
ISLA DE PASCUA LA BELLEZA QUE NACIO DE UN VOLCAN
Para encontrarla es preciso desplegar un mapa y buscarla en la inmensidad del océano Pacífico. Sólo así se puede hallar esa remota perla ubicada al sur del trópico de Capricornio
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Lo que en la escala cartográfica o a simple vista parecen sólo diez centímetros, en la práctica se transforman en un abismo de casi 4000 kilómetros (desde la capital chilena) que la convierten en la porción de tierra más aislada del continente de todo el globo terráqueo.
Para llegar a la isla de Pascua, también conocida como Rapa Nui, o Te Pito Te Kura -ombligo del mundo-, hay que disponerse a volar alrededor de unas cinco horas desde Santiago de Chile, a lo que se suman otras dos desde Buenos Aires.
Inmediatamente después de atravesar un infinito colchón de nubes blancas, se levanta esta misteriosa porción insular en forma de un gran triángulo rodeado por una voluminosa masa de agua. El primer contacto con la isla es el Aeropuerto de Matarevi, donde cada llegada del avión revoluciona a sus 2900 habitantes.
El aeropuerto fue construido a mediados de los años 60, y en 1967 se estableció aquí una estación de la NASA para monitorear el paso de los satélites artificiales desde la isla.
El cielo de Rapa Nui es uno de los más límpidos, y así lo demuestran las noches despejadas. Otro detalle coloca a Matarevi en una situación particular: la pista de aterrizaje de la que hablamos está equipada para que puedan aterrizar los transbordadores espaciales norteamericanos.
Erguida sobre una gran plataforma submarina, se estima que esta pequeña isla surgió por la sucesiva emergencia de tres volcanes, situados en cada uno de sus vértices: el Terevaka, el Rano Kau y el Poike. Pero las irregularidades y ondas de su paisaje se deben a que también existen muchos otros volcanes subsidiarios.
Sus casi 180 kilómetros cuadrados albergan sorprendentes paisajes capaces de dejar boquiabierto a cualquier turista dispuesto a explorarlos. Playas, costas rocosas con muchos acantilados, suaves lomajes verdes y amarillos, bosques de eucaliptos, piedras negras, nubes que acarician las cumbres de volcanes extinguidos, praderas semiplanas, tierra rojiza, vientos fuertes y frescos, sol, más nubes, cavernas, caminos y sinuosos senderos e imponentes monumentos hablan por sí mismos.
Aunque es de origen polinesio, la isla pertenece políticamente a Chile y forma parte de la región de Valparaíso. El país trasandino tomó posesión allá por 1888, estableciendo su base más occidental. Con excepción de la zona del único pueblo, casi un 80 por ciento de las tierras pascuenses pertenece al fisco chileno.
Según relata la tradición oral, el ombligo del mundo habría sido descubierto hace mil años por una expedición emprendida por el akiri (rey) Hotu Matúa, desde la lejana Polinesia. El guiaba al pueblo maorí, que huía de un cataclismo ocurrido en la isla Marae en Hiva. Pero según la información arqueológica, la hipótesis más probable dice que el asentamiento ocurrió alrededor de los siglos IV o V d.C.
El descubrimiento de la isla por parte de la cultura occidental ocurrió sólo en 1722, con la llegada del navegante holandés Jacob Roggeveen, que la bautizó isla de Pascua, por haber coincidido su llegada con la festividad religiosa cristiana. Posteriormente, en 1774, James Cook le dio el nombre de Rapa Nui. En 1786 llegó el capitán francés La Perousse, cuyo nombre lleva hoy una bahía al norte de la isla.
Gigantescas y formidables estatuas de piedra que yacen esparcidas a lo largo de las costas y laderas volcánicas convierten a la isla de Pascua en un verdadero museo a cielo abierto. Hoy existe una sostenida actividad arqueológica de investigadores nacionales y extranjeros, y esas áreas han sido declaradas parques nacionales por el Conaf, el organismo estatal chileno.
El patrimonio arqueológico comprende pictografías, petroglifos y arte megalítico, incluyendo las estatuas, llamadas moai, y los ahus, vastos altares ceremoniales sobre los que se emplazaron los moai. También la arquitectura, con casas de planta regular y ovalada, cavernas habitadas como viviendas, crematorios, cajas de laja con cubierta de tierra, y los artefactos en madera, hueso y piedra.
Su capital, Hanga Roa -que en idioma rapa nui significa bahía larga-, es un pequeño caserío que puede ser recorrido a pie en menos de una hora. Allí se ven el puerto, donde grandes y chicos aprenden canotaje -un deporte que hasta hace unos años estaba olvidado-; el balneario Pea (y su postal con los surfistas); el Museo Sebastián Englert, y la iglesia. La mayoría de los pascuenses es católica. También está la feria municipal, y el pequeño universo de la calle principal, Policarpo Toro, que a lo largo de su recorrido presenta pintorescos barcitos con carteles que ofrecen característicos frutos de mar, casas de artesanías de fisonomía similar a las de Puerto Iguazú (pero sin tierra colorada), dos supermercados, la Municipalidad, la escuela y una plaza. Resulta imposible perderse en Hanga Roa.
El Parque Nacional Rapa Nui, creado en 1935, ocupa una superficie de 6666 hectáreas (lo que sería casi un tercio de la isla) y, desde hace tres años, es Patrimonio Mundial, Cultural y Natural para la Unesco.
Para recorrer la isla sólo es necesario subirse a un vehículo y en no más de tres horas se puede hacer una primera exploración, superficial, de los principales puntos.
Rano Raraku es uno de los sitios arqueológicos más importantes de la isla, al noroeste de Hanga Roa. Allí se tallaban los moai; hoy quedan más de 400, pertenecientes a distintos períodos de construcción, entre los que se encuentra el moai más grande: 20,75 m de alto y un peso de 250 toneladas. Todas las esculturas son muy parecidas, excepto una, que en lugar de estar de pie está en cuclillas. Se cree que es uno de los más antiguos. Las estatuas eran esculpidas en Rano Raraku directamente en la montaña, para aprovechar al máximo la piedra. Después se cortaban, se enderezaban, se les daban los últimos toques y se los trasladaba a diversos puntos de la isla.
Sobre la costa norte se encuentran las playas de Anakena y Ovahe, a unos 30 km de Hanga Roa. Nada tienen que envidiarle al paraíso bíblico de Adán y Eva descripto por el Génesis. Aguas turquesa, arenas blancas, lánguidas palmeras y rocas muy oscuras, que en algún momento fueron lava viva.
Según cuenta la leyenda, en Anakena desembarcó la expedición de Hotu Matua. Aquí hay dos ahus totalmente restaurados (ahu Nau-Nau y Ature Huki). A pocos pasos de esta playa aparece la bahía La Perousse, donde se halla el ahu Hekí-í, el más grande que se movilizó desde la fábrica de Rarakue. Además existe una piedra, única en el mundo, perfectamente redonda, a la que los nativos llaman ombligo del mundo. Los guías dicen que es fuente de energía: si se apoya una brújula sobre el ombligo, la aguja comienza a girar enloquecida.
Orongo es la antigua ciudad ceremonial, ubicada en la cumbre del volcán Rano Kau. Allí, hasta hace unos 150 años, se realizaba la ceremonia más importante de la isla, la del hombre pájaro.
Todos los años, en febrero, se realiza la Tapati Rapa Nui, una semana de competencias acuáticas y terrestres, y ceremonias que rememoran los inicios de esta civilización.
El curanto, la comida horneada sobre piedras enterradas, es la especialidad culinaria de la isla. La hacen con pescado, pollo, carne, papas y batatas con cáscara, y la acompañan con ensaladas, una salsa y poe (una especie de budín dulce hecho con harina, zapallo, banbana y batata) que reemplaza al pan. Otra comida tradicional es el tunoahi. Se hace el fuego y se tapa con piedras, se limpia bien el pescado por dentro y se lo arroja a las piedras calientes. Queda como hecho al vapor. Sólo hay que sacarle la piel y está listo para comer.
El tallado de la madera (especialmente el tomiro) y las piedras; el hilado de collares y el tejido de sombreros, son manifestaciones de la artesanía pascuense.
Agenda
Temperatura promedio: 20, 3 ° C.
Idioma: rapa nui y español. Debido al turismo, también se habla bastante en inglés, francés y alemán.
Moneda: dólares americanos y pesos chilenos. Hoteles: la mayoría incluye desayuno y los precios varían entre US$ 40 a 95, single; 70 a 145, doble, y 85 a 165, triple .
La única manera de llegar es por medio de Lan Chile (US$ 710 sin tener en cuenta las tasas de aeropuerto). Salidas desde Buenos Aires: martes, jueves y domingos, con escala en Santiago de Chile. Y desde Pascua, los miércoles, viernes, sábados y lunes. Total de las tasas de aeropuerto: US$ 57,50.
El hombre pájaro y los moai
La elección del tangata manu (hombre pájaro) se realizaba cada primavera y era la gran ceremonia de los primitivos pascuenses. Cada jefe de clan enviaba a su sirviente (hopu) a nadar hasta los islotes ubicados frente a Orongo. Allí había que ser el primero en robarle un huevo al manu tara o gaviotín pascuense. Aunque el autor de la hazaña era el hopu, su amo era declarado ganador de la competencia, y ese jefe de clan era investido como el hombre pájaro del año. Después de raparlo y pintarlo de blanco, se lo bajaba hasta el pueblo en procesión. Concluida la ceremonia, el hombre pájaro vívía en reclusión durante casi un año, en una cueva. Preso, pero contento: lo colmaban de atenciones y hasta podía elegir vírgenes. Ser tangata manu otorgaba al clan poderes y privilegios especiales.
Los moai, el gran símbolo de la isla, son monumentos hechos en un solo bloque de piedras. Eran esculpidos para perpetuar la memoria de los difuntos y se colocaban sobre los ahus, grandes plataformas de piedra. Los cuerpos eran instalados en cámaras funerarias debajo de esas plataformas.
La clásica, pero inevitable, pregunta es: ¿cómo se trasladaban semejantes moles de un lugar a otro? Las teorías son varias, pero la más mítica, y por lo tanto la más sólida en la fe popular, dice que algunos nativos muy especiales de aquel entonces tenían la fuerza del mana (energía y poder sobrenaturales). Eso les daba el poder mágico de trasladar estas enormes moles de piedra desde la ladera volcánica hasta las plataformas ubicadas en las costas.





