
Iván de Pineda
Viajero frecuente, conductor de televisión y radio y ex modelo internacional: anécdotas de un galán que se ganó la fama de intelectual
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Es como uno de esos amigos que pasan buenos datos antes de salir de viaje. Sin guías ni mapas, Iván de Pineda (38) muestra fotos en su notebook. Paisajes increíbles, lugares escondidos, personajes grandiosos o con historias mínimas. No le faltan anécdotas ni ganas de contarlas.
Desde hace más de 20 es viajero frecuente. Primero, como modelo de reconocidas etiquetas internacionales, que lo llevaron a vivir en Nueva York, Londres y París. Y luego como conductor televisivo de Resto del mundo (El Trece), con casi nueve años en el aire. También se probó como actor; en radio conduce 40 Principales y es jurado en Los 8 escalones. Aunque hace tiempo dejó las pasarelas, volvió a darse el gusto de desfilar para Versace en el último Milan Fashion Week. Más datos para su currículum: habla inglés, francés, italiano y portugués.
¿De dónde venís? Es la primera pregunta casi obligada. Y la segunda, claro, ¿cuál es tu próximo viaje? Así Iván cuenta que estuvo en la isla Mauricio y Sudáfrica, y que lo esperan Amsterdam, Amberes, Bruselas, Brujas, Venecia y Verona, para terminar en la Universidad de Bologna. Y lo dice con todo el entusiasmo: "Ya estoy flasheando. Conozco Bologna, probé sus famosas piadinas, su plato tan conocido, y estuve en su estadio de fútbol. Pero me divierte volver".
De todas las ciudades recuerda la bocanada de aire que percibe cuando se abre la puerta del aeropuerto. "La primera sensación es sensorial. Cada país tiene sus olores, sus aires. Empiezo a vivir el país desde que se abre la puerta. Y eso me da una idea de lo que va a venir."
Sabés que tenés la vida deseada por muchos.
La verdad es que es increíble la oportunidad de poder viajar, conocer, interactuar. Esa es una gran escuela. Amo profundamente lo que hago y lo disfruto.
¿Cómo mantenés el asombro?
Creo que todos estos lugares lanzan estímulos tan grandes… En cada viaje hago 50, 60 entrevistas a gente totalmente distinta. Pasás de hablar con el curador de un museo a un tipo que toca música en la calle. Disfruto todo. El viaje, la llegada a un lugar diferente, con costumbres diferentes, y la interacción constante. También lo gastronómico habla mucho del pueblo. Nos dice de dónde venimos, cómo somos, cómo hemos sido criados. Todo, desde la fainá con la pizza.
No viajás como turista, preferís vivir las ciudades.
Sí, conocer un país no sólo es ver el monumento emblemático. Visitar la torre Eiffel no es conocer París, pero sí recorrer los famosos bulevares, los bares, las terrasses de las brasseries. Es lógico querer ver mucho, pero al visitar muchos lugares juntos se ve una sucesión de cosas que luego cuesta recordar. Y lo más preciado de los viajes no sólo es el momento, sino lo que dejan para toda la vida.
¿A qué lugares volverías?
A Edimburgo, para ver el Festival Fringe de teatro callejero, que reúne a los clubes de teatro independiente y de las universidades de Gran Bretaña. Tokio es un lugar increíble, se mueve con un dinamismo tan rápido, hay que ir. En Nueva York y en Londres siempre pasan cosas, siempre hay una nueva muestra de arte. Lo mismo sucede en Buenos Aires.
¿Es tu lugar en el mundo?
Buenos Aires es la ciudad donde me desarrollo, donde tengo parte de mi familia y mis amigos. Mi vida está basada acá (está de novio con Luz Barrantes, "de toda la vida"). Y cuando me tocó vivir afuera siempre volvía, recurrentemente, aunque fuera un par de días.
Igual decís que te cuesta elegir un destino.
Para mí es muy difícil. No los puedo comparar. ¿Cómo comparo Escocia con Tokio, Bélgica con Australia, Praga y Viena? Son maravillosos, pero incomparables. En cada uno de los viajes establezco un lazo sentimental. Soy muy agradecido de lo que me ha ofrecido cada país que he visitado, y de la gente que me dio su tiempo para mostrarme sus culturas, ideas, sueños, realidades. No puedo elegir, pero sí aprendí a rescatar lo positivo, a descubrir lo maravilloso de los países.
En cada uno de sus viajes conoció distintas formas de vivir, de comer y también de dormir. En Tokio se alojó en un hotel cápsula, una especie de nicho con un televisor y una cama. También durmió a la intemperie, en cabinas de refugio en Alaska y en hoteles de superlujo en Nueva York, París, Londres, Dubai. "Mi promedio de viaje es 25 días en Buenos Aires y 20 afuera", dice desde un bar de Recoleta. Lo interrumpen para saludarlo una y otra vez. Empleados del bar, vecinos, transeúntes. Alguien que le pide datos para un futuro viaje. Y él responde, siempre con una sonrisa.
¿Cómo repercuten los viajes en tu vida personal?
Estoy acostumbrado. Durante más de la mitad de mi vida llevé este ritmo, y antes era peor, porque vivía en otros países y mi base no la tenía acá.
Más que costumbre es parte de su vida. Madrileño, llegó con su familia a Buenos Aires cuando tenía 7 años. Y 10 después volvió a subirse a un avión para mudarse al Viejo Continente y probarse en las pasarelas. A los 17 llegó al mundo de la moda por una broma de su tío Alex, que había enviado una foto a una agencia de modelos. Y lo llamaron. Por entonces, Iván cursaba cuarto año en el colegio San Miguel, practicaba deportes (rugby y fútbol) y proyectaba estudiar Derecho.
A los primeros casting fue con el uniforme de colegio, y mientras terminaba el secundario sumaba campañas de marcas locales. Hasta que Versace llegó a la Argentina. Primero lo convocó para un catálogo, y a las pocas semanas recibió un fax con la gran noticia: lo contratarían por un año para ser imagen exclusiva de Versace. También hizo campañas y desfiles para Valentino, Kenzo, Hugo Boss, Moschino, Yves Saint Laurent, y hasta participó en un video de los Pet Shop Boys. Trabajando para Gucci conoció a Franco Musso, que años después creó la famosa dupla Val-Musso con su mujer, Luciana Val, autores de las fotografías que acompañan esta nota.
Recuerda los consejos de su madre antes de irse, cada momento en Ezeiza, los olores del avión y hasta la persona que se sentaba a su lado. "Y ahí automáticamente estaba en Milán, con desfiles y todo. Es increíble cómo influyó la educación que recibí en mi casa, basada en el respeto, en tratar de hacer las cosas bien, en equivocarse pero con provecho, que sirva. Donde teníamos libertad, pero bien entendida. Donde supieron incentivarme con mis gustos, en mi caso con la lectura", dice, como en una declaración de principios.
¿Sentías incertidumbre?
Sentía que venía algo nuevo, diferente. De repente estás tomando un vuelo en Ezeiza, solo, en épocas sin mails ni celulares (faltaban un par de años largos para ese advenimiento tecnológico). Y veo a mi mamá que me saluda y me dice: "Cuidate, disfrutá, pero aprovechá. Y, sobre todo, sé vos mismo."
Conociste a las supermodelos.
Claro, Además de lo divertido que me resultaba todo, cuando entraba en un backstage estaban Naomi Campbell, Eva Herzigova, Helena Christensen, y vos estas ahí, recién salido del colegio, cuando unos días atrás estabas con el uniforme, haciendo fila, o en la clase de química.
También eran famosas las fiestas de esa época.
Siempre tuve un approach bastante ingenuo con las fiestas o desapegado, en un sentido de pasarla bien y divertirme, pero como un espectador curioso. Las fiestas me enganchaban, pero no lo tomé como mi vida. Estaba trabajando también. Y eso siempre hay que tenerlo en cuenta. Era un trabajo, y aunque no estás salvando vidas ni haciendo algo académico, tiene su nivel de importancia y de responsabilidad. Era una herramienta que podía usar para aprender, viajar, interactuar, conocer idiomas y lugares maravillosos.
¿Volverías a elegir el mundo de la moda?
En mi caso fue totalmente azaroso, como algunos factores aleatorios de la vida que se alinearon para que yo terminara trabajando durante años en el mundo de la moda. Si hubiera sido por elección propia, no habría trabajado ahí. Fue la reacción natural que tuve a las circunstancias que se fueron dando.
Hiperkinético por naturaleza y memorioso. Dos características ideales para lucirse como conductor de Resto del mundo y Los 8 escalones. "Soy un dínamo que trato de generar mi propia energía. Me parece que está bueno en este mundo, que va tan rápido, estar al tanto de las cosas que pasan e informado, sobre todo cuando llegás a un país y entrevistás a tanta gente. Tenés que conocer muchos aspectos que tienen que ver con la cultura de cada uno de los países, porque no podés caer como un paracaidista."
Y tenés una memoria prodigiosa.
Me parece muy importante poder acordarme de todo. Presto atención a las cosas. Antes no sacaba fotos, recordaba todo. Para mí los recuerdos son imágenes.
En Los 8 escalones, ¿tenés miedo de confundirte?
Me he confundido y es lógico. A mí no me gusta ni la pompa ni la circunstancia, no me siento cómodo en ese lugar. Y menos tomar lugares que no me corresponden. Hay gente que sabe muchísimo, que estudia, genera cambios importantes en nuestra sociedad. Los profesores, maestros, médicos, científicos, ellos son los que saben.
¿Qué hacés cuando estás de vacaciones?
Trato de quedarme quietito (se ríe). De disfrutar mi casa, caminar por Buenos Aires, Amo caminar. También cuando estoy de viaje camino un promedio de 18 kilómetros por día. Y lo sé gracias a la tecnología y a una app que me bajé en el celular.
Cuando viajás, ¿qué llevás en la valija?
Soy muy sucinto para armarla, más que nada porque no me gusta despachar el equipaje.
¿Y qué recuerdos traés?
Traigo todo lo que me llame la atención. No voy con una idea previa. Prefiero siempre volver con algo característico de ese lugar. Puede ser una moneda, un sello, un recuerdo. De Marruecos me traje un juego de doce vasos de té en diferentes colores. De Armenia, unas pequeñas cruces hechas en piedra que tienen que ver con los Jachkar. De Japón tengo muchas cosas, pero mi primer recuerdo fue un origami enmarcado, y del Tíbet, malas (rosarios tibetanos). Son cosas que me remiten a un momento, a un lugar y a un tiempo que no se vuelve a repetir.
¿Messi o Maradona? Incorrecto, cuando viaja reconocen a la Argentina por muchas más personalidades. "En Denver me pasó algo maravilloso. En la fachada de la biblioteca estatal me llamó la atención una placa con una frase de Borges: Siempre imaginé el paraíso como una gran biblioteca. Eso es lo que te sorprende. Y te enterás de que en la NASA hay un argentino trabajando, y otro en la partícula de Dios. También en el deporte, el fútbol, el básquet. Hay grandes representantes de nuestro país, y personas que pueden resultar ignotas para el común denominador de la gente, pero son importantes, respetables. Son los embajadores desconocidos de la Argentina que hacen quedar muy bien al país."






