
Jay-Z y Kanye West, los multimillonarios del rap
Uno es un empresario súper exitoso, el otro sueña con ser presidente de los EE.UU. Cómo la música los llevó a cumplir con creces el sueño americano
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¿Tendrá Estados Unidos otro presidente negro? Podría ocurrir si los planes del inefable Kanye West se concretan, si lo que dijo hace unos días en la entrega de los MTV Video Awards no es apenas una de sus tantas boutades, si no se trata de una nueva operación de prensa de este artista talentoso, bocón y provocador nacido en Atlanta, Georgia, y dueño de una cuenta bancaria millonaria. En el exótico speech retransmitido por canales de TV de todo el planeta, Kanye habló del odio y los prejuicios de sus numerosos enemigos, de la importancia del arte, de la necesidad de las ideas y de la volatilidad de la fama. Pero además aseguró que planea presentarse como candidato a la presidencia de su país en 2020. Y hasta la célebre revista Time reprodujo el discurso completo.
De llegar a la Casa Blanca, Kanye West se transformaría en un ejemplo vivo del mentado sueño americano. Pero su caso no es el único en el agitado mundo del rap. Jay-Z, otro afroamericano con largos pergaminos en el género, también ha perseguido ese sueño con resultados efectivos. Nacidos en entornos desfavorables, pertenecientes a la comunidad afroamericana de los Estados Unidos, siempre atizada por inconvenientes relacionados con la discriminación, que en la actualidad han reverdecido con particular virulencia, estos dos artistas han logrado, gracias a su talento, imaginación e iniciativa, convertirse en súper estrellas. Y también en megamillonarios que no tienen mucho que envidiar a los más ricos de su país, esos que terminan tomando decisiones claves en lo más alto del poder del Estado que todavía conserva su estatus de potencia determinante en el mundo (Donald Trump es el último emergente de esta salvaje cultura del poder).
Son dos de las figuras más relevantes y exitosas de la historia del hip hop. Jay-Z debutó con uno de los discos más importantes del género en los 90, Reasonable Doubt (1996), grabó una obra maestra cuyo lanzamiento coincidió con el atentado contra las Torres Gemelas, The Blueprint (2001), donde participa Kanye West, y editó seis años más tarde American Gangster (2007), inspirado por una película de Ridley Scott y también por los señalamientos que él mismo recibió luego de ser acusado de apuñalar a un productor que supuestamente pirateó material suyo inédito. Tiene 45 años, ha vendido más de 75 millones de discos y su fortuna alcanza los 1000 millones de dólares, según la revista Forbes. Kanye West tiene menos dinero que Jay-Z (su fortuna apenas alcanza los 100 millones), pero ha logrado posicionar tres de sus seis discos en el número uno de los charts de los Estados Unidos. Egocéntrico y adicto a la vida mediática, tiene 37años y una carrera ejemplar que equilibra riesgo e inventiva con punch comercial. Juntos, estos dos artistas y personajes descomunales grabaron Watch the Throne (2010), una obra maestra difícil de discutir.
El excéntrico Kanye

Este año, Kanye West fue primero noticia por haber grabado Only One, una canción sencilla pero muy bonita, con el legendario Paul McCartney, a quien buena parte de los fans del rapero no conocían, como quedó claro por los comentarios en las redes sociales. Pero Kanye, mimado por la crítica y también hombre fuerte de la industria, no siempre aparece en los medios por sus dotes como artista. Para citar un ejemplo, basta con la novedad del último fin de año, cuando medios de todo el planeta revelaron que él y su mujer, la explosiva y también millonaria modelo Kim Kardashian, le regalaron a su pequeña hija, North, una casa de muñecas con baño de mármol y detalles de oro valuada en 55.000 dólares. Las excentricidades del promocionado matrimonio son muchas. Hace poco, West compró la mansión de 1400 metros cuadrados en Hidden Hills, California, que había sido propiedad de Lisa Marie Presley, la hija de Elvis y Priscilla. Pagó 20 millones de dólares y se mudó con su hijita y su esposa, cuya fortuna, combinada con la de la súper estrella del hip hop, supera los 150 millones de dólares. Los negocios de West no están exentos de escándalos. Tiene un contrato de diez millones de dólares con Adidas, después de dar por finalizada, en medio de mutuos reproches públicos, su relación comercial con Nike. El músico aseguró a la prensa que Nike nunca le ofreció un precio decente por los derechos de autor de las zapatillas Air Yeezy que creó para la marca. En medio de esa discusión, Kanye declaró que le gustaría ser director creativo de la popular tienda Gap e hizo otro anuncio rimbombante cuando compró diez sucursales de Burger King (algunas en Estados Unidos, otras en el Reino Unido, Francia e Italia) para regalárselas a su esposa. "A Kanye le encanta jugar con el factor sorpresa. Pero pocos esperaban que saliera con este regalo tan original para demostrar su amor por Kim –publicó el diario británico Daily Star–. Tiene bastante sentido, porque Kim ya tiene todas las joyas y vestidos que una chica podría desear. Es mucho más sensato ayudarla a expandir sus negocios en un sector muy lucrativo. Además, Kanye siempre ha tratado de apartar a su mujer del universo televisivo."
2015 había arrancado con inversiones: West y Kardashian gastaron 3 millones de dólares para ampliar su casita en Hidden Hills, que tiene apenas ocho habitaciones y diez baños. Compraron una propiedad vecina con la idea de construir un parque de juegos, una sala de cine y un spa exclusivos para su hija. También está proyectada una cancha de básquetbol con las medidas profesionales. Después de estos gastos y de los que exigió el extravagante casamiento llevado a cabo el año pasado en el castillo del siglo XVII Forte Belvedere de Florencia, la pareja deberá aguzar el ingenio para inventar nuevos negocios. Por lo pronto, si alguien pretende que Kim asista a algún evento debe pagar el módico precio que fijó su marido: 750 mil dólares.
Jay-Z y sus burbujas

No es casualidad que Jay-Z tenga entre sus buenos amigos a Warren Buffett. Hay fotos que lo demuestran, como las que inmortalizaron al rapero tomando de la corbata al poderoso octogenario en la fiesta de reapertura del 40/40, el club que regentea en Nueva York. Tanto Jay-Z como Buffett saben mucho de negocios y están comprometidos con la filantropía. Hasta hay una portada de la revista Forbes con ellos dos en 2010. Pero hoy Jay-Z ya puede ocupar por derecho propio los lugares que son comunes desde hace rato para el experimentado empresario textil que tiene en su cuenta bancaria nada menos que 74.000 millones de dólares. En 2013, el rapero de Brooklyn fue incluido en la lista de cien personas más influyentes del planeta de la revista Time, con compañeritos como el diseñador de indumentaria Michael Kors, el confundador de Pay-Pal Elon Musk, el basquetbolista LeBron James y la directora operativa de Facebook, Sheryl Sandberg.
Casado con Beyoncé, otra superstar, Jay-Z –admirador de Steve Jobs y de su filosofía empresarial– ha sabido diversificar sus negocios y muestra cada vez que puede su enorme poder de fuego. Dos ejemplos recientes: propietario de la marca de champán Armand de Brignac, acaba de anunciar el lanzamiento de otro aún más sofisticado, el Ace of Spades Blanc Des Noirs, del que se harán sólo 3000 botellas que costarán 680 euros cada una; hace unos días se unió por primera vez a la red social Instagram para publicar una foto de 2001 donde aparece junto con Michael Jackson y logró que su cuenta ganara 100 mil seguidores, pero la dio de baja casi de inmediato (a propósito: la cuenta más popular de Instagram es la de su esposa, Beyoncé, con 40 millones de seguidores, y la segunda es la de… ¡Kim Kardashian!).
Su historial en los negocios es frondoso: en 1996 fundó junto con su amigo Damon Dash el sello Roc-A-Fella Records, con el que editó sus primeros discos y fichó a Kanye West. Más tarde vendió el sello a Def Jam Records, que lo nombró CEO de la compañía, y fue responsable del lanzamiento de figuras como Rihanna y Ne-Yo. Creó una línea de ropa, Rocawear, que genera más de 700 millones de dólares al año y cuyos derechos de fabricación vendió en 204 millones de dólares, manteniendo su cargo como CEO y principal creativo de la marca. En 2003 abrió el 40/40 Club, sport bar elegante para el jet set neoyorquino, con sucursales en Atlantic City, Chicago, Tokio y Singapur. Después se involucró en uno de sus pasatiempos favoritos, el básquet, y compró la franquicia de los Nets, que luego de jugar treinta y cinco años en New Jersey se mudaron a Brooklyn, pasaron a llamarse Brooklyn Nets, modificaron los colores de su camiseta y rediseñaron su logo. Luego abrió su propia agencia, Roc Nation Sports, dedicada a negociar contratos y publicidad de deportistas. Su olfato para los negocios hizo que Zack O'Malley Greenburg, periodista de Forbes, le dedicara un libro al tema: Empire State of Mind: How Jay-Z Went from Street Corner to Corner Office, que cuenta la historia de este artista talentoso y polifacético que pasó de traficar droga en su barrio a convertirse en empresario superexitoso. En aquel número de Time donde aparecía muy bien ubicado en la lista de los cien más influyentes, fue el empresario Michael Bloomberg quien escribió el perfil de Jay-Z: "La de él es una gran historia de un chico que se cría en una vivienda pública de un barrio marginal, supera las malas influencias de la calle, nunca deja escapar su sueño, llega a lo más alto y sigue avanzando", resumió el ex alcalde de Nueva York.
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