
Germán Tripel: Memorias de un ex Mambrú
El éxito de Mambrú lo catapultó al mundo de las celebrities adolescentes. No le fue fácil, años después, asumir que la fiesta teen había terminado. Pero Germán Tripel no sólo logró sobreponerse a ese mal trago, sino que, además, logró abrirse camino en la actuación
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No había lugar a lo largo y ancho de la Argentina donde no estuviera su cara. Sus canciones sonaban sin parar en las radios y las melodías eran de esas que se te impregnaban en el cerebro y no había forma de sacarlas. Cada vez que salía a la calle, un harén de adolescentes con las hormonas desatadas se le tiraban encima. Buscaban una prenda, un beso, un autógrafo, algo de él. Las revistas del corazón estaban atestadas de fotos suyas. La fama empezó a tener un encanto particular para Germán Tripel, también conocido como Tripa. Ese reconocimiento lo empezó a enamorar, a cautivar sin pensar los costos que traía aparejado. Los programas de televisión se mataban por contar con su presencia y la del resto de la nueva " boy band " que disparaba en cada presentación la audiencia de cualquier ciclo. Junto a otros cuatro muchachos, llegó al mundo del espectáculo gracias a un reality televiso que reclutaba cantantes para formar un grupo musical. Nació Mambrú y rápidamente alcanzó el éxito. Dinero, discos, mujeres, shows y sobre todo popularidad; mucha, pero mucha popularidad. Con 22 años, el típico chico de barrio que dividía su tiempo entre su novia, un profesorado de educación física y cantaba por diversión en algún que otro acto escolar, tenía todo al alcance de su mano. "Nos sentíamos los Beatles", describiría más tarde. Sin embargo, el éxito de Mambrú tenía fecha de vencimiento y tras su disolución el joven cayó en picada. La misma industria que lo había colocado en la cresta de la ola lo sacó en un parpadear. El cliché de ascenso, estrellato y caída cobraba forma en Tripa. Aquel carilindo que con gracia y un poco de afinación supo conquistar a un sinfín de mujeres entró en la debacle total. Cuando los números de Mambrú comenzaron a caer, el creador de este monstruo marketinero , el empresario Gustavo Yankelevich, una figura símil a la de Ed Harris en The Truman Show , se desentendió del proyecto Mambrú: sus integrantes tenían los días contados en la farándula argentina. Germán se deprimió, su popularidad se desvanecía y junto con ella su autoestima. Paso por las drogas, el alcohol y todas esas cosas que muchos hacen cuando se les acaban sus 15 minutos de gloria. Se dio cuenta de que su fama era más bien efímera, circunstancial. Sin embargo, con mucho psicólogo y familiar de por medio, salió a flote. Se volcó a otro rubro: la actuación. Y tan mal no le fue. Ganó un premio ACE revelación por su interpretación de un cantante transexual de punk/rock alemán que surge tras la caída del Muro de Berlín en la obra Hedwig and the Angry Inch . Protagonizó el musical Rent donde conoció al -según sus palabras- "amor de su vida": la cantante y actriz Florencia Otero. De la popularidad al anonimato, de la exposición pública en su máxima expresión a un perfil mucho más bajo, de las tapas de los diarios a las gacetillas de centro culturales. ¿Hay vida después de un fenómeno comercial de la magnitud de Mambrú? ¿Se puede salir del estigma de estrella de reality? Aparentemente, sí y Germán da cuenta de eso.
Escalera a la Fama
Es una noche fría en Buenos Aires, Germán llega unos minutos antes de la hora pautada de la mano de su novia a los ensayos de la obra Juicio a lo natural en el teatro El Cubo. Llegan cansados de una reunión sobre el show Con-fusionados que están próximos a estrenar en el Velma Café. Florencia cuenta que todavía no definen la lista de temas a interpretar, mientras Germán pasa antes de la entrevista por el baño. Es un Germán mucho más serio que ese extrovertido que se puede encontrar en algún video de Youtube. En los dedos de sus manos tiene unos anillos de calaveras que va estar tocando y girando de a ratos durante una hora y media.
"A Popstar lo sufrí un montón", es lo primero que sale de su boca cuando se le pregunta sobre ese boom televisivo que lo convirtió en un ídolo pop ante el público. "Mi hermana me insistió para que me anote. Yo en paralelo estaba haciendo un profesorado de educación física, el cual seguí hasta el último momento que pude. Hoy me queda pendiente terminarlo. No sabía hasta dónde iba a llegar en los castings porque de hecho yo no era cantante. Cantaba en el baño y en algún acto, pero por diversión. A medida que iba avanzando de ronda, empecé a tomarme más en serio esto del canto. Me divertía mucho, aprendía a armonizar en una noche. Me acuerdo que una vez me dijeron: ‘Germán, queremos que sigas, pero si no podés armonizar vamos a tener que sacarte’. Esa noche, Pablo y Milton -quienes luego serían sus compañeros de banda- me enseñaron cómo tenía que hacerlo. Era como tener las respuestas de un examen. Al otro día, ´rendí´ bien y seguí en el programa", explica.
Y llegó el momento en que se formó el grupo. En el 2002 nacía el monstruo de Mambrú y su vida se transformó completamente. Ya dejaba la casa que compartía con sus padres en San Martín, provincia de Buenos Aires, para pasar a una lujosa suite en un hotel del centro porteño. Durante un mes, los cinco chicos trabajaron día y noche para grabar el primer CD que los llevaría a la cima sin escalas. "Eramos cinco pibes que teníamos nuestras noviecitas de barrio, nuestros amigos con los que jugábamos a la pelota para pasar a tener 500 millones de mujeres que se te tiraban literalmente encima. Nos pedían autógrafos, teníamos seguridad constantemente. Cualquier cosa que pedíamos, nos la concedían. Era una locura de la cual yo no era muy consciente. No nos cansábamos nunca. Es como tener un bebé con un chupetín todo el tiempo y cuando se acaba le das otro y cuando se cansa de ese chupetín, le das un chocolate. Hacíamos notas para la radio, la tele. Estábamos a disposición las 24 horas. Nunca imaginamos semejante explosión pública, pero Yankelevich seguro sí".
La popularidad empezó a gustarle a Germán, ahora convertido en Tripa para la platea femenina. Ese apodo de la infancia iba cobrar nuevamente vuelo en esta etapa. "Me divertía muchísimo como integrante de Mambrú. Te generaba eso de estar al límite todo el tiempo. Ibamos a los boliches con los chicos de la banda y con nuestros amigos de toda la vida. Ellos también se divertían, yo era un poco la carnada para atraer chicas. Mambrú tenía su grupo de seguidoras, a las que no tocábamos porque no daba acostarte con una, sabiendo que al otro día en el teatro la ibas a ver. Las chicas se sentían atraídas por nosotros, por lo que veían en la tele. Se nos tiraban encima, no les importaba nada. Incluso, una vez, en el hotel Hermitage de Mar del Plata, llegamos a la habitación y vimos una silueta en la ventana. Estábamos en el séptimo piso y había una mina colgada del lado de afuera, que estaba desesperada por vernos. Se podría haber matado y no le importó. Era una locura".
Pero como dice el dicho "Todo lo que sube, tiene que bajar". Mambrú no fue la excepción. A uno de los chicos, Milton, lo descubrieron saliendo de la casa de una de las chicas de Bandana, la versión femenina de Mambrú, y eso enojó al "papá del proyecto", quien rápidamente echó a la oveja negra de la familia. Ya se había cansado de los planteos del cantante. A partir de ahí, empezó la caída. El grupo se empezó a resquebrajar. El público de Mambrú estaba creciendo, no cuantitativamente, sino en edad. Yankelevich viró a otros emprendimientos y la banda tenía la marca de la muerte sobre su cabeza. Sin todo ese aparato mediático que se había volcado a exacerbar la figura de los cinco -ahora cuatro- latin lovers , estaba todo listo para enterrar el fenómeno. Y Mambrú murió a fines del 2005. Y Tripa paso a ser de nuevo Germán.
A veces gano y a veces no
"¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido o estaba deprimido porque escuchaba música pop?", reflexiona el personaje de John Cusack en la película Alta fidelidad , una verdadera oda a la música. El niño bonito que vendía colores y mariposas en melodías pegadizas empezó a entender que se habían acabado sus escasos minutos de fama. El problema es que no había un colchón para atajar esa caída. Después de Mambrú, Germán empezó a pasar mucho tiempo en su casa. Se deprimió. Antes le marcaban hacia dónde caminar; tenía puesto el piloto automático. Ahora el rumbo de su carrera estaba en sus manos, y lo que a muchos les puede resultar un alivio, para él era un gran problema. Salía con sus amigos del barrio, tomaba, se drogaba. "Mucho de mi personalidad está relacionada con todo ese proceso que viví durante y post Mambrú -explica-. Hoy en día soy más cauto; para ciertas personas, hasta antipático. Observo todo primero. Me sigo equivocando, pero bastante menos que antes. Soy muy callado. Soy de cuidar mucho a la gente que tengo al lado mío, y el resto no me importa. Puede existir o no", agrega.
-¿Qué te dejó esa experiencia?
-A nivel económico, me dejó un auto y una buena suma de dinero. A nivel personal, mucha inseguridad. Y en lo que tiene que ver con lo artístico, estaba bien parado. El tema de haber salido de Popstars hacía menos difícil la escalada. Era conocido, mi cara ya era conocida. Para ciertas cosas era bueno; para otras, no. La popularidad de Mambrú a algunos les gustaba, pero a otros no. Estaba todo cargado de prejuicios, tanto buenos como malos. Tenía que pelearla desde otro lugar.
Desesperado por no desarraigarse del medio, agarró el teléfono y llamó a Pablo Granados, con quien había congeniado en las presentaciones que hacía con la banda en Videomatch. Granados lo hizo actuar en algunos sketchs del ciclo televiso No hay dos, sin tres , y así calmó un poco su sed de continuar en la vorágine del mundo del espectáculo. En paralelo, comenzó armar lo que sería su primer disco solista. Todo empezaba a salir bien. Armó una banda con la que tocaba en algunas fiestas privadas, había firmado con el sello discográfico Universal para sacar su disco, empezó a tocar en el Faena hotel, actúo en la película Los informantes de Gregor Jordan. Germán comenzaba a estabilizarse. Y llegó la primera audición para Rent . Pero no había sido exitosa. Les había gustado cómo había cantado, pero sus dotes actorales eran nulas. Su personaje Roger estaba muriéndose producto del HIV y buscaba dejar una canción. Buscaban fragilidad en la actuación. Germán no lo entendió y cantó con una sonrisa de oreja a oreja. Le dijeron "muchas gracias por todo, pero no quedaste". No le importó. Agarró su bolso y se fue para su casa. Pero a los tres meses, todos esos proyectos que prometían un futuro alentador empezaron a desvanecerse. La propuesta de sacar un CD se caía, lo rebotaban en cuanto casting se presentaba. Todo ese avance que había logrado en su autoestima se desplomaba. Volvía a la misma inseguridad de antes. Una tarde, luego de haber discutido con su ex manager, lo llamó Ricardo Manetti -productor de Rent - y le pidió que audicionara de nuevo, ya que todavía no habían encontrado a la persona indicada para el personaje de Roger. "La verdad es que no quería ir. En este medio no hay que bajar los brazos, pero a mí me pasa mucho que me canso, me desmotivo. Pero no podía desaprovechar esa oportunidad. En la audición estaban todos: director, productor, asistentes. Había una sed tremenda de que apareciera el personaje. Cuando me siento, se me acerca Manetti y me dice ´Imaginate que el tema que escribiste no lo va escuchar nadie´. Justo lo que pasaba, en algún punto, en mi vida real. Empecé a cantar y me largué a llorar. Lo canté con una bronca... Terminé y les dije llorando que me quería ir, que no me quería quedar. Al otro día me llamaron y me dijeron que había quedado". Roger había aparecido.
Flor, flor, flor
Germán jura una y otra vez que con su co-equiper de trabajo en Rent no había onda. Nada. Que dicha situación preocupaba a los productores del musical. Que los pusieron a hacer ejercicios juntos para que funcionaran como pareja. Mimi y Roger tenían que tener piel, conectar, encontrarse el uno con el otro. Ella era una prostituta adicta a la heroína y él solía ser un famoso rockero cuya ex novia se había suicidado. Ambos eran frágiles. Ni Germán ni Florencia podían encontrar la química que sus personajes tenían. Con el tiempo, la relación comenzó a tomar forma. Ensayo tras ensayo, comenzaron aparecer cosas nuevas. Chispas le dicen algunos; mariposas, otros. La ficción se volvió realidad. A días del estreno del musical, Germán y Florencia se pusieron de novios. Se habían enamorado. Todo sucedió muy rápido, como cada suceso en la vida del ex ídolo pop. A los seis meses, se fueron a vivir juntos a un departamento en el barrio de Recoleta y más tarde compraron un PH en Villa Urquiza, donde hasta el día de hoy conviven. Desde ese momento, literalmente, nunca se separaron. Se acompañan a todos lados, buscan proyectos en conjunto, cantan juntos, pasean el perro juntos. La vida en pareja se volvió una prioridad para Germán. Y con Florencia -asegura- recuperó la seguridad y estabilidad que tanto anhelaba.
"Amor, dame un beso", le exige Flor a su media naranja. El reloj marca pasadas las 23,30. Todavía el bajista del espectáculo Con-fusionados no ha arribado. "¿Cuántas veces dijimos que era a las 23? Es una falta de respeto, loco. Después el que pone la cara soy yo", comenta nervioso Germán al sonidista del show. Vestido íntegramente de negro, sube al escenario a calentar un poco la voz. Anillos, muñequeras y cinturones hardcore. El look de chico malo le sienta bien. Pero Germán no olvida sus raíces. Lleva un peinado muy de la onda de Mambrú: una cresta muy trabajada gracias al secador de pelo que su novia llevó especialmente para la ocasión. "Amor, ¿viste mis cigarrillos?", grita desde el camarín la joven Otero. Llega el bajista, sube al escenario y se pone a armar su pedal de efectos. Germán le reprocha su llegada tarde, pero todo se interrumpe cuando Florencia sube al escenario. Los ojos del cantante devenido en actor se van para ese lado. Lo enamorado que está este chico no tiene nombre. Todo es elogio y reconocimiento a la muchacha diez años más joven que él. Ensayan los dos junto con Andrés Bagg, quien también participó de Rent, el clásico de Queen Somebody to love . No hay nada de Freddy Mercury en la voz de Tripel. Los actores vuelven a sus camarines y la gente comienza a llegar. El espectáculo cuenta mediante canciones conocidas la historia de una pareja que se conoce, se enamora, se rompe y se vuelve a unir. Quien reflexiona sobre estas circunstancias de la vida es Bagg, un lujo a la hora de la actuación y el canto. El show es efectivo. El público aplaude. "Muchas cosas que hago arriba del escenario, las hago no para la gente sino para ella. Para que ella me vea". Tripel no quiere que su chica deje de prestarle atención en ningún momento. El público se retira y los actores, junto a la banda, se preparan para celebrar el éxito de la jornada con el whisky que Bagg trajo para festejar . Germán está sonriendo como nunca antes se lo vio sonreír. Besa a su novia y toma un trago. Se cambian y se van para el cumpleaños de un amigo, a seguir celebrando.
Glory box
Toda la gloria que había recolectado en el camino que transitó de pasar a ser Germán a una mega estrella pop quedó literalmente en una caja llena de cartas, recortes de diarios, osos, prendas íntimas femeninas. Germán pasó de casting en casting. Después de Rent todo le sonaba mal. Hasta que llegó la obra Hedwig and the Angry Inch y el reconocimiento a través de un premio ACE. "Uno piensa que el reconocimiento te va generar más, pero no. Tenés que seguir remando de la misma manera que siempre. La obra era muy difícil por su temática, y agregale que el elegido era un ex Mambrú con todo el estigma y prejuicio que eso conlleva. Había un potencial en mí que nadie veía, ni siquiera yo. Evidentemente, el productor Manetti sí lo vio. El premio sirvió para tapar muchas bocas. Para demostrar que hay oportunidad para los que empiezan y los que salen de un reality", explica.
Todo parece andar bien para el ex ídolo pop. Su nueva faceta de actor le va abriendo distintas puertas. Estuvo en Solsticio , Los últimos cinco años . También continúa por el lado de la música. Grabó la canción de cierre del nuevo documental El Rati horror show , de Enrique Piñeyro. Continúa realizando shows privados con su banda Ópera prima y armando proyectos musicales con Otero. Actualmente preparan un espectáculo en homenaje a Elvis Presley, ídolo de Germán. Dejó de lado la carrera solista. Su primer CD, denominado Push , donde su imagen era una mezcla de Ricky Martin y el emo de Peter Capusotto, fracasó.
"Ayuda el reconocimiento, ayuda el bueno y el malo. Hoy me enteré de mi nominación a los ACE como mejor actor por Los últimos 5 años . Eso es un empujón. El que sigue pensando que soy un Mambrú que lo siga pensando, yo le diría ‘Flaco, Mambrú terminó hace mil años´. Ahora hago otras cosas. Pero bueno, cada uno que piense lo que quiera. Fue algo fuerte Mambrú. Fuimos como un boom sociológico que tiene que ver con un momento específico de la sociedad. Pero no volvería a hacerlo. Hoy disfruto de este nuevo Germán porque estoy cómodo en lo que estoy haciendo". Suena una canción de Elvis en el celular. Le avisan que los ensayos de Juicios a lo natural ya empezaron. Fiel a su puntualidad, se disculpa pero anuncia que se tiene que ir.
"Mi héroe es la gran bestia pop / que enciende en sueños la vigilia / y antes que cuente diez dormirá"
El camino por los 15 minutos de fama se cobró muchas víctimas. Entre ellas, Tripa. Se cayó y volvió a surgir. Aprendió que la fama por la fama no significa nada, como dice la letra de Babasónicos. Él creció, sus fans crecieron. Ahora queda por descubrir por dónde continúa la cuestión. Teatro, música y novia marcan los pasos a seguir de este rehabilitado ídolo del pop.
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