Ingenio austríaco: diseñó una armadura especial para proteger a las ovejas de los lobos
Mientras defiende la comodidad de su invento, asociaciones animalistas denunciaron que pone en riesgo al rebaño; de qué se trata
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En el periodismo actual es difícil sorprenderse con las incontables noticias que recorren el mundo; sin embargo, siempre hay alguna novedad que escapa de lo común y que atrapa al público en cuestión de segundos; y ese fue el caso de un granadero austríaco que creó en tres años una armadura especial para proteger a las ovejas de los lobos.

Como Rudolf Schaubach, el hombre septuagenario en cuestión, vive en Villach (una ciudad ubicada al sur de Austria, la cual se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con Italia y Eslovenia), una de las zonas que más sufrió en el último tiempo el ataque de lobos a sus rebaños; a raíz de esto es que puso manos a la obra y sorprendió con una “cota de malla”, diseñada especialmente para estos casos.
Con un peso de entre dos y tres kilos —equivalente al de su propia lana natural—, este escudo se sujeta firmemente al cuerpo del animal mediante bandas elásticas. El secreto de su éxito está en la psicología del depredador. “Un lobo es un animal inteligente; no creo que intentara morder a una oveja por segunda vez”, aseguró el propio Schaubach a los medios locales.
Esta innovadora red, que ya cuenta con patente oficial, fue puesta a prueba en varias granjas de los Alpes austríacos. Su diseño tiene una lógica clara: si un lobo muerde las púas, sentirá el dolor suficiente para desistir, pero sin sufrir heridas graves. A raíz de esto es que Schaubach sostuvo que esta mala experiencia basta para disuadir al depredador. De hecho, relató que, en los primeros ensayos, una oveja vistió la malla durante días manteniendo intacta su movilidad y su capacidad para alimentarse.
Pero el invento no tardó en encender el debate entre ganaderos y animalistas. Voces críticas, como la del criador René Krüger, advirtieron que la red es poco práctica y potencialmente dañina a largo plazo, ya que podría enredarse con la lana. Además, señaló que los lobos, por su astucia, podrían simplemente adaptar su táctica y atacar zonas desprotegidas como las patas o la cabeza.

La verdadera prueba de fuego llegó en mayo de 2026 en el valle de Gail, donde el ganadero Martin Martin accedió a que tres de sus ovejas usaran el dispositivo en un pasto de alta montaña. Schaubach llegó a instalar cámaras para registrar cualquier ofensiva, pero el experimento fue suspendido antes de tiempo. Un veterinario ordenó retirar el blindaje tras una denuncia de la organización Tierschutz Austria, que alertó que la malla limitaba la libertad de movimiento de los animales y ponía en riesgo su vida ante una eventual huida.
Frente a los cuestionamientos, Schaubach aseguró que, durante los ensayos, la oveja pudo echarse y trasladarse con total normalidad, e incluso detalló que el cordero mamó sin ningún tipo de inconveniente. Para Rudolf, la mayoría de las críticas provienen del desconocimiento y de personas que solo vieron una foto del dispositivo. “Nadie se puso en contacto conmigo”, lamentó.
Detrás de este proyecto hay una gran apuesta económica: una inversión de entre 50.000 y 60.000 euros destinados al desarrollo y la patente. Ahora, el objetivo de Schaubach es encontrar un socio industrial para fabricar la red a gran escala.
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