
Instrucción cívica
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En la época en que mi padre iba al colegio se la llamaba Instrucción Cívica. Cuando yo ingresé al secundario se la denominaba Cultura Ciudadana y luego se la bautizó Educación Democrática (nombre absurdo para una materia que se dictaba durante dictaduras). Ahora se la conoce como Formación Etica y Ciudadana. Ya se sabe que no todo lo que se aprende en el colegio queda como cimiento seguro en la mente de un alumnado más proclive a los estallidos hormonales que a la investigación del medio social y político circundante.
La mayoría olvida los tallos y pistilos de la botánica, las isobaras y corrientes submarinas de la geografía o los intrincados teoremas y logaritmos de las matemáticas. Y quedan muy borrosas nociones de historia argentina que casi nunca incluyen la Batalla de Pavón, la Guerra de la Triple Alianza y, menos aún, la Semana Trágica.
Así las cosas, el panorama ya era triste y desolador treinta años atrás, pero la información que daba la educación era la del mejor nivel de lo más granado de la Sorbona o de Yale, si la comparamos con la triste realidad de hoy.
En primer lugar, debemos señalar lo que primero fue deserción escolar, luego desalfabetización y, finalmente, falta total de nociones elementales de convivencia y orfandad absoluta de valores y ejemplos. Hoy ya no asombra que jóvenes y no tan jóvenes no tengan idea de quién fue Nicolás Avellaneda o Esteban Echeverría; eso es normal... Lo que todavía nos hace caer la mandíbula a los de más de 50 es la ignorancia de reglas básicas de comportamiento social y de convivencia más o menos civilizadas.
No es sólo un problema argentino, sino un desastre universal. Estudios serios realizados en Estados Unidos y Europa muestran a las claras el desconocimiento de hechos clave de la historia mundial, barridos por la "actualización, el pragmatismo económico y el consumismo desenfrenado".
Se agrede la naturaleza más por falta de información que por real afán depredatorio. En escuelas de Alemania, algunos alumnos no tienen en claro el papel de Hitler en la historia del siglo XX; para otros, el Muro de Berlín es un recuerdo impreciso. Los norteamericanos jóvenes no conocen su propia historia y quedan patitiesos cuando en algún film documental o en alguna película independiente se muestran atrocidades de la Guerra de Vietnam.
El eterno sonsonete de "olvidemos el pasado, no vivamos atados al rencor, superemos el bajón y ¡adelante!" ha anestesiado la memoria y ha condicionado las conductas de la juventud. Todo es "aquí y ahora". Ni hablar de la juventud francesa, dividida en "inconscientes" y racistas que hacen explotar la estupidez o la violencia en acciones incontrolables. ¿Habrán enseñado suficientemente Instrucción Cívica, Cultura Ciudadana, Educación Democrática o Formación Etica y Ciudadana?
En nuestros "pobres países pobres" tenemos la excusa –lamentable– de que muchísimos niños no pisan una escuela y no tienen acceso a ningún tipo de instrucción. En los países desarrollados, la situación es inaceptable e inexcusable. Los pueblos que no conocen sus leyes (buenas o malas), sus instituciones, su rol activo en la sociedad, sus derechos, sus obligaciones, sus libertades y las libertades de los prójimos, el destino final y tangible de sus impuestos, su Constitución, su Justicia y sus instrumentos legales para no ser atropellados por el patotero de turno, son pueblos destinados al desastre, más allá o más acá de su desarrollo económico, su progreso tecnológico y su poderío armamentista y bélico.
Quien no conoce su historia difícilmente podrá estar orgulloso de ella o ejercer una crítica revisionista positiva con el objetivo de corregir errores y potenciar virtudes.
Hoy, nuestros chicos se enfrentan a un país donde las oportunidades no abundan y a un mundo donde la falta de cordura de las clases gobernantes está llegando a límites insospechados. Más que nunca hay que reforzar la Instrucción Cívica, la Cultura Ciudadana, la Educación Democrática o como se la llame. El nombre es lo de menos. Sólo conociendo de dónde venimos podemos tener futuro. El "eterno olvido" es un verso satánico. La memoria es gracia divina.
* El autor es actor y escritor
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