
Hacete cargo
1 minuto de lectura'
Hacete cargo." Es una expresión que se ha estado usando muchísimo durante el posmodernismo. La usan los jóvenes, los ejecutivos, los periodistas y los políticos, éstos, cuando se trata de la oposición. En mi modestísima opinión, y por mi experiencia de vida, debo decir que casi nadie se hace cargo de nada como no sea del éxito y los aciertos. Cuando llega el momento de pagar los platos rotos, la inmensa mayoría de nosotros mira para otro lado y trata de culpar al vecino, al enemigo, a la naturaleza y a la mala suerte por los hechos desgraciados que hayan podido suceder.
Desde el Katrina primermundista hasta nuestro trágico Cromagnon, nadie se hace cargo de nada. Sin olvidar la violenta "batalla del riel" de Haedo.
Momentos desopilantes de humor involuntario, cumbres del ridículo y delirios persecutorios dignos de mejor causa jalonaron nuestras elecciones de octubre. En el tiempo transcurrido desde entonces, el vendaval de la realidad ha hecho volar las boletas cortadas y los afiches sonrientes, admonitorios, moralistas y dudosamente humorísticos; también quedan recuerdos borrosos de los carteles dando las gracias por el triunfo, carteles que, se sospecha, han pagado todos los que votaron, los que no votaron y los difuntos recientes cuyos impuestos se acababan de pagar.
Es muy alentador vivir en un país donde nadie pierde. Suena un poco delirante, pero el delirio es una de nuestras "virtudes nacionales". Es fantástico y da una sensación de gran segu-ridad en el futu-ro ver a la mayo-ría de los muchísimos candidatos y sus "sabaneros aso-ciados" poner cara de póquer y considerar el fracaso como "una contingencia más", "una esperanza para 2007, cuando el pueblo haya constatado lo erróneo de su elección", "un enriquecimiento personal y una hermosa oportunidad para conocer gente muy valiosa a la que agradezco profundamente" o "una prueba de que alguien me votó, lo cual no es poco considerando mi total falta de antecedentes profesionales". Estos son los que perdieron como en la guerra y fueron arrastrados a probar el polvo de la derrota (claro que hay gente que, con tal de que sea polvo, acepta cualquier cosa menos el anonimato). Imagine el lector, bah, no imagine, simplemente recuerde, la catarata de "jácaras y mojigangas", piñatas, cohetería fina, papel picado y cotillón que desplegaron los ganadores.
Algunos ganadores, los más posmodernos y temibles, optaron por ponerse una piel de cordero a pesar del calor que se avecinaba y decir que no se la creen, que "no es un cheque en blanco, sino un voto de confianza que hay que tratar de no defraudar". Lindos gestos. El tiempo dirá si creían de verdad en lo que estaban diciendo. No sabe el lector cuánto desea este vejete equivocarse en su escepticismo crónico y meterse su desconfianza donde le quepa.
Hubo también imprecaciones y amenazas, enojos y malos augurios para los que cometieron el pecado de no votar a algunos partidos. Alguien dijo: "Háganse cargo de lo que votan", expresión algo idealista en un país donde desde el poder se pasa por encima de la gente con las aplanadoras de la persecución política, las catástrofes económicas y financieras y la permanente exclusión social de vastísimos sectores de la población sin que nadie se "haga cargo de nada". Suena lógico que, si los que detentan el poder no se sienten responsables, el votante tienda a no responsabilizarse de lo que elige, amparado en el eterno "yo no sabía".
Así, gobernantes y gobernados nos echamos el fardo permanentemente mientras "la nave va", como diría el genial Fellini.
No parecemos dispuestos a reconocer nuestro grado de responsabilidad. Es una flaqueza humana. Cuesta mucho y duele mucho admitir nuestras equivocaciones. No cuidamos nuestra salud física, no cultivamos con el suficiente cuidado nuestras relaciones personales, y cuando caemos enfermos o nos quedamos solos tratamos de cargar a la fatalidad del destino nuestro dolor y nuestra pérdida.
Hacerse cargo en la justa medida es una de las búsquedas más apasionantes de la fascinante aventura de vivir. Mirémonos en el grotesco espejo de los mercaderes de ilusiones, de los mentirosos chantas que tanto mal han hecho y sepamos que emergen de nosotros, de nuestros yerros y defectos. Hagámonos cargo.
1
2Diseño, servicio y un entorno fuera de serie: conocé la historia centenaria del hotel mejor ubicado de la Patagonia
3Dijo que era vidente y le hizo una predicción a una mujer, pero lo que pasó después descolocó a todos
4Cuatro beneficios del magnesio que seguro que no sabías, según un nutricionista



