay lugar para el factor humano. Cualquier imprecisión arruina cinco horas de trabajo.
–¿Por qué durante los últimos 30 años no ha habido en Estados Unidos un jugador nativo de la estatura de Bobby Fisher?
–Todo está en los números. Si uno tiene un millón de niños que asisten a los clubes de ajedrez, como ocurría en la Unión Soviética, aparecen grandes talentos. Si uno tiene 50.000 niños, surge, con suerte, un solo Bobby Fischer en un cuarto de siglo. Ahora que se le está dando más importancia al ajedrez en las escuelas, creo que las cosas cambiarán. El ajedrez es el único juego que permite igual acceso a todos los grupos humanos... de cualquier edad, grupo racial, sexo, habilidades físicas... De modo que si se lo ve desde el punto de vista de la corrección política–de la que en lo personal no soy un gran fanático– se advertirá que hay muchos programas que promueven el juego en la actualidad.
–¿Y cómo concuerda eso con su declaración: "Por naturaleza, las mujeres no son jugadoras de ajedrez excepcionales"?
–Sí, está bien. Pero no es que lo diga yo. Es la vida. La situación de las mujeres en el ajedrez está mejorando mucho, pero recuerde que hace cuarenta años Fischer podía decir con orgullo: "Podría entregarle un caballo extra a cualquier jugadora de ajedrez". Ahora no sé si sería prudente entregarle a una mu-jer ni siquiera un peón. La brecha se está cerrando. Pero todavía falta mucho. No creo que lleguemos a ser iguales, pero estaremos muy cerca.
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