
Jardines
En Paisajistas argentinos , el último libro de Ediciones Jardín, se pueden ver ideas sobre espacios verdes, realizadas por paisajistas argentinos. Una mirada sobre lo mejor del diseño contemporáneo nacional
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¿Puede hablarse de un estilo argentino? Es un término vasto, difícil de precisar cuando de paisajismo se trata. Pero es a través de la observación de los tantos jardines diseñados por profesionales que podemos intentar una definición. Habrá, entonces, puntos en común y diferencias fundamentales que nos permitirán comprender qué están haciendo nuestros paisajistas hoy en día. Podremos, tal vez, descubrir qué miran, qué buscan transmitir, qué lugar le dan al paisaje y su natural expresión.
La difícil tarea del paisajista es interpretar los deseos y necesidades del cliente, y adecuarlos a las condiciones del espacio exterior. Las premisas: que sea bello, funcional y en armonía con el entorno. Además, considerar que la materia prima es material vivo, en constante cambio. El bagaje de las diferentes corrientes culturales que fueron conformando la historia del diseño del paisaje no es dato menor. Durante muchos años importamos estilos y corrientes estéticas, y repetimos modelos exactos de plantación y de proyección de un jardín.
Pero las variaciones son inevitables y hoy -como en muchas ramas del arte- lo autóctono está prevaleciendo. Si el entorno lo demanda, se rescatan esas especies antes ignoradas que, sumadas a nuestra arquitectura y costumbres, van delineando un estilo más vernáculo.
Este libro se despliega como una colección de grandes y pequeños jardines, parques de estancias y chacras; incluso algunos paisajistas revelan sus propios hogares. La Pampa, Río Negro, Neuquén, distintos puntos de la provincia de Buenos Aires y también de nuestro vecino Uruguay son los escenarios naturales. "Las imágenes pueden valorarse porque suministran información, pero también pretenden no limitarse a copiar la naturaleza o la intervención del paisajista, sino a sorprender, hacer significar y dar ganas de hacer", amplía la fotógrafa Angela Copello en su prólogo.
A través de los diferentes estilos de los trabajos es que podrá rescatarse la premisa máxima del paisajista: saber mirar. El resultado puede responder a modas o tendencias, pero es la creación original de quien lo proyectó. El valor reside en saber sacar lo mejor de cada lugar, y nuestros profesionales paisajistas saben hacerlo bien. "El jardín es un arte mutable y muy frágil -define Dorotea Schultz en la página que precede al resto del libro-. Diseñar un jardín es crear un espacio que logre conmover, donde la naturaleza encuentre una morada y un aliado."






