Revista Jardin

Cómo transformar tu jardín en un restaurante para mariposas

Cultivar especies que atraen a las mariposas, tanto para alimentarse como para darle un hogar a sus crías, es la clave para tenerlas en el jardín. Te contamos cómo lograrlo.

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Hasta un pequeño jardín puede llenarse de mariposas. La clave es cubrirlo con las especies que las atraen. Pero, ¿cómo lograrlo?

Una mariposa del género Badecla, pequeña, sobre una zinnia
Una mariposa del género Badecla, pequeña, sobre una zinniaFlorencia Cesio (Archivo) - Jardín

Un llamado de atención para las mariposas es plantar especies muy atractivas por su néctar.

Las flores de zinias, budlejas y lantanas, entre muchas otras plantas, asegurarán su llegada. El néctar es el alimento esencial y universal de las adultas y las plantas lo producen para recompensar el trabajo de polinización.

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Si se quiere ir más lejos, hay que plantar las llamadas plantas hospedantes o nutricias. Son las plantas sobre las cuales las mariposas ponen huevos para que, cuando nazcan, las larvas tengan su alimento en abundancia. Las plantas nutricias son bastante específicas.

La “frotadora” (Strymon eurytulus) es una pequeña mariposa de 2 o 3 cm, bonita y común, pero debido a su tamaño hay que estar atento para verla. En este caso está posada sobre una flor de Gomphrena globosa blanca
La “frotadora” (Strymon eurytulus) es una pequeña mariposa de 2 o 3 cm, bonita y común, pero debido a su tamaño hay que estar atento para verla. En este caso está posada sobre una flor de Gomphrena globosa blancaFlorencia Cesio (Archivo) - Jardín

Por ejemplo, si hay plantas de Passiflora caerulea llegarán, entre otras, las mariposas espejitos a depositar a su prole; si plantamos alguna especie de Asclepia, estaremos invitando a las monarcas, por hablar de los ejemplos más comunes y exitosos.

Plantar para proveer un suculento alimento para mariposas en todos sus estadios es la fórmula del éxito para conseguir que se instalen en el jardín.

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En general las mariposas son bastante territoriales y, si encuentran lo que necesitan en un solo sitio, no se van muy lejos.

Izquierda: Una mariposa “espejitos” (Agraulis vanillae) se aferra a las flores de la nativa Calibrachoa. Derecha: Una “lechera común” (Tatochila autodice) hembra
Izquierda: Una mariposa “espejitos” (Agraulis vanillae) se aferra a las flores de la nativa Calibrachoa. Derecha: Una “lechera común” (Tatochila autodice) hembraFlorencia Cesio (Archivo) - Jardín

Lo que hay que tener en cuenta es que, por más atractivas como ornamentales que sean las plantas nutricias, se verán deslucidas y quizás sacrificadas por el ataque voraz de las orugas.

En estos jardines es importante no utilizar insecticidas de amplio espectro

Izquierda: Una mariposa “acróbata rojiza” (Emesis russula) se posa sobre una coqueta. Derecha: Una “isoca de la alfalfa” (Colias lesbias) macho liba las flores de Ceratostigma plumbaginoides que aparecen entre el fin del verano y el otoño.
Izquierda: Una mariposa “acróbata rojiza” (Emesis russula) se posa sobre una coqueta. Derecha: Una “isoca de la alfalfa” (Colias lesbias) macho liba las flores de Ceratostigma plumbaginoides que aparecen entre el fin del verano y el otoño.Florencia Cesio (Archivo) - Jardín

El ciclo

Luego de unos días desde que la mariposa adulta desovó, eclosionan las orugas, listas para comer las hojas sobre las que están paradas.

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Puestas a comer incansablemente, van creciendo a ritmo vertiginoso, multiplican su tamaño rápidamente y cada tanto deben mudar la epidermis que las aprisiona para seguir creciendo. Esto ocurre unas 4 o 5 veces en el ciclo.

En determinado momento, cuando alcanzan la madurez, las orugas dejan de comer y deambulan buscando instintivamente un lugar reparado para iniciar su desarrollo adulto.

Elegirán el envés de una hoja, el rincón de una pared reparada por plantas u otros sitios ocultos.

Ésta es la fase de pupa o crisálida, donde no se alimentan, se envuelven en un “estuche protector” y entran en el estadio donde se producen cambios que parecen de fantasía, donde los tejidos se licúan y transforman.

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Izquierda: Una mariposa monarca recién nacida nos permite acercarnos y ver la perfección de sus alas cubiertas por hileras de escamas de quitina que actúan como termorreguladores. Derecha: Una pupa de mariposa monarca, verde con una línea de suntuoso dorado.
Izquierda: Una mariposa monarca recién nacida nos permite acercarnos y ver la perfección de sus alas cubiertas por hileras de escamas de quitina que actúan como termorreguladores. Derecha: Una pupa de mariposa monarca, verde con una línea de suntuoso dorado.Florencia Cesio (Archivo) - Jardín

El “estuche” donde se opera la metamorfosis puede ser producido enteramente por las larvas o tener complementos externos, por ejemplo un envoltorio de hojas para camuflarse con el entorno.

Necesariamente las pupas no pueden estar muy visibles. Indefensas, sólo les queda esconderse. Por eso encontrarlas es siempre una sorpresa.

Llegado el día del nacimiento, luego de la transformación, generalmente temprano por la mañana, las mariposas rompen el envoltorio y despliegan las alas que todavía no son firmes.

Mientras la queratina que sostiene la forma de la mariposa termina de solidificarse, no hay que perturbarlas y menos tocarlas, es un momento crítico que dura cerca de una hora.

Se ha producido la transformación: de insectos con fuertes mandíbulas que se alimentan de hojas casi constantemente, pasan a tener fundamentalmente una alimentación a base de néctar y son etéreas, aladas.

Para poder succionar su nuevo menú, cuentan con una espiritrompa que es como un largo sorbete que enrollan en condiciones de reposo o vuelo y desenrollan para libar. Ya pueden salir a sobrevolar el jardín.

Plantas nutricias

Asclepia
AsclepiaArchivo Jardín

Algunas plantas son nutricias para las mariposas, las que se convierten en nurseries de sus orugas. Entre éstas son muy convocantes las pasifloras nativas, que nacen solas en los jardines cuando los pájaros transportan sus semillas. Basta con dejarles un lugar, son hospedadoras o nutricias de varias atractivas mariposas.

Las plantas del género Asclepias son nutricias de las monarcas. Hay varias nativas, como Asclepias mellodora (de flores blancas) y naturalizadas como A. curassavica, la bandera española.

Son fáciles de reproducir por semillas. También desovan varias especies sobre las aristoloquias, así como sobre los talas (Celtis tala, ahora Celtis ehrenbergiana).

Las orugas de la Morpho epistrophus argentinus, la mariposa bandera argentina, se alimentan del coronillo (Scutia buxifolia). Es una mariposa gregaria y muy llamativa, tanto en su estado adulto con sus grandes alas celestes, como en su fase de oruga con rayas rojas, negras y blancas.

La lista de plantas nutricias es extensa: los limoneros y otras rutáceas, las achiras, algunas asteráceas, como la chilca de olor (Austroeupatorium inulifolium) que cobijan a las perezosas (Actinote pellenea), el llantén (Plantago spp.), entre otras.