
Hay lista de espera: la bodega que se consolida como una de las más deseadas y exclusivas de la Argentina
Absoluto, un blend de la bodega Ribera del Cuarzo, se produce en un terruño extremo de la Patagonia y guarda una peculiar historia. La mirada curatorial de Frappé, la compañía especialista en comercialización de vinos finos que explica por qué el proyecto aparece de pronto en todas las conversaciones.
Los certámenes de vinos en general (y en particular los premios Winexplorers, los “Oscar” del vino argentino) funcionan en el mundillo vinícola como una forma de leer el presente de la industria. Recientemente fueron publicadas sus nominaciones, y en ese mapa conviven pesos pesados –por caso Catena Zapata o Moët & Chandon– con otros más singulares por ser bodegas muy pequeñas y concentradas en interpretar un único paisaje como Ribera del Cuarzo y Bemberg Estate Wines.
“La bodega empezó a estar de pronto en todas las conversaciones, y de hecho parece jugar otro juego”, cuenta la jefa de Marketing de la cadena de vinerías Frappé Wine Store, Rosario Padilla, sobre Ribera de Cuarzo, este proyecto patagónico dueño de una historia centenaria y un terruño absolutamente único ubicado en un sitio extremo en el Valle Azul, en Río Negro. También, claro, de un vino que empuja todo ese relato al límite: el Ribera del Cuarzo Absoluto, un blend de producción limitada que ronda los mil dólares y para el que ya existe una lista de espera.

“Una decisión que parecía una locura”
La historia arranca en realidad mucho antes de Absoluto. Los Menéndez, primeros pobladores de la Patagonia. Felipe José Menéndez, director de Ribera del Cuarzo, lidera la bodega y encarna la herencia de una doble tradición: la de la Patagonia y la vinícola, iniciada por su tatarabuelo Melchor Concha y Toro.
Fue en 2008 que, tras años de exploración, Felipe Menéndez dio al pie de las bardas del Valle Azul, en Río Negro, con una parcela hipnótica que originalmente plantó una condesa italiana. Ese es el terroir que hoy define el carácter de sus vinos.

El motivo por el que la condesa, con años de historia vinculada al vino, había decidido años atrás posar sus ojos en ese sitio no tenía que ver tanto con una lógica técnica como con una intuición.
Cuando llegó al Valle de Río Negro con la idea de iniciar un emprendimiento vinícola todo indicaba que debía plantar cerca del río, como lo hacía y sigue haciendo la mayoría. Y sin embargo hizo lo contrario: se alejó del valle fértil y decidió plantar al pie de los acantilados, en un lugar nadienunca se había atrevido ni imaginado. Para hacerlo posible tuvo incluso que construir acueductos y bombear agua hasta ahí arriba, decisión que entonces parecía difícil de justificar.
Años después, los estudios geológicos terminaron por darle la razón al explicar lo que en un inicio fue puro olfato. Con 33 millones de años, esos suelos están formados por arenas calcáreas, cuarzo fragmentado y hasta restos fósiles de un antiguo lecho del océano Pacífico. En otras palabras: un terroir que concentra una riqueza incalculable y capaz de dar vinos con una identidad imposible de replicar.
“En los mapas satelitales–explican desde la bodega– se aprecia perfectamente: un cuadrado verde en medio de un territorio salvaje. Un terreno de condiciones extremas donde la vid no crece fácil y donde hubo que llevar el agua”. Ese viñedo, que hoy se llama Araucana, es único en el mundo y el corazón de todo lo que pasa en Ribera del Cuarzo.
La forma de trabajo sigue la misma lógica: intervenir lo menos posible. El viñedo se cultiva de manera manual, sin químicos, con prácticas orgánicas y biodinámicas. Y en bodega la idea es también la de acompañar más que imponer. “No buscamos ‘corregir’ el vino, sino dejar que el lugar se exprese”.

Del nicho al radar internacional
A la nominación en los Winexplorers como “Pequeña Bodega” del año, Ribera del Cuarzo sumó hace poco otra credencial: el prestigioso crítico de vinos Tim Atkin la calificó como “una de las bodegas que va a marcar el rumbo de la viticultura argentina en los próximos 20 años”.
La historia de Absoluto empezó a forjarse de una forma bastante fortuita. De visita en China, invitado a una comida por el empresario “Mr. Lee”, Felipe Menéndez decidió llevar un vino que todavía no había salido al mercado. No tenía etiqueta ni tampoco precio, y ni siquiera estaba definido como producto.
Corría 2018. Días después, ya de vuelta en Argentina, Menéndez recibió un llamado de su banco: le había entrado desde Asia una transferencia importante. El remitente era Lee. Sorprendido, lo llamó para avisarle de lo que pensaba era un error, pero el empresario le explicó que el dinero “era un adelanto”: quería asegurarse la producción entera de ese vino tan extraordinario que había probado.
Felipe le respondió que el vino ni siquiera estaba en el mercado, pero Lee le insistió en que quería todo y que estaba dispuesto a pagar 1.000 dólares por botella. El bodeguero decidió vender solo una parte de la producción –que en total era de solo 600 botellas– y no se equivocó. La etiqueta se convirtió en una de las más buscadas por los coleccionistas cuyo precio, lejos de haber sido definido estratégicamente, es consecuencia directa de la demanda.

“Como cadena de vinotecas con 20 sucursales, manejamos un portfolio muy amplio dentro del cual aparecen opciones destacadas, como es el caso de Ribera del Cuarzo”, agrega Rosario Padilla. “Son vinos que no se consiguen en cualquier lado, y nosotros lo tenemos como parte de un catálogo ‘curado’”.
“Hace tiempo que la Patagonia viene demostrando que puede dar vinos de nivel internacional, pero este viñedo viene a dar un paso más, a mostrar una expresión distinta: más austera, más precisa y muy marcada por el lugar”, señalan desde Frappé, que desde ese rol curatorial pone justamente el foco en proyectos singulares, como es el caso de Ribera del Cuarzo y otras bodegas pequeñas que hoy entusiasman, más que las masivas, a los consumidores de vino. “Hoy –refuerzan– esa identidad empieza a aparecer en la conversación sobre hacia dónde puede ir el vino argentino: vinos más ligados al origen, menos intervenidos y con una búsqueda clara: hablar de un paisaje”.
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