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Recomendados por Maite Ortiz*
San Pauli
Un barrio de casas ocupadas en los años 80, de resistencia y espíritu punk, que tiene una bandera pirata como símbolo. Al caminar por acá encuentro siempre algún personaje excéntrico, cooperativas, centros sociales, talleres y grafitis con frases como "el nacionalismo apesta" o "ninguna persona es ilegal". El barrio San Pauli también atrae turismo por su famosa zona roja en las cercanías del puerto. Repleto de bares y clubes, cuentan que fue en uno de esos clubes donde los Beatles comenzaron a tocar.

El barrio también atrae turismo por su famosa zona roja. Repleto de bares y clubes, cuentan que fue en uno de esos clubes donde los Beatles comenzaron a tocar.
El equipo de fútbol lleva el mismo nombre y el mismo espíritu y se declara en estatutos oficiales como antirracista y antisexista. Fue el primero en prohibir los cantitos xenófobos. "No hay fútbol para los fascistas", se lee desde las plateas del estadio.Dicen que a los hinchas les da igual ganar o perder y que siempre cantan con el mismo entusiasmo.
Plantas y flores

El parque y jardín botánicoPlanten un Blomen es mi sitio favorito. Tiendo a creer que he recorrido todos sus rincones, pero siempre encuentro algo nuevo en la ciudad. Los paseos en otoño son muy hermosos por los colores que ofrece. Árboles desde amarillo-anaranjados hasta rojos en todas sus gamas. En abril, recomiendo visitar los cerezos florecidos. Mi lugar preferido es el llamado "jardín farmacia", donde se puede aprender sobre los poderes curativos de las plantas y reconocerlas. Los últimos descubrimientos en el parque se desprenden de mi maternidad reciente y son las construcciones sofisticadas de madera, para trepar y cruzar puentes, a las que antes no les había prestado atención. Juegos de agua, patos felices si les das pan y una plaza que recordaré por siempre porque fue donde descubrí cómo mi bebé daba sus primeros pasos tambaleantes, pero con seguridad para llegar hasta un tobogán.
La playita

Elbstrand no es una playa de verdad, sino arena frente al río Elba, donde el agua hace olas por el movimiento de los barcos imitando el oleaje de mar. A pesar de que el agua se ve limpia y, si tenemos suerte, el clima en verano podría elevarse un poquito más de los 25°, no está permitido meterse. Sí permiten mojarse los pies y extender la vista al horizonte donde, inevitablemente, encontraremos una gaviota.
En la playita, hay, además, algunos bares con mesas en la arenay en los alrededores; el paisaje es de esas casonas con pequeños jardines al frente y con techos de teja con pequeñas cajas de madera en los árboles, donde los pajaritos pían si uno se acerca. Los vecinos más entusiastas salen a correr y otros aprovechan para pasear a sus perros con la sirena de un barco a punto de zarpar de fondo.
*Soy ilustradora y trabajo de manera independiente. Vivo en Hamburgo hace cuatro años en una residencia para artistas con mi marido y nuestro pequeño hijo de año y medio. www.maiteoz.net
(Producción: Julieta Mortati)






