
Gasoleros, pero campeones
Son los autores de dos telenovelas que reúnen millones de espectadores. Se ufanan de haber impuesto a personajes comunes, contra la corriente de los años 90
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Si se sumaran los ratings de los dos programas que escriben daría un resultado sorprendente. De lunes a viernes, las dos horas de Gasoleros y Campeones, por Canal 13, convocan el interés de casi cinco millones de personas.
Ernesto Korovsky anticipa en la entrevista que Gasoleros concluirá a fin de año, pero Gustavo Barrios afirma que Campeones seguirá en el 2000. Barrios (44 años, casado, un hijo, filósofo de profesión) hace 12 años que realiza guiones para televisión y firmó (algunos con Ricardo Rodríguez) sucesos de la pantalla como Amigos son los amigos, Grande pa, Chiquititas (aquí y en Brasil) y RR. DT.
Korovsky llegó a la TV desde el teatro (durante 12 años, a partir de 1975, participó en más de 30 puestas como asistente y luego escribió y dirigió otras) y se inició con los libretos de Juana y sus hermanas, de Juana Molina. Desde entonces pasó por 90-60- 90 Modelos, Alta comedia, La hermana mayor. Ambos hicieron juntos el primer año de Gasoleros y en 1999 se separaron por obligación, aunque formen una sociedad de hecho.
-¿Seguís viendo Gasoleros?
Gustavo Barrios: -No todos los días, pero lo sigo. Me gusta. Sigue más o menos igual. Me parece bien que Ernesto no lo haya transformado violentamente.
-¿Vos ves Campeones?
Ernesto Korovsky: -No siempre, pero lo mismo me pasa con Gasoleros. O más exactamente: lo veo sin ver. No te olvides que estamos todo el día escribiendo. A veces no da para verlo, uno podría saturarse. No sé, Gustavo, si a vos te pasa, pero a veces tengo la sensación de que los personajes la pasan mucho mejor que uno: tienen más tiempo, les pasan cosas interesantes o divertidas, se enamoran, conocen gente.
GB: -Yo, por eso, todos los años digo lo mismo: El año que viene, ni loco hago una tira diaria.
EK: -Lo que tenemos que hacer sin fallas, que es la tira, lo hacemos. Con el objetivo de que las historias cierren, que los personajes estén redondos, que las situaciones queden lo más parecido a como uno las pensó. Pero es difícil.
GB: -Claro, en especial porque estamos hablando de un programa como Gasoleros, que cuando termine tendrá 400 capítulos, lo que significa 350 horas netas de televisión. ¿Qué historia puede atrapar tanto tiempo?
-¿Hasta dónde llega, según ustedes, la influencia de la tele? Por ejemplo, cuando muestran a un chico drogadicto, como el hijo de Soledad Silveyra en Campeones, ¿la adicción entre los jóvenes crece? ¿Las parejas empiezan a tratarse de usted, como Roxi y Panigassi?
GB: -Con respecto a lo de la droga, creo que no, porque de lo contrario no lo haría.Tampoco creo que se ponga de moda dejar de tutearse... Pensándolo ahora, podría decir que puede extenderse la moda del boxeo. No que vuelva a llenarse el Luna Park un sábado, pero sí que se popularice la práctica.
EK: -En cuanto a influencias, yo pesqué que muchas mujeres se referían a sus maridos, cuando querían acusarlos de pesados, como: "¡Uy!, sos más plomo que Jorge" (N. del R.: Jorge Martínez Olmos, el personaje que en la tira hace Manuel Callau.) Estoy seguro también de que los dos programas se convirtieron en muy buenos temas de conversación. Una amiga, que vive en San Miguel del Monte, me contó que en la clase de catecismo de su hija escuchó a otras dos madres comentar que extrañaban el patio de la casa anterior de Roxi y Panigassi, que no les gustaba el departamento.
GB: -De los personajes, el que más trascendió es el de Roxi. Sin ser un estereotipo de belleza, impuso un peinado, un color de tintura. A base de personalidad se convirtió en referente de madre que va contra la tradición de esos personajes en televisión: madre soltera e independiente, vuelta a casarse, trabaja más que el marido, hasta lo engaña.
EK: -Una chica me comentó, justamente, sobre Jorge: "Los tacheros son divinos, los colectiveros son unos santos, los mecánicos son adorables, pero el intelectual es un tarado". Yo le expliqué que es como un niño, como un clown o como un personaje de Chéjov. Un superperdedor que es capaz de intentar un suicidio en un río con dos centímetros de agua. La hija de una vecina, que sigue Gasoleros, el otro día frente al televisor le respondió, con tono de actriz, a un personaje: "No, Sandra, estás muy confundida".
-¿Y qué sucedió cuando con la pelea entre Guevara y Garmendia, en Campeones, se forzaron los límites de ficción y realidad presentándola en el canal y en afiches callejeros como si fuera una pelea de verdad?
GB: -Fue extraño, porque si bien la pelea estuvo bien hecha, había unas trompadas terriblemente ampulosas. Pero provocó confusión, verdaderamente: hubo gente que se llegó al Luna Park o a la Federación de Box a comprar entradas. Y después se reunían a verla por televisión como si fuera de verdad y hasta se hicieron apuestas a ver quién ganaba. Ahí lo que tuvo fuerza fue el verosímil televisivo, que es distinto de lo verdadero.
-¿Cómo es esa diferencia?
GB: -Lo verosímil es aquello que se impone desde un determinado código. Lo verdadero es lo de todos los días.
EK: -La gente compra la verdad. Más allá de que no sea boxeador, Guevara es verdadero: es un personaje, existe. En cuanto a la pelea, quisimos hacer catch y salió con una fuerte sensación realista.
GB: -Cada tanto se nos acercan gente o instituciones para sugerirnos pequeñas bajadas de línea. Cuando Roxi estaba por ser madre vinieron de una sociedad pediátrica y de otra agrupación por la lactancia materna. Después, cuando el loro de Tucho comenzó a ganar importancia, una sociedad protectora de animales cuestionó que el pájaro estuviera encerrado.
EK: -Se esperan de la televisión valores que no existen. Los personajes de Gasoleros no son la verdad, porque cualquier verdad sería insoportable, y para eso ya está bien el cine. Nadie es tan solidario, nadie es tan bueno. La gente necesita verse en una especie de espejo idílico y el guionista, para que sus ideas no sean interpretadas mal, necesita tamizar: hay que trabajar mucho los textos para conseguir que una chica que cambia de novio todas las semanas no se transforme velozmente en una chica de pésima reputación.
-¿Hay algo que ustedes piensen que en televisión no debe mostrarse?
EK: -Bueno, yo, eso al menos creo, soy bastante moralista: en televisión no me gusta ni ver cosas sobre mujeres golpeadas o niños secuestrados. O será que, por naïf, rechazo los estereotipos feos.
-¿Hay algo que ustedes creyeron que nunca iban a poder mostrar por televisión y ya lo mostraron?
GB: -Un personaje de la densidad de Guevara en Campeones. Es un protagonista que en muchos aspectos es un desastre: es de una gran densidad, podría pensarse que alguna vez le pegó a una mujer, es un alcohólico.
-Ustedes trabajan en la frontera de las 22, el horario de protección al menor. ¿Sirve ese horario, protege o habría que encontrarle alguna vuelta?
EK: -A mí todo me parece muy relativo, porque el horario protege a los menores de expresiones como andá al carajo, pero no los protege de que vean que en los programas se regala dinero al que llama por teléfono.
GB: -Todo es muy discutible. Personalmente protegería a los menores de contemplar escenas que yo vi, como unas ejecuciones que ocurrieron en Sudáfrica y un accidente en Europa en el que sacaban gente muerta de los hierros retorcidos.
-¿Los autores suelen ponerle cosas suyas a los personajes?
GB: -El personaje de Jorge tiene mucho de mí, que soy filósofo. Es un setentista pacifista.
EK: -El personaje de Matilde (de Gasoleros, interpretado por China Zorrilla) se parece muchísimo a mi mamá y lo gracioso es que ella lo ve idéntico a su madre.
GB: -Cuando Juan Carlos Calabró leyó su personaje en Campeones dijo que era igual a su papá. Pero cuando salió al aire, la mujer lo corrigió y le dijo: "Perdón, pero más que a tu papá, es igual a vos".
EK: -Yo tengo una secreta conexión con el personaje de Alejo, el hijo de Roxi. Hace lo que nunca me atrevería a hacer, pero siento que me libera de maldad.
-¿Puede suceder que a un autor un personaje se le vuelva antipático e insoportable?
EK: -No sé si tanto, pero hay personajes más o menos difíciles de agarrar. A mí me pasó al principio con el Bambi, que hace Favio Posca en Gasoleros. El personaje de China Zorrilla es lo más fácil del mundo, porque es impune y diga lo que diga, está todo bien.
GB: -Los que más cuestan son los personajes menos definidos, los que están en un medio tono, como Eugenio y Garmendia (N. del R.: de Campeones, protagonizados por Germán Krauss y Fabián Mazzei.)
-En estos tiempos, ¿qué clase de personaje, qué tipo humano tiene más aceptación?
EK: -Los perdedores son muy queribles. Verlo a Guevara con la cara destrozada te rompe el alma. Había una época en que los cancheros prendían más. Ahora no. Darín, Carlín Calvo, todos eran cancheros, piolas, que no perdían una.
-Las dos tiras tienen un contenido fuertemente urbano. ¿Qué pasa en el interior?
EK: -Yo sé que Gasoleros mucho no interesó. No es que haya ido mal, pero no causó la misma sensación que aquí.
GB: -Nunca tienen la repercusión de Capital o Gran Buenos Aires, pero creo que en el interior funciona una especie de animosidad antiporteña, frente a un programa tan porteño. Te doy un dato: los dos programas tuvieron buena recepción en Uruguay.
EK: -¿Habrá un país más gasolero que Uruguay?
-Además se la pasan mateando, estuvo el negro Rada, ahora está China Zorrilla... ¿Los personajes salen exactamente así de sus cabezas y no se agrega nada o se van haciendo con el transcurso de los capítulos?
GB: -Se van haciendo. Uno los crea, pero no están terminados.
EK: -A Tucho (personaje de Gasoleros interpretado por Daddy Brieva) lo pensamos como un porteño más. El después le sumó la cultura santafecina, su idiosincrasia y un lenguaje que nosotros no sabíamos y que lo hace cantar al hablar.
GB: -Aunque diga la misma letra la dice siempre de una manera distinta.
-¿Qué piensan del grado de improvisación que tienen los actores?
GB: -Algunos me parecen bien, otros no tanto. Cuando no reconozco la escena que escribí, por supuesto que me fastidio, en especial cuando lo que agregaron pone en peligro la continuidad. Entonces les hablo a los productores y me quejo.
EK: -El peligro es cuando se tergiversan los sentidos. Yo escribo 35 escenas diarias: algunos diálogos son excelsos, otros no tanto. En este caso, lo mejor que puede pasarle a uno es encontrar a un actor que encuentre un remate mejor. El gran riesgo es el tiempo: escenas que uno pensó como de ocho réplicas y se alargan al doble.
GB: -Los programas tienen un ritmo y no conviene resentirlo. Nadie debe olvidar que los espectadores tienen el control remoto, que es como un revólver: apenas se aburren, gatillan y pasan a otra cosa.
EK: -O peor todavía. La gente se queda preguntando: "¿Qué era lo que pasaba en esta escena?"
GB: -Yo también rescato lo del remate. Laport agrega sus cosas lindas y varias veces él se sintió agradecido porque cosas que él tiraba fueron agregadas al libro.
EK: -Otro que es gran inventor de expresiones es Posca. Una vez se le ocurrió improvisar diciéndole John Wayne a Panigassi y desde entonces yo siempre lo llamo así. Ese es el verdadero diálogo autor-actor.
-¿Cómo prefieren denominar ustedes el género que hacen?
GB: -Me parece que Gasoleros es una telecomedia y Campeones es una telenovela.
-¿Cuál es la diferencia?
GB: -Campeones se basa más en las historias de amor, respeta una estructura más clásica de situaciones telenovelescas gancheras. Ahora, con la pareja desunida o desencontrada, Gasoleros se convierte en una telecomedia de situaciones.
-Roxi y Panigassi, ¿se separan definitivamente?
EK: -Todavía no lo sé, pero sería un final real que el programa se merecería. Pero repito: no sé. Lo más importante para una tira diaria es hablar de los lazos familiares, de las relaciones entre padres, hijos, parejas, hermanos, para que los espectadores se identifiquen.
-Ustedes declararon que apreciaban esta televisión que hace la productora de Adrián Suar porque era menos comercial. ¿A qué aludían, exactamente?
GB: -A que si bien Suar apunta a vender y a tener rating impresionan muy bien los recursos que emplea, porque son de avanzada y superadores del nivel promedio. Es una televisión más creíble.
EK: -Cuando yo empecé a trabajar en televisión uno llegaba a los estudios y poco menos que los cameramen hacían el programa leyendo el diario. Ahora la cosa cambió mucho. En los pasillos de Pol-Ka (nombre de la productora de Adrián Suar) todo el tiempo se habla de técnica, de cámaras especializadas, de iluminación, de calidad de imagen, de efectos de sonido, de producción...
-¿Cómo cae en la gente que, en medio de la ficción, se exhiban productos comerciales?
GB: -Te aclaro que nosotros no tenemos participación en este tema y, en ese sentido, lo máximo que podemos tener es una tolerancia burlona. Pero también supongo, desde el momento en que se hace, que debe tener un efecto de venta positivo.
EK: -Lo que no hacemos es crear escenas ex profeso para favorecer los chivos.
-¿Qué dirían de sus programas? ¿Que son más actuales o más reales?
EK: -Por suerte, no están pegados a la actualidad. Así uno puede volar más.
GB: -No son programas coyunturales. Son actuales en determinadas cosas y reales en otras.Y también se vuelven muy televisivos a veces, y por lo tanto digeribles e irreales.
EK: -En un capítulo de Gasoleros, Roxi llega a Mar del Plata y lo ve a Panigassi con su compañera de trabajo en una situación ambigua, que parece un beso o un abrazo. Mi mamá me llamó casi enojada, reclamándome: "¿Cómo? ¿Justo los vio allí?" Y, sí, justo, no había más tiempo para dar vueltas.
GB: -Si a fin de año uno recorriera los libros y contara cuántas veces se jugó la escena en que un personaje vio el beso que no tenía que ver, creo que se asombraría. Deben ser más de 30 veces.
-La gente de la productora Pol-Ka se vuelve un poco loca y guarda capítulos de Gasoleros y Campeones para que los vean los argentinos del 2049. ¿Cómo imaginan que se verían estos programas dentro de 50 años?
GB: -Van a ser documentos muy válidos para enterarse del habla coloquial en Buenos Aires o en la Argentina. También para mostrar formas de vida, costumbres. Para asombrar: seguramente no faltará el que se pregunte: "¿Así éramos los argentinos, tan éticos, tan solidarios?" Casi seguramente, después de 50 años, se recuperarían más las virtudes que los defectos, se vería todo más tiernamente. Como cuando uno ahora ve películas argentinas realizadas en 1949. Contienen mucha información de cómo éramos y de cómo era la ciudad.
EK: -No es una mala idea. Hay que decirle a Suar que lo haga, y si él no lo hace lo hacemos nosotros.
-Si pudieran elegir, ¿para qué quisieran que sirvan estos dos programas?
EK: -Yo el año último, este año no tanto, sentía que Gasoleros contribuía a hacer un país mejor. Espero que no sea tomado como algo pretencioso. Quiero decir esto: que existiera un programa en el que no se hablara del triunfo como valor exclusivo. Las nuestras son historias de gente de 40 años, con caminos recorridos, que no son bellezas, con muchos problemas...
GB: -Son programas que rompieron esquemas con los personajes: hasta la idea de la mucama Felicidad, que más que nada es una amiga y no usa uniforme, es distinta. Guevara, que aparece como un gran duro, en el fondo es un tipo de una autoestima bajísima. Y, en especial, el hecho de habernos fijado en esa clase social y no en la de los ricos dueños de todo. Nuestros personajes salen de la clase que está más asustada porque ve que la crisis es muy grande.
Las cifras
32 Las hojas de tamaño planilla que insume cada capítulo.
135 Los capítulos de Campeones grabados y emitidos.
340 Los capítulos grabados y emitidos de Gasoleros.
20 a 35 El rating promedio alcanzado por Gasoleros y Campeones.
25 a 35 Las escenas distintas (la mitad en exteriores) de cada capítulo.






