
Una universidad centenaria y pirámides milenarias en la ciudad de los tiangui.
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Producción de Julieta Mortati
La UNAM
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es una de las universidades más antiguas de Latinoamérica y también la más grande. El campus está en una reserva natural protegida, la Reserva del Pedregal de San Ángel, y tiene espacios más allá de lo académico, como varios museos interesantes para visitar, un jardín botánico donde relajarse, murales de pintores famosos en algunos edificios, esculturas, un teatro y un estadio gigante. Lo que más me gusta es el mural de la Biblioteca Central, que está armado como un códice: puedo pasarme horas tratando de interpretar su significado. Y el Museo de Arte Contemporáneo, donde siempre hay una exposición interesante. La UNAM me abrió sus puertas con solo un examen de ingreso y una contribución voluntaria, incluso siendo extranjera. Para mí representa más que una universidad, es un espacio en la ciudad donde paso la mayor parte de mi tiempo, un lugar de debate y cultura, un lugar que me acogió y me enseñó nuevas formas de pensamiento.
Pirámides de Teotihuacán
En realidad, muchos dicen que no son pirámides, sino que fueron construidas para copiar a las montañas. Y, de hecho, cuando caminás por la Calzada de los Muertos hacia la Pirámide de la Luna ves una montaña atrás muy parecida y, a medida que te acercas más, la pirámide tapa la montaña y se funden en una. Las conocí hace 10 años, en un viaje que hice de mochilera con amigas, y cuando las vi a lo lejos desde el bus, me morí. Y más cuando me enteré de que tenían casi 2.000 años. Todavía no se sabe exactamente a qué dios fueron dedicadas, pero igualmente yo lo siento como un lugar de peregrinación y grandeza, de esos que tienen una cultura milenaria. Ahora que vivo tan cerca de ellas, voy cada vez que puedo.
teotihuacan.inah.gob.mx/index.php
Los tianguis de DF
Los tianguis son mercaditos ambulantes que venden todo tipo de productos. Cada día de la semana están en distintas calles. El mío queda a cuatro cuadras de casa, en Juan de la Barrera y Mazatlán, y se arma todos los martes. Me compro un vaso o a veces una botella de jugo de mandarinas recién exprimidas. A medida que me meto más en el mercado escucho: “¡Qué le doy gueritaaaaaa!”. Sigo por el sector de verduras, compro todo lo que necesito, y casi siempre innovo en verduras que ni conozco. Lo mismo con las frutas: me dan para probar aquellas que nunca siquiera vi y me llevo alguna nueva a casa. Después paso al sector de dulces, me compro una bolsa de viboritas de goma, y luego en el sector de quesos me fijo si veo algo que me llame la atención. Muchas veces termino almorzando en los puestitos del mercado, casi siempre un taco de camarón.
Recomendado por
Sofía Zerbarini
Llegué a Ciudad de México en mayo de 2016 por el trabajo de mi marido. Yo siempre había querido vivir afuera y aproveché para anotarme en un posgrado de Economía Ambiental y Ecológica que estoy cursando en la UNAM.

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