
Julia Zenko y Cecilia Milone: Mujeres que cantan tangos
Dos de las buenas voces femeninas de la música popular- no abundan en estos días- se conocen en esta nota, descubren inesperadas coincidencias y hablan sobre este destino inevitable que es el tango, más allá de cuál haya sido el punto de partida
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No se conocían personalmente hasta el momento en que la Revista las invitó a este diálogo. Bromean, al principio, tal vez para establecer lazos de confianza, hablando del Zodíaco. Julia Zenko se presenta como escorpiana y poco tarda en enterarse de que Milone es de Piscis. Todo bien. Julia Zenko ensaya un papel en la ópera de Alejandro Dolina, Lo que me costó el amor de Laura, que se presentará en el Avenida. La agenda cercana de Julia incluyó un viaje a los Estados Unidos para cantar tres tangos en un importante festival de jazz en Nueva York y, a los pocos días, otro traslado, esta vez a Europa, para realizar siete funciones en Austria y Francia, donde es muy conocida por su trabajo en la ópera de Piazzolla y Ferrer María de Buenos Aires. La actual demanda laboral de Cecilia no le permitirá ausentarse demasiado, porque seguirá ligada, como atracción especial, al elenco de Lo que el turco se llevó, en el teatro Astral, y trajinará en favor de la difusión de su primer disco, Besos brujos, que ya superó las cinco mil placas de venta desde el verano. La charla y la sesión fotográfica se realizaron en el teatro Margarita Xirgu.
-¿Qué sabían la una de la otra?
Cecilia Milone: -Me acuerdo que vi un espectáculo de Juan Carlos Mesa en donde Julia cantaba la propaganda de Aerolíneas. Y ahí me dije: Claro, tenía que ser, era un jingle interpretado por una gran cantante.
Julia Zenko: -Si bien nunca fui gran aficionada a las comedias musicales de Pepito Cibrián, era muy común escuchar los excelentes comentarios sobre una tal Cecilia Milone. Ella es una persona vista y considerada en el ambiente, y también en mi casa.
-¿Hubo gente del espectáculo en sus familias?
JZ: -Mi abuelo paterno, al que no conocí, cantaba en templos judíos.
CM: -Mirá qué coincidencia, también tuve un abuelo actor aficionado.
JZ: -Paulina, mi mamá, cantaba como los dioses y en las fiestas hacía reír a todo el mundo. Ella vive, es divina.
-Cecilia tiene en su carrera a Drácula como piedra fundamental. En tu trayectoria, ¿es igualmente fundamental María de Buenos Aires?
JZ: -Drácula fue un éxito impresionante y, en cambio, yo nunca fui parte de un gran éxito. Ni fui una gran vendedora de discos ni formé en las filas de algo espectacular. La operita fue una especie de llave, me abrió una puerta internacional, pero aquí no interesa que la haga. Por ejemplo, mi viejo y mi vieja no pueden ver en el país María de Buenos Aires.
CM: -Es cierto. Drácula fue mi presentación en sociedad, me abrió la puerta.
-¿Cómo eran en la clase de canto y música en sus escuelas?
JZ: -Cuando iba a la escuela Albert Einstein formaba parte del coro, pero sólo en séptimo grado hubo coincidencia entre la señorita Sarita y mis compañeros sobre que yo cantaba bien y que debía ocupar el primer lugar en la fila de los que cantaban.
CM: -Y te sentiste una reina...
JZ: -Claro, porque yo era muy introvertida y la música me ayudó a quitarme complejos. Ya después, en la secundaria, agarré la guitarra y no la solté más. No había fiesta en la que no cantara.
CM: -La mía es una historia parecida: escuela primaria, coro, y en sexto grado, solista, luego de ser elegida por una maestra, la señorita Adelina. En realidad quería ser actriz, estudiaba teatro con María Vaner, y veía al canto como complemento.
JZ: -Yo también quería ser actriz, estudié con Agustín Alezzo.
-¿Cantaron ante multitudes canciones patrias?
CM: -En alguna ocasión, la Marcha de San Lorenzo.
JZ: -Una vez, con Lito Vitale, inauguramos un festival de Cosquín cantando el Himno. Y después, varias veces, entoné canciones patrias, en el programa de Mariano Grondona.
-Lo de Cecilia como actriz lo tengo más claro y más fresco. ¿Vos llegaste a actuar ?
JZ: -Hice con el Teatro Popular de la Ciudad, donde estaban Virginia Lago y Onofre Lovero, las partes cantadas de una obra que se llamaba Bertolt Brecht en cámara; después participé en la comedia musical Sin compasión y también trabajé en programas de humor, con Juan Carlos Mesa.
-Me da la sensación de que el tango puede ser una meta, pero también una imposición. ¿Es éste el caso de ustedes?
JZ: -Para mí no fue así. Hace unos cinco años alguien me había avisado: Mirá que el tango se viene con todo, grabemos algo de tango. Y yo dije que no, porque no tenía ganas. Ya había grabado tangos, pero empecé a ver y sentir definitivamente el tango adentro mío a partir de la grabación de María de Buenos Aires: los mundos de Piazzolla y de Ferrer fueron decisivos, me acercaron al tango. Por eso digo que llegué de un modo natural.
CM: -En mi caso, lo que escuchaba desde chica era el tango. Yo agarraba los tangos que había en casa y me los ponía en el grabador para escucharlos a solas. Por suerte, estaba en una casa de buen gusto musical, con un abuelo fanático de Gardel, con un papá que amaba a Gershwin y a Cole Porter y al jazz.
-¿Podrían hacer una diferenciación entre las antiguas mujeres y las nuevas mujeres del tango, categoría esta última en la que ustedes deberían estar incluidas?
JZ: -Lo más antiguo que recuerdo es algo que todavía hoy me impresiona: fui con mi mamá y con mi papá al auditórium de una radio para ver cantar en vivo a Virginia Luque. Por esa edad, también me encantaba el estilo de Alba Solís. ¿Te das cuenta? Estoy hablando de cantantes con una garra y con una personalidad importantes. Si tuviera que compararme con las de antes o con las de ahora, me engancho con las que al cantar demostraban que les daba placer. Para mí, ésa es la mayor virtud. De las intérpretes de hoy elijo a Amelita Baltar, porque creyó en algo distinto, se mandó y rompió lo tradicional. Amelita siempre me hizo vibrar.
-Alguna vez escuché que a vos te decían la Barbra Streisand argentina...
JZ: -¿Lo decís por esto...? (se señala la nariz.)
-(...)
CM: -¿Qué tenían las mujeres del tango, antes y hoy? Una personalidad bien definida, de Libertad Lamarque a Adriana Varela, pasando por muchas y por Julia y por mí también. Mujeres aguerridas que se hacen cargo de todo, hasta de su parte masculina. Yo, allá donde voy, hago de Cecilia Milone, pero pisando los escenarios me siento deudora de Olinda Bozán, Norma Aleandro, Nati Mistral, Julia Zenko, uf, de tanta gente...
JZ: -En su nacimiento, el tango era un canto sólo de hombres.
CM: -Hay que volver a discutir, a pelear y a ganar ese terreno.
-¿No está ganado ya por las mujeres?
CM: -Aunque muchos, como vos (y qué contenta que me pone eso), piensen que está ganado, genéticamente hay que volver a ganarlo.
-¿Cualquiera puede cantar tangos?
CM: -¿Quién es una para decir quién puede cantar y quién no?
JZ: -Toda la gente tendría que cantar, aunque cante mal, porque es muy curativo, es una expresión de libertad interna.
CM: -Para mí, el canto es una compañía.
JZ: -Mientras haya lugar, cantemos todos. Dale, que yo quiero seguir trabajando.
-¿De qué personajes femeninos del tango no se podrían haber hecho amigas?
JZ: -Yo no hubiera sido amiga (N. del R.: lo dice cantando) de Mery, Peggy, Betty y Yuli, rubias de New York.
CM: -Yo nunca la entendí a Grisel, porque lo que hace es feo... El tipo le termina reclamando "y hoy que vivo enloquecido porque no te olvidé, ni te acuerdas de mí, Grisel". (N. del R.: también lo dice cantando). En realidad no se anima a decirle: "No es que no me acuerde. Me estoy haciendo la que no me acuerdo. ¿No ves que me lastimás, gil?"
-A propósito: ¿podrían mencionar un gil del tango?
CM: -El más gil es el que se quedó pagando el tapado de armiño de la cretina que lo había dejado, y para cumplir con los pagos se quedó sin fumar. Y el que no es ningún gil es el de Haragán, que la hace trabajar a ella.
JZ: -Claro, es un desgraciado. Encontré muchas letras de tangos en las que los desengaños amorosos, los abandonos, me parecen haber sido sacados de mi propia historia. Temas casi autobiográficos, como Cuando tú no estás o Como dos extraños. A mí me pasa siempre con Balada para un loco, donde me vuelvo un poco loca, lo que me permite cantarlo de un modo absolutamente personal.
-¿Se sorprendieron rechazando la posibilidad de cantar un tango, diciendo no, esto no es para mí?
JZ: -A mí no me van los tangos reos. Tampoco me siento cómoda cantando en lunfardo. Me cuesta mucho. Hay un tango, Cambalache, que me encanta, pero que, a la vez, me angustia por partes tan derrotistas como la que afirma que el mundo fue y será una porquería. No puedo cantarlo, me amarga la vida. Yo no quiero sufrir, elijo subirme a un escenario para disfrutar.
CM: -A mí sí me van los reos, aunque no sé si es lo que más me gusta o me conmueve. Prefiero los tangos, digamos, románticos. Aunque como el disco también trae boleros con muy buenas letras, tuve que elegir una clase de tangos para que no desentonaran.
-Dentro del mundo tanguero, ¿a qué mirada le temen más? ¿A la de los hombres tradicionales del tango o a la de las mujeres?
JZ: -Yo no le tengo miedo a nadie. Canto hace muchos años y no me metí en el tango para sacarle el trabajo a nadie o para competir tontamente, sino porque me da un enorme placer. El tango, primero, me emociona y después, casualmente, me da trabajo. De los tangueros siento que pude haber caído en la volteada de aquellos que todavía discuten a Astor Piazzolla, y como yo canto tantas cosas de él... Pero la peor mala onda provino de los críticos. Hace poco un periodista fue a ver uno de mis espectáculos y publicó que estaba todo muy bien, casi perfecto, pero que me faltaba mugre...
CM: -Por suerte, miedo no es una palabra que use demasiado. Además todo lo hago con mucho respeto por el tango y por los tangueros.
-¿Qué es la mugre en tango?
JZ: -Es una forma muy propia de los tangueros, o al menos de los que creen que condiciones imprescindibles para cantar tangos deben ser fumar en exceso, lo que inevitablemente te romperá la voz; chupar; drogarte; transpirar sangre. ¡Por favor! Ojalá nunca llegue a tener la voz destruida...
CM: -Es una tontería. ¿Dónde podríamos descubrir la mugre en la voz de Gardel?
JZ: -...o la mugre en Angel Vargas, en Alberto Marino...
CM: -...o en la extraordinaria y clarísima voz de Goyeneche al principio de su carrera. Igual, volviendo a los comentarios, siempre hay cosas buenas y malas, pero lo que más me interesa es lo que diga el público, que es el que compra los discos.
JZ: -Eso es cierto. Pero también existen algunos halagos importantes, como el que me hizo don Enrique Cadícamo de una versión de Nostalgias que grabé. O las cosas lindas que me dijeron Horacio Ferrer y Mercedes Sosa.
-¿A cuál consideran un tango muy representativo del país?
CM: -Uno, porque canta la justa de este país: te exige una lucha enorme y cruel y si estás empecinada con lo tuyo, si tenés fe, te exige sangre...
JZ: -Cambalache es un tango muy característico.
-Pero si hace un ratito dijiste que no lo podías soportar...
JZ: -No lo puedo cantar, pero eso no quita que no pueda considerarlo representativo.
-¿Escriben?
CM: -Yo... escriboteo. Viste, como los que dicen yo no toco el piano, lo toqueteo. Yo escriboteo cosas, para desarrollar algo que me gusta y para comunicarme conmigo. A veces salen cosas bastante lindas y divertidas.
JZ: -A mí no me sale, no tengo temas propios, pero soy feliz con la carrera que forjé. Me encantaría vender más discos, pero eso no me paraliza. Sigo teniendo propuestas interesantes.¿Sabés lo que significa que Dolina haya pensado en mí para su comedia musical?
-Un productor algo despistado quiere llamar a lo de Zenko y se comunica con Milone. O viceversa. ¿Qué responden?
CM: -Yo le digo equivocado y le corto. (Risas.)
JZ: -Yo escucho hasta el final, a ver qué ofrece. (Más risas)
-Alguien se vuelve loco y dice: quiero que la Milone sea la productora de los próximos discos de Julia. ¿Cuáles serían las indicaciones?
CM: -Jamás podría hacer ese trabajo, carezco de la mentalidad de la productora. Para serlo hay que saber engrupir al artista. Y yo defiendo a muerte lo que soy. Muy convencida, grabo lo que me gusta, si además vendo discos, fantástico. Pero sin dejar de ser lo que soy.
Con ustedes, las intérpretes
Nombre completo: Cecilia Milone
Edad: 31 años
Estado Civil: soltera
Debut artístico: el 29 de agosto de 1991 realizando el protagónico femenino de la comedia musical Drácula, de Pepito Cibrián y Angel Mahler.
Actividad actual: estrella musical invitada en la revista Lo que el turco se llevó y la difusión de su primer disco, Besos brujos.
Barrio en el que vive: San Telmo
Registro vocal: mezzosoprano
Mayor sueño de estos tiempos: "No me gusta soñar con cosas irrealizables. Siempre voy a lo concreto. Sueño con seguir teniendo trabajo, poder hacer teatro y, en especial, musicales. Y poder vivir todo con la misma pasión de hoy".
Julia Zenko
Nombre completo: Julia Nora Sara Trzenko
Edad: 42 años
Estado civil: "indefinido... no, no, poné casada".
Debut artístico: con el Grupo Amalgama, en 1978, y como jinglera (actividad en la que se desarrolló con éxito durante años) entonando con Valeria Lynch un comercial de una compañía aérea.
Actividad actual: cantante, productora de sus propios trabajos discográficos y presentaciones artísticas, madre.
Barrio en el que vive: Coghlan
Registro vocal: cuando era chica, contralto. Ahora mezzosoprano baja.
Mayor sueño de estos tiempos: "Seguir teniendo propuestas artísticas interesantes; aquí, por ejemplo, comedias musicales con temáticas locales, que me representen, y presentaciones en el exterior, que me permitan viajar y conocer otras realidades".
Compactas y radiantes
En algo sus estilos ofrecen fronteras comunes: guían, conducen desde sus voces, entienden (y por lo tanto permiten entender a sus oyentes) e interpretan lo suyo a nivel malenístico, o sea, como ninguna. De los quince números de su CD, la Milone (ya lleva el artículo previo al apellido como sello distintivo) le entra con desafío y encanto a tangos y boleros con la misma eficacia, afecto y sencillez. Son siete tangos, románticos clásicos y ocho boleros, con la salvedad de que el antiguo caballito de batalla de Libertad Lamarque, Besos brujos, surge en una versión muy moderna, entre el pop marchoso y la salsa. Es impecable cómo afronta Cada vez que me recuerdes y su paso por Nostalgias y Uno la hacen atravesar victoriosa pruebas tangueras más que difíciles. En Cuando tú no estás y Quisiera ser entra cómoda en el barrio del bolero.
Julia Zenko elige en Julia de Buenos Aires un programa para pasearse por el tango desde la fuerte, intrincada poesía de Horacio Ferrer con el respaldo sinfónico de Astor Piazzolla, comenzando por su creación que tanto aire le dio en los últimos años: el tema de la (¿por qué insistir diciéndole operita?) ópera María de Buenos Aires. Sus evoluciones alrededor de cantos bellos, pero difíciles, evidencian a una artista multiplicada en valiosas facetas y cualquiera de ella representativas del tango de hoy y de siempre, aunque ninguna de estas partituras tenga más de 35 años. Dos buenos discos para escuchar tangos, boleros, canciones melódicas bien nacidas y mejor renacidas en las voces enteras y renovadoras de Julia Zenko y Cecilia Milone.





