
Hermana Bernarda: el placer de servir
Irrumpió en la pantalla televisiva con su hábito y su dulzura. Hoy, la monja gourmet, que desde el martes compartirá su cocina con los lectores de LA NACION en fascículos coleccionables, enseña a preparar los platos más deliciosos con un ingrediente que nunca falta: el amor
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Su imagen es conocida en casi toda América latina. Incluso tiene fanáticos que copian sus programas y los envían por correo a familiares que viven en Israel. En las visitas que realiza a países como México, Uruguay o Chile es recibida con honores, y hasta la paran en la calle para pedirle autógrafos, consejos y besos. ¿Quién es esa megaestrella? El hábito gris y la toca no dejan muchas dudas: se trata de la hermana Bernarda.
De hablar pausado y con un ligero acento alemán que heredó de sus ancestros, María Bernarda Seitz –tal su nombre completo– encontró, según afirma, una manera de evangelizar muy particular: combina la gastronomía y los medios de comunicación en una fórmula que le abrió las puertas a una amplia audiencia.
Antes de hacerlo todos los martes en las recetas que ofrecerá La Nacion desde esta semana en fascículos coleccionables (ver recuadro), Bernarda compartió con la Revistas algunos de sus secretos.
–¿Siempre optó por la cocina como modo de expresión?
–Cada uno elige según el don que Dios le ha dado. Cuando se entra en la congregación, los superiores evalúan en qué se destaca cada persona. Puede ser la música o la enfermería. En mi caso, fue la cocina. Yo escogí el apoyo al ama de casa y me perfeccioné en eso, aunque soy bastante autodidacta.
–¿Qué transmite con sus recetas?
–Para mí, es un modo de evangelización para llegar al ama de casa. Al hacer y servir un plato, la mujer brinda alegría, caridad, confianza. Es un servicio hacia el otro. Me da mucho placer cocinar para los demás, aunque sea hacer un café o tener el gesto de poner la servilleta. No hace falta una gran preparación. Que un miembro de la familia ponga el agua a calentar para hacer mate cuando el padre llega de trabajar: eso ya expresa solidaridad e infunde el espíritu de servicio.
A los 78 años, una vez por semana sigue dando clases. Y sus alumnas –que la llaman y visitan a diario– reconocen sus habilidades; tanto es así que una de ellas fue la puerta de entrada a la televisión.
–¿Fue difícil adaptarse a la TV?
–Casi no me di cuenta. La hija de una ex estudiante mía me dijo que su mamá siempre me recordaba y que estaba armando un programa de televisión en el que quería que yo enseñara. Yo entendí que era una clase; cuando me percaté de lo que pasaba me quise ir.
–Pero no fue así...
–Finalmente, cuando terminamos de grabar el primer programa, sonreí y dije: "Ahí va la primera". Como en una chacarera. Y siguió. Trabajábamos en la cocina de Virrey del Pino –sede del colegio en el que daba clases– los viernes y sábados.
–Usted escribió dos libros. ¿Cómo fue sentarse frente a la hoja en blanco?
–Los libros siempre fueron una misión específica para acompañar al ama de casa, tanto en lo material como en lo espiritual, así que no me costó; todo lo contrario. Además, Dios lo quiso así. Todo se dio de una manera tan especial que no me quedan dudas.
–Si se cocina con amor, ¿la comida siempre sale rica?
–Siempre. Es importante que el que cocina ponga algo de él. Cada plato es un alimento espiritual. También es muy importante la presentación. Aunque sea un simple bife, colocarle unas hojitas de perejil al costado, un rulito de manteca o espolvorearlo con queso rallado le da un toque de cariño.
–¿Qué consejo les daría a las amas de casa?
–Lo más importante es la organización; así la mujer no se cansa y puede disfrutar de tiempo para ella. Para eso, es ideal tener alimentos ya preparados y congelados, o distribuir las compras para evitar ir todos los días al supermercado.
–¿Y cómo se prepara para cocinar?
–Necesito silencio para concentrarme. Después, antes de empezar, hago la señal de la cruz y doy la bendición para que el trabajo sea en honor y gloria de Dios.
–Sus recetas son de la tradición suizo-alemana. ¿Las heredó de su mamá?
–Algunas sí. Muchas otras me las traen de Alemania. Hasta aprendí alemán para poder traducirlas yo, porque es importante ver las proporciones en el idioma original. Igualmente, las adapto a la realidad del país; hay cosas que acá no pueden hacerse. Como las preparaciones que llevan almendras o panceta, que acá son muy caras.
Aquí, dando cuenta de una memoria privilegiada, la hermana Bernarda comienza a citar precios exactos –con centavos incluidos– de los productos que suele utilizar en su reemplazo. "Que las recetas sean económicas es indispensable; si no, ahí empieza el primer roce en el matrimonio", aconseja.
–¿Es posible lograr el sabor genuino de una comida siguiendo una receta?
–Para eso, además de seguir los pasos que están escritos, hay que sentir la emoción de hacer algo para los demás. Es como cuando alguien va a la facultad y le dan el título. Después hay que llenarlo de contenidos.
Además de contar con 50 años de experiencia como profesora de economía doméstica, esta integrante de la congregación Hermanas de la Santa Cruz tiene especiales dotes para las manualidades. Así, con su máquina de coser todavía confecciones prendas, como las estolas que los sacerdotes utilizan para dar misa. "Yo misma elijo el broccato –cuenta–. Lo importante, como en la cocina, es darle a lo que se está haciendo un toque propio."
Antes de terminar la charla, desliza un último consejo: según Bernarda, compartir los momentos del almuerzo o de la cena es una de las condiciones para que la familia se mantenga unida.
Ahora, sólo hay que poner las manos en la masa y seguir la receta.
Recetas para todos
Desde este martes, opcional con La Nacion, los lectores podrán adquirir los fascículos de La cocina de la hermana Bernarda, a sólo $ 4,90. Se trata de 24 entregas, semanales y coleccionables, con recetas que ella elaboró de manera exclusiva para este lanzamiento. Con la primera entrega, de regalo, una carpeta para guardar las más de 500 propuestas.
“Este trabajo lo dedico especialmente a las amas de casa, incluso a las que no saben nada. Son recetas fáciles, ricas y económicas”, cuenta.
Bernarda no sólo aportó su conocimiento en la cocina. También recorrió los supermercados buscando los mejores productos para realzar el sabor de sus comidas. Sin descuidar, por supuesto, el color y la presentación de cada plato, lo que se destaca en las fotografías que acompañan cada receta.
Así, a lo largo de las entregas, los lectores se reunirán con propuestas para preparar platos a base de carne, aves, pescados o pastas. También, salsas, guisos, sopas, panes, entradas, tartas saladas, soufflés y ensaladas.
Para los golosos, no podían faltar las tentaciones dulces: tortas, panes dulces, tartas, pasteles, repostería para el té y licores. Además, hay números especiales para preparar platos en las tradicionales comidas de Pascua, Navidad y Año Nuevo.
Para cerrar, la última entrega ofrece un especial con recetas para recibir y agasajar. “Son platos ricos que dan alegría al que los recibe. Cuando entra una visita a la casa, hay que darle lo mejor, con mucho amor. Si las hacen tal cual están escritas, no van a fallar nunca”, asegura la hermana con convicción.






