
Henri Atlan: "El lazo carnal será modificado"
Por Danielle Raymond (desde París)
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Después de la píldora contraconceptiva, la inseminación artificial y la fecundación in vitro, la próxima etapa será el útero artificial. Sin duda, esta técnica tendrá en principio funciones terapéuticas, en reemplazo de las incubadoras actuales, para mantener con vida a los niños prematuros. Pero nadie es inocente. Las técnicas de procreación, inicialmente desarrolladas con fines de tratamientos de esterilidad o de abortos a repetición, desbordan estas indicaciones estrictamente terapéuticas.
Como las inseminaciones artificiales y las fecundaciones in vitro, los úteros artificiales serán utilizados para cumplir "los deseos de tener hijos" que la procreación natural no permite satisfacer. Mientras expone sus condiciones de realización, Henri Atlan, en su libro El útero artificial, analiza las repercusiones sociales, culturales, económicas, políticas, religiosas e incluso metafísicas de esta nueva técnica.
–Recientemente, la prensa comentó ampliamente su obra El útero artificial. La ciencia ficción parece acercarse desde el momento en que usted afirma que la mecanización de la gestación ha dejado el terreno de lo posible para entrar en el terreno de lo probable...
–Es una pena que muchos hayan reaccionado a esos artículos por el título del libro más que por su contenido. Esto es, por una parte, ciencia ficción, porque el útero artificial no va a existir mañana y, desde ese punto de vista, se inscribe en la continuación de Un mundo feliz, de Huxley. Pero, al mismo tiempo, se trata de una perspectiva científica y social. Parecería que la técnica conseguirá fabricar ese tipo de incubadoras en algunas décadas, primero con objetivos médicos, para paliar las imposibilidades patológicas de embarazo en algunas mujeres. Pero como ya pasó con algunas técnicas de procreación asistida, los usos superarán ampliamente el cuadro terapéutico y serán reivindicadas en nombre de la libertad por las mujeres para disponer de su cuerpo.
–Las feministas no parecen muy de acuerdo con la procreación artificial...
–Si uno se fija en la literatura femenina se da cuenta de que, efectivamente, algunos lo ven como un progreso en el movimiento de la liberación de las mujeres, porque permitiría establecer una simetría entre la maternidad y la paternidad. Mientras que la asimetría que existe ahora es vivida por algunas de ellas como un obstáculo a la igualdad a la que aspiran. Pero hay otra parte del feminismo que, por el contrario, considera que esta asimetría es un privilegio de las mujeres, que les da, desde tiempos inmemoriales, cierto dominio sobre la procreación. Ese privilegio fue muy difícilmente aceptado por los hombres. Yo no tengo ningún medio para decidir entre ambas posturas. Todo lo que puedo decir es que están divididas y que, desde el momento en que exista esa técnica, si algún día existe, habrá inevitablemente cierto número de mujeres que reivindicarán el derecho a utilizarla en nombre de la libertad de disponer de su cuerpo, exactamente como fue con la contraconcepción, el aborto, etcétera. Es una de las razones por las que pienso que difícilmente se pueda frenar este avance, ya que será reivindicado, justamente, como el derecho de las mujeres de disponer de su cuerpo.
–¿A qué llama asimetría?
–La asimetría es que la paternidad consiste sencillamente en proveer un gameto, una célula, un espermatozoide, mientras que la maternidad también consiste en proveer un óvulo, pero también en portar el bebe durante nueve meses en el útero. De modo que ahí hay una asimetría enorme que hace que, como se dice, la paternidad esté construida, en buena parte, socialmente, mientras que la maternidad tiene mucho menos construcción social. Aunque hoy nos encontramos en un proceso de separación entre procreación y sexualidad, tanto para las mujeres como para los hombres. Lo que quiere decir que ya antes de llegar al útero artificial estamos en una situación en la cual se han construido ciertas formas de maternidad. Por ejemplo, el uso de madres portadoras o la clásica maternidad por adopción.
–Entonces, ¿vamos a llegar a una separación total entre sexualidad y procreación?
–En realidad, hemos llegado a esa instancia desde la difusión de la píldora anticonceptiva. La prospectiva sirve, sobre todo, para proyectar una luz más cruda sobre lo que la disociación entre procreación y sexualidad produce en nuestras sociedades, e imaginar cómo será cuando esta disociación haya franqueado otro límite capital. Es mejor pensar el futuro por adelantado que esperar a que nazcan los primeros bebes para reflexionar después, como ya pasó con otras técnicas. Yo, personalmente, no soy un defensor del útero artificial, pero utilizo este estudio para reflexionar sobre los efectos de este proceso: los cambios radicales de la condición femenina en el siglo XX son el origen de las relaciones entre masculino y femenino, y de las filiaciones diversificadas que hasta ahora no se habían conocido nunca en la historia de la humanidad. Una reflexión prospectiva sobre el futuro permite aclarar el presente.
–Si para la humanidad la preservación de la especie tiene un lugar central, ¿en qué representaría una evolución el útero artificial?
–El útero artificial, si llegara a existir, no representará una evolución desde el punto de vista de la preservación de la especie en ningún sentido. Se tratará, en cambio, de un límite más que se supera en la evolución cultural (y no biológica) de la humanidad.
–¿Qué pasará con la desaparición del lazo carnal con la madre?
–El lazo carnal será, efectivamente, modificado. Ya lo ha sido desde que es posible que un chico nazca de un óvulo de una mujer y sea portado por el útero de otra, tras haber sido fecundado fuera de cada una de ellas. Como hoy, las consecuencias podrían ser catastróficas o benéficas. Eso dependerá del ambiente familiar, social, cultural y, sobre todo, moral en el cual se hagan las cosas. Pero ya es así. Por cierto, los lazos carnales con la madre son muy importantes e incluso vitales. Pero, como hipótesis, si el útero artificial es utilizado un día por los humanos, querrá decir que se habrá logrado eliminar sus efectos negativos, como la transmisión de enfermedades, las intoxicaciones, el estrés, los traumatismos, etcétera, y conservar sólo los aspectos positivos. Todavía estamos lejos de eso, por supuesto, no es una realidad inmediata.
–¿Cuál sería la reflexión ética con respecto al útero artificial?
–Sería una reflexión sobre las consecuencias sociales, morales, políticas y culturales de la introducción de esas técnicas en las prácticas de procreación. Pero es exactamente lo mismo que contienen las reflexiones éticas que comenzaron y prosiguen con las diferentes técnicas de reproducción asistida ya utilizadas actualmente. Además de la contraconcepción y del aborto.
–¿Asistimos a una posthumanidad?
–Seguramente no, porque no hay ninguna razón para imaginar una posthumanidad ahora. Es cierto que el siglo XX ya fue testigo de una transformación increíble de la condición humana, de modo que si se quiere hablar de posthumanidad habría que considerar que empezó hace más de 50 años. En realidad, se trata siempre de la misma humanidad, que modifica su medio ambiente y su condición de vida.
–¿Usted cree que muchas mujeres elegirán la solución del útero artificial sólo por comodidad?
–Me parece evidente. Basta con mirar a las mujeres alrededor de uno. Algunas le dirán que no lo harían por nada del mundo y otras le dirán exactamente lo contrario. El mítico "parirás con dolor" se atenuó bastante desde hace 50 años. El embarazo y el parto ya no son los momentos aterradores que nuestras madres describían. Incluso, la mayor parte del tiempo, son momentos excepcionales.
Para saber más:
www.epsare.com
www.fecunditas.com.ar
www.halitus.com
www.ifer.com.ar
www.samer.org.ar
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